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Novia a los 74

"Mi único sueño era tener una boda¨, explica la ahora feliz esposa.

In English | Igual que la mayoría de las jovencitas nacidas en los años veinte, mi único sueño era tener una boda.

Miraba con ojos soñadores las fotos de las novias que llevaban largos trajes blancos, hijas de las familias pudientes, en la página de sociales que publicaba el diario local los domingos. Por lo general, una pareja comprometida iba en auto hasta la capital del condado, se dirigía al Palacio de Justicia, compraba su licencia matrimonial y se iba a buscar al juez de paz que quedara más cerca. Si querían que los casara el clérigo de su iglesia, le pedían una cita y se presentaban en su casa con un par de testigos como acompañantes.

Sin embargo, las jóvenes de mi generación querían todo lo que incluía una boda. Algunas fueron lo bastante afortunadas para tener una verdadera boda. Mi propia hija, June, tuvo una boda doble y llevó un traje rosado.

Luego, vinieron mis cuatro nietas. Esperaban blancas despedidas de soltera en su honor, trajes largos y esmoquins alquilados, en una iglesia con una recepción, y lo lograron. Fueron incontables las horas de trabajo para que todo saliera a la perfección.

Unos años más tarde, en 1999, cuando ya había enviudado dos veces, conocí a otro hombre. Igual que yo, era viudo por segunda vez. Cuando decidimos casarnos, nos dimos cuenta de que ninguno de los dos se había casado antes por la iglesia. Mi nieta Amy me llevó a buscar el traje de novia perfecto. Pero, quedé muy desilusionada cuando encontré que todos eran trajes para ''señoras mayores''. Insistió en que usara su traje de novia.

Caminé hasta el altar sujetando con fuerza el brazo de mi yerno, vestida con el traje de novia de mi nieta, en satén de color marfil pálido y cubierto de brocados, que llegaba hasta el piso, para reunirme con mi nuevo esposo. Empezó a llorar cuando me vio. Mi yerno, que es muy sentimental y ya había escoltado a sus tres hijas hasta el altar, también se emocionó y lloraba tanto que el pastor le preguntó si se sentía bien.

Créanme, esa larga caminata hasta el altar es tan emocionante para una novia de 74 años como para una tierna jovencita de 18.

La columna Lo que realmente sé (What I Really Know) del AARP Bulletin proviene de nuestros lectores. Todos los meses solicitamos a nuestros lectores que nos envíen ensayos personales breves acerca de un tema en particular y algunos de nuestros favoritos los publicamos en línea e impresos. Phyllis Howard es una lectora de Warsaw, Missouri.

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