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Recordando a Roberto Clemente

Una exposición rinde homenaje a la legendaria carrera del pelotero puertorriqueño y a sus esfuerzos humanitarios.

Retrato de Roberto Clemente de los Piratas de Pittsburgh antes del partido contra los Cardenales de San Luis en el Civic Center Busch Memorial Stadium en el 1968.

Neil Leifer /Sports Illustrated via Getty Images

In English | A Roberto Clemente lo llamaban “El Grande” porque era un superhéroe en el campo de béisbol y fuera de él, esforzándose siempre por ayudar a los enfermos y a los pobres hasta que perdió la vida en un trágico accidente de avión, a los 38 años. Ahora, sus compatriotas boricuas podrán conocer tanto al atleta estrella como al filántropo cuando se reabra el 1º de octubre una exposición sobre Clemente que se inauguró el año pasado, pero que se cerró en medio de la pandemia de COVID-19.

La exposición —que estará abierta hasta el 2023 en el Museo del Deporte de Puerto Rico, en la ciudad de Guaynabo— incluye decenas de objetos prestados por el Clemente Museum en Pittsburgh, donde Clemente jugó con los Pirates durante 18 temporadas. La colección incluye recuerdos, fotografías y documentos que recorren la legendaria carrera del astro puertorriqueño, alzado al Salón de la Fama en 1973, y sus igualmente legendarios esfuerzos humanitarios. 


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“Ha habido tantos eventos, exposiciones y celebraciones diferentes en honor a papá en todo el mundo”, dice su hijo Luis Clemente, de 55 años, desde su casa en San Juan, Puerto Rico. “Pero tener esto en Puerto Rico es mucho más significativo. Papá siempre estuvo muy orgulloso de ser puertorriqueño”.

El astro

Roberto Clemente es posiblemente la figura deportiva más importante de Puerto Rico. El jardinero derecho de los Pirates de Pittsburgh se convirtió en uno de los mejores jugadores de béisbol de todos los tiempos: acumuló 3,000 hits en su carrera, lideró la Liga Nacional en el bateo en cuatro ocasiones, ganó 12 premios Guante de Oro consecutivos, ganó el premio al Jugador Más Valioso, llegó al All-Star en 12 de sus 18 temporadas y ayudó a su equipo a derrotar a los Orioles de Baltimore en la Serie Mundial de 1971. Recibió póstumamente la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil de Estados Unidos, en el 2003, cuando el presidente George W. Bush se la entregó a Vera Clemente, su viuda.

“La exposición muestra la secuencia, año tras año, de su carrera, lo que hizo, lo que logró, cómo evolucionó hasta convertirse en una estrella”, dice su hermano mayor, Justino Clemente, de 93 años, quien vive en Carolina, Puerto Rico y asistió a la inauguración el año pasado. “Después de su accidente, no he estado en paz y siempre he pensado en cómo sucedió; pero ese día pensé en el tiempo que pasó en Estados Unidos y agradezco que hayan traído parte de su vida de vuelta aquí a Puerto Rico, me dio mucha felicidad”.

La exposición presenta una cronología de la vida de Roberto Clemente y ocupa unos 10,000 pies cuadrados, es decir, toda la primera planta del museo de dos pisos. Los visitantes ven primero una breve película introductoria en el teatro del museo y luego pasan a las exposiciones.

Entre los objetos se encuentran un Guante de Oro de 1966, un par de calcetines suyos, camisetas, uno de los bates que utilizó la noche en que consiguió su hit número 3,000, un mosaico de más de 100 fotos de Clemente, tarjetas de béisbol con su imagen que van desde 1955 hasta 1973 y fotos suyas a tamaño real. También hay fotos y objetos exclusivos de la exposición en Puerto Rico, incluidos artículos prestados por coleccionistas y tres pinturas de Clemente realizadas por artistas puertorriqueños, dice Edwin Hernández, director del Museo del Deporte.

El filántropo

Hernández dice que la exposición, que atrajo a unas 300 personas en las dos primeras noches de la gran inauguración del año pasado, dará a los visitantes una idea más clara de la influencia de Clemente en todo el mundo. Recordó cómo, durante un viaje a Nicaragua en el 2001, le impresionó el afecto y el respeto de la nación por Clemente.

Clemente y la nación centroamericana quedarían inextricablemente vinculados cuando el avión con destino a Nicaragua que transportaba suministros de ayuda para los sobrevivientes de un terremoto —una misión humanitaria dirigida por Clemente el 31 de diciembre de 1972— se estrelló frente a la costa de Puerto Rico poco después del despegue, cobrando la vida de todos a bordo.

Clemente había insistido en entregar la ayuda él mismo porque le preocupaba que personas malintencionadas en Nicaragua estaban robando los suministros de ayuda.

“Su nombre está en muchos lugares en Nicaragua”, dice Hernández. “Ahí fue donde comprendí realmente la magnitud de su importancia. Puso a Puerto Rico en el mapa mundial”.

Luis Clemente —que solo tenía seis años cuando murió su padre— recuerda a un activista y filántropo de gran corazón que luchaba contra el insomnio y visitaba a los enfermos en los hospitales por la noche para evitar la atención de la prensa; un padre que tocaba la armónica, era un ávido alfarero y siempre tenía un bate junto a su asiento favorito en la sala de estar (para poder ejercitar la muñeca). 

“La exposición está bien hecha, las personas van a aprender sobre la vida de papá, probablemente cosas que no aparecen en los libros”, dice. “Lo verán como un hombre de familia, como un jugador y como el filántropo que era. Papá era muy humilde, pero estaría orgulloso de ver todo lo que pudo lograr reunido en un solo lugar. Vivía tan deprisa, mamá siempre dijo que él le decía que sabía que iba a morir joven”.

El legado

Una sección adicional de la exposición, que no fue revelada en la inauguración inicial el año pasado, está dedicada a las iniciativas humanitarias y benéficas de la Fundación Roberto Clemente, fundada en 1993 por Roberto Clemente Jr., y a plasmar la historia de Vera Clemente, líder y filántropa por derecho propio. Vera Clemente, quien falleció en el 2019, fue presidenta de la fundación y también apoyó diligentemente a los Pirates y a la Liga Mayor de Béisbol en su rol de embajadora de buena voluntad.

“Era hora de honrar el legado de ambos”, dice su hijo Luis Clemente, quien es el presidente del programa de legado de Roberto Clemente: “No hemos dejado caer la pelota, seguimos trabajando en su legado y en todo en lo que él creía”.

En realidad, lo más importante para la familia es que los visitantes salgan con una conciencia que trascienda el béisbol y los logros de Clemente como atleta. Orlando Cepeda, de 83 años, un viejo amigo de Clemente y como él, exaltado al Salón de la Fama del Béisbol, está de acuerdo: “Roberto era un pelotero increíble, pero como hombre, como ser humano, era grande. Murió ayudando a otras personas, y eso es una señal de grandeza”.

La familia quiere que los puertorriqueños se sientan aún más orgullosos de su isla y que tomen los logros de Clemente, muchos de ellos contra grandes adversidades, como un testimonio de lo que ellos también son capaces.

Y, en particular, quieren que los visitantes, tanto niños como adultos, se sientan conmovidos por la importancia de ayudar a los demás y se inspiren para hacerlo también. Ya sea organizando clínicas de béisbol gratuitas para los jóvenes, sacando dinero de su propio bolsillo para ayudar a los más necesitados o luchando contra el racismo que encontró en Estados Unidos, Clemente trabajó activamente para ayudar a los menos afortunados y a los oprimidos.

“Por primera vez las personas podrán ver todo el espectro del legado de Roberto Clemente”, dice Luis Clemente. “Me gustaría que salieran del museo diciendo: ‘¡Guau! ¡Puedo hacer tanto bien en la vida e impactar a tantos otros con mis acciones!’. Tenemos que activar ese botón humanitario; todos nacemos con él”.

Elizabeth Llorente es periodista colaboradora que cubre temas de etnicidad, salud, cultura, asuntos internacionales y de interés humano. Ha fungido de reportera y editora de redacción en varias organizaciones regionales y nacionales, y su trabajo ha sido publicado en The New York Times, y las revistas Forbes y Emmy.

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