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El sexo en Estados Unidos

En 1964, cuando Sara Martín (éste no es su nombre verdadero) tenía 18 años y asistía a la universidad, tuvo que visitar a tres ginecólogos diferentes en su pequeño pueblo en Illinois para poder encontrar uno que le recetara la recién disponible píldora anticonceptiva, justamente a ella, una mujer soltera. “Esa pequeña píldora cambió la vida sexual de toda una generación”, nos dijo Sara. “Y, ciertamente, cambió la mía”, agregó.

Cuarenta años después, otra píldora ha vuelto a cambiar su vida sexual. Gracias al Viagra, desde hace dos décadas, su esposo y ella son capaces de disfrutar de una relación física apasionada, a pesar de una afección médica crónica que dificultaba el desempeño sexual de su compañero. “La píldora cambió mi forma de pensar cuando era joven porque me hizo sentir que tenía derecho a disfrutar del sexo sin temer al embarazo”, nos dice Sara, quien ahora trabaja como asesora de relaciones públicas en Chicago. “Los medicamentos que mi esposo toma actualmente demuestran que ni la edad ni las enfermedades significan el final del sexo. No se trata de tomar pastillas, sino de confirmar nuestras expectativas de que el sexo siempre debe ser una parte feliz e importante de nuestras vidas”.

La generación de la posguerra o “baby boomers” llegó a la madurez sexual, casualmente, en una época en que la moral sexual estaba experimentando cambios radicales. Y ahora, según un estudio de AARP sobre las actitudes y prácticas sexuales de los estadounidenses de 45 o más años, los “Boomers” que están ocasionando una segunda revolución sexual: una que cambiará para siempre la manera en que la gente piensa sobre el sexo y la vejez. Es una revolución del espíritu y de la actitud hacia la sexualidad en la madurez, pues su idea central es la suposición de que los problemas físicos relacionados con la edad y la salud deben recibir tratamiento y ser superados, en lugar de ser aceptados como parte de la vejez.

Hace seis años, esta revista comisionó el primer estudio nacional sobre sexo, que se centró en los estadounidenses maduros y de la tercera edad, un grupo mayormente ignorado en las investigaciones anteriores de este tipo, desde los famosos informes Kinsey, en los años cuarenta y cincuenta, hasta el trabajo de Masters y Johnson, a finales de los años sesenta y durante los años setenta. El más reciente estudio de AARP, que se llevó a cabo en 2004, encuestó a un grupo representativo de 1682 adultos de 45 o más años de edad, provenientes de todo el país, para determinar las actitudes y demás factores que afectan su sexualidad y su calidad de vida. Este segundo estudio, que marcó un hito dentro de esta área de investigaciones, muestra los puntos de vista y las revelaciones sinceras de las tres cuartas partes de los 78 millones de “Baby Boomers”, hombres y mujeres entre los 45 y 49 años de edad, así como de individuos de 60, 70, 80 o más años.

Entonces, ¿qué ha cambiado en los últimos seis años? Mucho. Por un lado, la proporción de hombres que han probado medicamentos, hormonas u otros tratamientos para aumentar la potencia masculina se ha duplicado desde 1999. Pero esto no resulta extraño si tenemos en cuenta la cantidad de recetas y otros remedios que existen en el mercado para combatir la disfunción eréctil. Lo que sí parece sorprendente es el aumento del placer que estos tratamientos masculinos provocan en sus compañeras, independientemente de sus edades. Este descubrimiento es un verdadero reto para aquellos que están convencidos de que las mujeres de edad avanzada no aceptan con mucho entusiasmo el renovado ardor de sus parejas. Otro titular: los “Baby Boomers”, a pesar de su famosa mentalidad abierta, desaprueban las relaciones extramatrimoniales, aproximadamente, en la misma proporción que los miembros de generaciones anteriores. Además coinciden con sus propios padres en que la cultura popular de hoy pone demasiado énfasis en el sexo.

Aún así, todavía perdura el espíritu de la actitud juvenil de la generación del “amor libre”. Los “boomers” están convencidos de que el sexo es para todas las edades, no sólo para los jóvenes. Y la gran mayoría, tanto de hombres como de mujeres entre 40 y 50 años, no ven por qué las personas solteras, divorciadas o viudas no puedan disfrutar del sexo. Por otra parte, la mitad de las mujeres de 70 o más años de edad, y el 37% de los hombres de ese mismo grupo no están de acuerdo con las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

La pequeña píldora que sí pudo

Cuando AARP llevó a cabo su primer estudio sobre la conducta sexual, en 1999, el Viagra llevaba en el mercado menos de un año, así que no es sorprendente que sólo el 5 por ciento de los hombres lo hubiera probado. Desde entonces, con la disponibilidad no sólo del Viagra, sino también de otros dos fármacos recientemente aprobados, Cialis y Levitra, así como de otros medicamentos para combatir la disfunción eréctil, la cantidad de hombres que han probado tratamientos para aumentar su potencia se ha duplicado: de un 10 a un 22 por ciento. Y la mayoría (68 por ciento) afirmó que los tratamientos han aumentado su satisfacción sexual.

Eso no es una sorpresa para Alfred Pariser, de 65 años, que trabaja como asesor administrativo en Rancho Mirage, California, y quien comenzó a tomar Viagra luego de someterse a una cirugía de cáncer prostático, hace nueve años. De hecho, Pariser estuvo en el primer grupo de 1500 hombres que tomaron el medicamento como parte de un ensayo clínico. “¿Por qué no tomar estos medicamentos?”, pregunta Pariser. “¿Por qué la gente se avergüenza de hablar de eso? Uno de los mitos más grandes es que los hombres solamente toman esos medicamentos para poder tener relaciones sexuales con mujeres jóvenes. Yo amo y deseo a mi esposa Cheryl. Y, ciertamente, no estaba preparado para dejar de hacer el amor a los 50”.

Pariser también se burla de la idea de que el sexo no tiene nada de romántico si, previamente, hay que tomar una pastilla. “Lo que realmente no tiene nada de romántico es no ser capaz de experimentar la intimidad sexual por el resto de la vida. Y me estaría pasando ahora, si esto me hubiera ocurrido hace 20 años”.Pero la mejor noticia es el placer que estas poderosas pastillitas y otros remedios les pueden proporcionan a las parejas femeninas de los hombres que suelen tomarlas. Mujeres de todas las edades han reportado que su propia satisfacción sexual aumentó con el uso de estos medicamentos en sus parejas. No solamente eso, sino que algunas señalaron que los diferentes medicamentos también aumentaron la frecuencia del sexo.

La doctora Jennifer Berman, destacada investigadora y directora de los departamentos de urología y medicina sexual femeninas en el Centro Médico “Rodeo Drive” de Beverly Hills, indica que el prejuicio de que “las mujeres mayores están felices de haber salido de la etapa del sexo” se basa en un estereotipo cultural que iguala el deseo y el atractivo sexual de las mujeres al cuerpo juvenil. “Veo mujeres de todas las edades que han perdido el deseo”, nos dice Berman. “Los motivos son complicados. Pero por cada mujer que me dice: ‘Mi esposo quiere sexo y a mí no me interesa’, hay otra que dice: ‘Yo quiero sexo y a mi esposo no le interesa’. Ésta puede ser tanto una mujer de 30 como de 70 años”.

La única cosa que los medicamentos destinados a aumentar la potencia no pueden hacer es crear el deseo. Este puede ser uno de los motivos por los que el 42 por ciento de los hombres que en el pasado han probado estos remedios han dejado de usarlos. Aproximadamente la mitad de los que abandonaron expresaron que los tratamientos, sencillamente, no funcionaban. El doctor Michael Kimmel, profesor de sociología en la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, y editor de la publicación Men and Masculinities [Los Hombres y la Masculinidad], señala otra de las razones por las que los medicamentos como el Viagra, Cialis y Levitra no funcionan para todos los hombres: No hacen mella en los problemas emocionales que pueden estar afectando el desempeño sexual. “Estos medicamentos sólo actúan sobre el cuerpo, no sobre la mente ni el corazón”, nos dijo.

Relaciones picantes

Para los hombres y mujeres de la generación de la posguerra, una vida sexual más atrevida, muchas veces, significa experimentar con actividades asociadas con lo prohibido. Los hombres y mujeres que participaron en el estudio de AARP fueron sinceros en cuanto a sus preferencias. El sexo telefónico con el cónyuge o pareja, en la intimidad, y el intercambio de notas o correos electrónicos eróticos son opciones que gozan de popularidad entre las personas de 45 a 49 años de edad. El 17por ciento de los hombres y el 18 por ciento de las mujeres de este grupo admitieron que les agradaban las conversaciones eróticas por vía telefónica. Y el 22 por ciento de los hombres y mujeres confesaron haber escrito notas eróticas o correos electrónicos de este tipo.

Otro hallazgo: Un poco más de una cuarta parte de los hombres, así como el 21 por ciento de las mujeres, en un grupo de personas de edades comprendidas entre los 45 y los 49 años, reconocieron haber realizado actos sexuales en lugares públicos, mientras que el 11por ciento tanto de hombres como de mujeres, en el grupo que comprende entre los 50 y 69 años de edad, también lo admitieron. Pocos de los incluidos en el grupo de los mayores de 70 años declararon haber tomado parte, alguna vez, en estas actividades.
Pero cuando se habla de actividades tales como el intercambio de parejas o swinging, y de cualquier otra forma de sexo extramarital, sin el consentimiento de la pareja, los valores de los Baby Boomers son tan tradicionales como los de sus padres. La mayoría (más del 95 por ciento) declaró que no harían este tipo de cosas. No existen contradicciones reales entre las actitudes más liberales de los Boomers acerca de la sexualidad y la adherencia del grupo a los ideales tradicionales de la fidelidad sexual. “Si tienes una relación extramarital”, nos dice Kimmel, “estás rompiendo tus votos matrimoniales. Pero hacer cosas diferentes con tu compañero en la intimidad puede ser una novedad bien recibida en la vida sexual de la pareja”.

Pero, ¿qué sucede si los individuos no tienen relaciones sexuales? Las mujeres, en particular, le están dando un significado nuevo a la frase “hágalo usted mismo”. Según el estudio de AARP, muchas (casi un tercio más que hace cinco años) admitieron haberse masturbado por lo menos una vez durante los últimos seis meses. Casi la mitad de las mujeres del grupo de 45 a 49 años de edad admitió hacerlo. Y el 20 por ciento de las mujeres de 70 años o más confesó que se masturbaba. Esta respuesta es, de todos modos, importante, si se quiere entender la conducta actual: la mayoría de las mujeres, incluso aquellas mayores de 70, admitió a AARP que la autoestimulación forma parte importante del placer sexual a cualquier edad.

Julia Cantwell (éste no es su nombre verdadero), una trabajadora social retirada de 75 años, que vive en Kansas City, Missouri, cree que es importante que las mujeres se sientan más cómodas con el acto de la masturbación “porque la vida de un ser sensual, que es capaz de experimentar el placer sexual, no tiene que terminar si no se cuenta con un hombre. Creo que las mujeres jóvenes están aprendiendo esto mucho más temprano que las de mi generación. Es un buen augurio para cuando ellas lleguen a mi edad”.

Para los hombres, sin embargo, la masturbación no parece ser algo de tanta importancia. Aproximadamente, 6 de cada 10 hombres mayores de 45 admitieron haberse masturbado, al menos una vez en los últimos 6 meses, y este porcentaje no ha sufrido cambios significativos desde nuestro último estudio en 1999. Otros hallazgos: Los hombres jóvenes se masturban con más frecuencia que los mayores. Y, como era de esperar, el porcentaje de hombres solteros (73 por ciento) que se masturban es mayor que el de los hombres casados (51por ciento).

La importancia del sexo

Mientras que la mayoría (56 por ciento) de las personas de 45 años o más están de acuerdo con que una relación sexual satisfactoria es importante para la calidad de vida, para otros no es lo más importante en la vida. El buen humor, la buena salud, las relaciones cercanas con amigos y familiares, la seguridad financiera, el bienestar espiritual y una buena relación de pareja están por encima de las relaciones sexuales satisfactorias.

No es entonces sorprendente que los hombres  valoren más el sexo que las mujeres: el 66 por ciento de los hombres, comparado con el 48 por ciento de las mujeres, dijo que el sexo satisfactorio es importante para la calidad de vida. Sin embargo, esta discrepancia entre los sexos cambia con el paso de los años. En el grupo de personas de edades comprendidas entre 45 y 49 años, los hombres y las mujeres le dan casi la misma (y mucha) importancia al sexo. Sin embargo, al llegar a los 60, la brecha entre los sexos se vuelve un abismo: el 62 por ciento de los hombres, contra el 27 por ciento de las mujeres, conceden gran prioridad a las relaciones sexuales satisfactorias.

Tales resultados pueden ser engañosos, discute Helen Gurley Brown, la legendaria ex editora de 83 años de la revista Cosmopolitan y autora del clásico de 1962, Sex and the Single Girl [El Sexo y la Chica Soltera], recientemente reeditado en rústica. “Hay tantas mujeres mayores que no tienen pareja...”, nos explica, “que es posible que estén tratando de verle el lado positivo a la vida al decir que el sexo no tiene tanta importancia para ellas”.

Sin embargo, tener una pareja no siempre garantiza la felicidad. Este estudio descubrió que, aproximadamente, un tercio de los hombres y mujeres que tienen pareja catalogaron sus vidas sexuales entre “aburrida” y “espantosa”. En realidad, no dijeron exactamente que estaban aburridos, pero marcaron la casilla “ni satisfechos ni insatisfechos”. Y esto significa que “usted, posiblemente, se aburre en la cama”, según el doctor John E. Morley, director de medicina geriátrica en la Universidad de St. Louis.

Hablando de cosas más positivas, la mayoría (63 por ceinto) de los hombres y mujeres que tienen pareja se describieron a sí mismos como “extremadamente satisfechos” o “bastante satisfechos” con sus vidas sexuales. Y, a fin de cuentas, parece que el hecho de tener una pareja sexual mediocre es mejor que no tener a nadie. De las personas que no tienen pareja sexual regular, casi el 40 por ciento de los hombres y el 15% de las mujeres ubicaron su vida sexual en lo último de la escala de satisfacción.

Nonie Prince, una profesora jubilada de secundaria de California, que se describe a sí misma “como de 50 a 75 años”, ama la vida. Pero ella, que camina casi 10 kilómetros cuatro veces a la semana, esquía y anda en bicicleta, dice que no le ha sido fácil encontrar un hombre mayor de 65 que no esté buscando “una enfermera con plata”. Como mujer afroamericana, ella quisiera una relación con un hombre negro, pero, a estas alturas, nos dice que “ha llegado al punto de que, si el hombre puede ver, tiene buenos dientes, oye, entiende y me escucha cuando hablo, no me importa su color de piel”. Añade con un poco de nostalgia: “¿Qué podemos hacer nosotras, las mujeres, para que los hombres se den cuenta de la ternura y el amor que las señoras mayores somos capaces de entregar?”

Romance verdadero

La ternura a la que Prince se refiere puede ser, en realidad, el mejor atractivo sexual de todos. Cuando se les pidió que describieran a sus parejas, tanto hombres como mujeres indicaron cualidades que van más allá del sexo. Las tres cuartas partes de aquéllos con parejas sexuales regulares dijeron que su compañero “me ama profundamente” y que “es mi mejor amigo”.

Algo que también puede resultar muy significativo es que, mientras más avanzada sea la edad de los hombres y mujeres, más probabilidades existen de que digan que sus parejas los hacen sentir importantes. “¿Por qué no puede ser cierto?”, pregunta la doctora Annette R. Lyons, una psicóloga de 75 años de edad residente en Nueva York, cuyo propio esposo ya cumplió los 90 años. “La persona a la que amas se vuelve más importante y preciosa para ti en la medida en que envejeces. Y parte de ese amor es el hecho de que se han sobrepasado las diferencias, incluyendo las diferentes cosas que los hombres y las mujeres necesitan para experimentar con plenitud las alegrías que puede brindar el sexo”.

Esta habilidad para negociar los problemas sexuales relacionados con la edad es, de hecho, la clave para todas las relaciones fuertes en general. “Cuando la gente dice que no puede tener sexo porque les duele la espalda, tienen artritis o cualquiera de las cosas que afectan nuestro cuerpo cuando envejecemos”, dice Helen Gurley Brown, “creo que, en realidad, están tratando de buscar una justificación para no tener sexo. Cuando de verdad uno quiere, uno se da cuenta de que hay muchas formas de expresar la sensualidad”.

Eso fue lo que Sara descubrió antes de que el Viagra restaurara la capacidad de su esposo para lograr la erección y el orgasmo. “Uno de los recuerdos que más aprecio”, nos dice, “es que, incluso cuando mi esposo no podía hacerme el amor, me abrazaba y besaba y me tocaba, de manera que me satisfacía sexualmente. No era algo que dependiera de él; dependía de nosotros dos. Y ahora me siento muy feliz de poder devolverle todo eso”.

La escritora neoyorquina Susan Jacoby también escribió nuestro artículo acerca del primer estudio sobre sexo de AARP, en 1999.

Publicado originalmente en la edición de AARP The Magazine de julio-agosto de 2005.

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