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Fallece Johnny Ventura, el merenguero mayor

El dominicano fue un innovador de la música tropical e incursionó en la política.

Maestro del merengue Johnny Ventura

John Parra

Johnny Ventura, maestro innovador del merengue dominicano y uno de los creadores fundamentales en la historia de la música tropical, ha fallecido a los 81 años.

En un comunicado de prensa, su familia dio a conocer su deceso a causa de un infarto en la Clínica Unión Médica en la ciudad de Santiago, República Dominicana, según indicó su hijo Jandy Ventura.

Sinónimo de la alegría y admirado por los impactantes conciertos que presentaba junto a su orquesta El Combo Show, Ventura fue mucho más ecléctico de lo que indicaría su reputación como merenguero mayor. Un conocedor intuitivo de ritmos afrocaribeños, este cantante y orquestador cultivó una amplia gama de géneros y estilos, destacándose particularmente —además del merengue— en la salsa tradicional y el bolero.


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Músico natural

Juan de Dios Ventura Soriano nació el 8 de marzo de 1940 en Santo Domingo. Inicialmente soñaba con ser un gran arquitecto, pero la falta de fondos para seguir esta carrera lo relevaron a un estudio más breve de secretariado comercial. En esta escuela se realizaban actividades culturales permanentemente y los compañeros de Johnny descubrieron su carisma natural y notable aptitud para cantar. En 1956 ganó un concurso radial y a partir de ahí decidió estudiar música formalmente, tomando clases de canto y saxofón. Empezó a colaborar con orquestas de la época y grabó por primera vez con la agrupación de Luis Pérez.

A principios de la década del 60 —época de esplendor y desarrollo de la música tropical— Ventura forma su legendario Combo Show y empieza a grabar una serie de extraordinarios LPs para sellos como Kubaney y Fonograma. Lejos de dedicarse exclusivamente al merengue, ofrecía un repertorio ecléctico, incluyendo una versión de “La bamba” en boogaloo, una lectura tropical de “Strangers in the Night” en inglés y español, además de mambos, sones, guarachas y hasta plenas puertorriqueñas.

Esos primeros discos se caracterizan por el delicado swing de sus arreglos, la brevedad de las canciones y la voz de Ventura: poderosa pero capaz de improvisar cadencias acarameladas. En paralelo a Joe Arroyo de Colombia y Oscar D’León de Venezuela, la cosmovisión musical de Ventura enfrentó al género afrocaribeño como un arco iris de ritmos y colores. Se destacó también por su habilidad para reconocer éxitos del cancionero colombiano e internacionalizarlos, incluyendo “La piragua”, “La hamaca grande” y “Patacón pisao”.

Johnny Ventura interpreta “Patacón pisao”


Si la década del 60 le permitió a Ventura establecer las bases de un sonido personal, durante los años 70 y 80 cosechó una serie de merecidos éxitos comerciales. En 1973 aprovechó la explosión salsosa de Nueva York para lanzar el LP Salsa!, dedicado a la memoria del cubano Beny Moré. En 1986, cuando el merengue tomaba fuerza a través del continente americano, graba uno de sus más grandes éxitos, una divertida versión de “Capullo y sorullo” de Bobby Capó.

“La presencia y el carisma de Johnny Ventura son únicos”, declaró el cantautor Juan Luis Guerra en el 2014. “Para mí fue un orgullo y un privilegio haber grabado un tema con él. Johnny es la primera figura del merengue en la República Dominicana”.

Protagonismo político y social

Además de su actividad musical, Ventura se interesó por la política desde joven. Muchos han trazado un paralelo entre la renovación del merengue realizada por el cantante y los nuevos aires que cambiaron a la sociedad dominicana luego del asesinato del dictador Rafael Trujillo en 1961. Partidario del Partido Revolucionario Dominicano, Ventura llegó a ser diputado durante los años 90 y también alcalde de Santo Domingo entre 1998 y el 2002.

Ventura estuvo casado tres veces y tuvo siete hijos, algunos de los cuales trabajaron junto a él como integrantes de su orquesta. En el 2008 decidió convertirse al cristianismo, mediante una ceremonia realizada en Nueva York, y posteriormente grabó canciones de temática religiosa. Además de vender millones de discos, ganó dos premios Latin Grammy, al mejor álbum de merengue/bachata en el 2004 por Sin desperdicio y por excelencia musical en el 2006. En 1984 había ganado el prestigioso Congo de Oro de Barranquilla.

“Creo que la longevidad de mi carrera se debe al buen cultivo de hábitos”, dijo Ventura durante una charla con AARP en español “He cultivado el hábito de crear cosas nuevas, sin miedo a tomar riesgos. Siempre busco algo nuevo, y encuentro la manera de sacarle partido. No le tengo miedo a la tecnología. Soy un viejo moderno”.

La popularidad acompañó a Ventura hasta el final de sus días. Pero es su extensa discografía —llena de joyas inesperadas y sabrosos experimentos tropicales— que mantendrá su legado vigente durante muchas décadas después de su partida.

 

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