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Nunca es tarde para estar ¡siempre listo!

Adultos mayores latinos encuentran nuevas oportunidades de voluntariado con los scouts.

Ana María Vázquez va de puerta en puerta con su nieta, Leslie, vendiendo las galletas de las niñas exploradoras: Thin Mints, Shortbread y Caramel deLites. También ha ido de excursión con Leslie y la ha ayudado a llevar a cabo la reunión semanal de su tropa.

“Mi hija no siempre tiene tiempo para participar en las actividades de las niñas exploradoras con mi nieta", cuenta Vázquez, de 60 años, que vive en Atlanta, Georgia y es originaria de Ciudad de México. "Me encanta estar con niños; en México era maestra de kínder. A las niñas les encanta ver cómo se involucran sus madres y abuelas porque necesitan sentir ese apoyo”.

Vea también: Entrevista a Anna Maria Chávez, directora ejecutiva de Girls Scouts of the USA.

Vázquez, que trabaja limpiando oficinas, forma parte del creciente número de abuelos que participan de las experiencias de sus nietos con los niños exploradores. También es parte del creciente número de hispanos que descubren las oportunidades que ofrecen los Scouts en términos de educación y participación comunitaria.

“La membresía hispana, que incluye a los adultos voluntarios y a las niñas que participan, ha aumentado enormemente”, explica Vanessa Faxas,asesora de mercados hispanos para las Girl Scouts, que trabaja en la ciudad de Nueva York.

Ese crecimiento es esencial para el fortalecimiento — e incluso la supervivencia — tanto de las Girl Scouts como de los Boy Scouts, cuya membresía general ha disminuido con el correr de los años.

En general, la membresía de las Girl Scouts se ha reducido en un 14 % desde el 2006, cuando había 2,7 millones de socias, según la organización. La organización de los Boy Scouts reconoce que su membresía cayó un 42 % desde su apogeo en 1973, cuando contaba con 4,8 millones de miembros. Sólo en la última década, el número de sus miembros ha caído más de un 16 %, a 2,8 millones.

Las razones clave de esta disminución son la economía, una reducción en las subvenciones a las grandes organizaciones sin fines de lucro y los cambios demográficos.

Este descenso — que ocurre mientras la población hispana continúa su constante crecimiento — alentó a las dos organizaciones a concentrar sus esfuerzos por atraer a los niños latinos y a sus familias.

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Las Girl Scouts redoblaron su alcance comunitario con la inclusión de campañas públicas bilingües. Produjeron material impreso en inglés y en español e incluyeron personajes latinos en sus libros.

La organización puso a muchas latinas, como Faxas, a cargo de varios aspectos de ese esfuerzo. Faxas es responsable del desarrollo y la implementación de estrategias de membresía y mercadeo hispano, con un enfoque en el reclutamiento y la retención de niñas latinas y voluntarios adultos. “Cada vez que tenemos un recurso en inglés para los voluntarios, también lo lanzamos en español”, explica Gladys Padro-Soler, directora de estrategias de membresía, en la ciudad de Nueva York. “No sólo es una concientización cultural para las niñas mismas, sino que queremos que ellas — y nuestras voluntarias — abran los libros y se vean reflejadas”.

Desde noviembre, también tienen un nuevo modelo a emular: Anna María Chávez, una abogada mexicano-estadounidense de Arizona, es la nueva directora ejecutiva de Girl Scouts of the USA. La experiencia de Chávez mientras crecía como niña exploradora le “cambió la vida”, cuenta. Sabe por experiencia propia que la mejor manera de hacer correr la voz acerca de las oportunidades educativas y de liderazgo que la organización ofrece a la comunidad es hacer que las familias participen.

El concepto del voluntariado es nuevo para muchos inmigrantes latinos, dice Padro-Soler, por lo que la organización promueve el voluntariado en términos del apoyo a sus hijos y nietos y, por extensión, a su comunidad.

Los esfuerzos están dando resultados.

Las Girl Scouts cuentan con un aumento del 55 % en la cantidad de niñas hispanas que se han unido a los concilios en los últimos diez años. Ahora representan alrededor del 12 % —o unas 300.000 niñas— de entre los 2,3 millones de niñas que conformaban las Girl Scouts en el 2010.

Y los adultos hispanos voluntarios han aumentado en un 44 %.

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“Hay un número creciente de abuelos que crían a sus nietos”, explica Faxas. “Muchos de estos hispanos son profesionales jubilados” con muchísimas habilidades que compartir.

“Para los abuelos, existen miles de maneras directas e indirectas de ayudar”, agrega Faxas. “Pueden ayudar en las reuniones de las tropas y en las excursiones”.

Y un beneficio adicional, añade, es que el voluntariado a menudo propicia el autodescubrimiento para los padres y los abuelos.

“Muchas son mujeres que nunca trabajaron fuera del hogar”, expresa Faxas. “Aunque quieren que sus hijas aspiren a ser personas extraordinarias en la sociedad, son ellas quienes terminan desarrollando sus propias habilidades de liderazgo”.

Creciendo con los Boy Scouts

José Niño, de 55 años, residente de Washington, D. C., es uno de esos abuelos que usan sus habilidades y anhelos para guiar a la próxima generación a través de su trabajo para los Boy Scouts.

Niño — que fue presidente y director ejecutivo de la U.S. Hispanic Chamber of Commerce (Cámara de Comercio Hispana de EE. UU.) entre 1990 y 1998 — no dejó pasar la oportunidad de ayudar a que la organización nacional de los Boy Scouts aumentara su membresía latina.

Niño, un explorador en su juventud, atribuye algunos de sus mejores recuerdos de infancia a su experiencia como tal.

“Crecí en Chicago, en una zona marginal. Me crié en el barrio. Allí los Boy Scouts no eran importantes. Tampoco llegaban a mi comunidad, teníamos que ir hacia ellos”.

Los Boy Scouts entraron en su vida por casualidad, cuando un líder que asistía a la misma iglesia que los padres de Niño invitó a los demás miembros a participar en la organización.

“Nos enseñó habilidades de liderazgo, nos ayudó a estar al aire libre y nos conectó con otros niños, dentro y fuera de nuestra comunidad”, dijo Niño acerca de lo que obtuvo de la organización. “Nos mostró distintas perspectivas, nos expuso a otras religiones y a otras culturas”.

Aunque no había muchos niños hispanos entre los exploradores, Niño se sintió acogido.

“Tuve muchos líderes no hispanos que me enseñaron a nadar, a acampar, a hacer muchas cosas que desconocía”, recuerda.

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Con la ayuda de Niño y otros latinos, la organización creó becas que ayudan a los latinos a financiar los campamentos. Lanzaron un programa de iniciativas hispanas con la intención de duplicar el número de niños exploradores latinos y, en el 2005, comenzaron el Soccer and Scouting, un programa diseñado para combinar las actividades de los Cub Scouts (exploradores cuya edad fluctúa entre los 7 y los 11 años) con el fútbol. El programa estaba destinado a jóvenes que los Scouts no atendían usualmente.

“En los primeros cinco años, desde que empezó el programa de fútbol, —comenta Niño— movilizamos a más de 120.000 niños desde ese programa a los Boy Scouts”.

A nivel personal, Niño está ansioso por compartir sus aventuras como explorador con su nieto, que tiene apenas 2 años.

“Disfruto al ver a mi nieto crecer en una familia —expresa Niño—. Espero con ansias ir a pescar e ir de campamento con él, enseñarle acerca de las actividades al aire libre, a través de los Boy Scouts”.

Vázquez, la abuela que vive en Georgia, dice que pocas cosas le alegran el día como la sonrisa de su nieta Leslie cuando comparten las actividades de las niñas exploradoras.

“Le encanta", dice Vázquez. "Se siente apoyada. Por eso animo a todos los abuelos y otros parientes mayores a que se involucren de alguna manera. Los niños necesitan nuestro apoyo”.

De interés: Abuelos con una misión. »

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