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¿Crearon un libro exitoso Bill Clinton y James Patterson?

El presidente y el narrador hablan sobre su nuevo libro, 'The President Is Missing'.

Bill Clinton y James Patterson sentados al lado de una luz de estudio de fotografía

MILLER MOBLEY

El presidente Bill Clinton y el escritor James Patterson colaboraron en una novela de suspenso repleta de acción, con una trama sacada directamente de los titulares de las noticias políticas.

In EnglishHace unos años, un periódico le preguntó al novelista y gigante del mundo editorial James Patterson a cuáles escritores le gustaría más conocer. Contestó que a James Joyce, Bill Clinton y Hunter S. Thompson.

En cuestión de semanas, los empleados de Clinton se comunicaron con él: el expresidente iba a estar en Florida, donde vive Patterson la mayoría del año. ¿Le gustaría a Patterson conocerlo? “Pasamos un par de horas en Boca Ratón”, recuerda Patterson. “Y, quiero decir, ¿a quién no le encantaría eso? Para mí fue la experiencia de toda una vida”. 

“Yo solo quería conocer a Jim”, dice Clinton. “Leo mucha ficción y un gran número de novelas de suspenso con temas políticos —y quiero decir, muchas—. Y me gustan las series, y por eso me encanta su serie sobre Alex Cross. Me encanta su serie sobre Michael Bennett, la idea de un policía irlandés con 10 hijos —este tipo de cosas son mi debilidad—”. 

En el 2016, cuando su amigo mutuo, el superagente Bob Barnett, sugirió que escribieran juntos un libro, ambos aprovecharon la oportunidad. Su novela de suspenso internacional, “The President Is Missing” (El presidente está desaparecido), se publicó el 4 de junio.

La esencia de esta novela muy comercial de 528 páginas y 128 capítulos es —revelación de la trama— un enorme ciberataque, llamado Oscurantismo, que está a punto de ser desencadenado por desconocidos contra Estados Unidos. El resultado sería catastrófico; cortaría toda nuestra electricidad, borraría todas las computadoras y suprimiría la riqueza de todos. Lo que sigue son cinco días atroces contra reloj, con un traidor de alto nivel, una asesina y todo tipo de batallas de palabras y balas, mientras el destino de un país pende de un hilo. ¿Puede el presidente Jonathan Duncan salvar a Estados Unidos? 

El libro complacerá a los entusiastas de ambos escritores y más. Repleto de acción y de los usuales callejones sin salida y pistas falsas típicos de Patterson, también conserva una cierta dignidad, con una voz presidencial de timbre estilo Clinton —sin importar cuánto ambos nieguen que su ficticio presidente Duncan se asemeja a nuestro 42.º comandante en jefe—. Por cierto, explicaciones estudiosas de los detalles de la piratería cibernética, la diplomacia internacional e incluso las lagunas de cobertura de Medicaid garantizan que los lectores notarán las manos de ambos escritores en la prosa.

William W. Horne, redactor ejecutivo de AARP The Magazine, se sentó hace poco con los escritores en la oficina del presidente Clinton en Upper Manhattan. Clinton y Patterson, ambos de 71 años, se mostraron amables y seguros de sí mismos, y la atmósfera fue optimista, hasta algo eufórica. El libro en esencia estaba listo y es de mucho interés actual: el día anterior a la entrevista, el presidente Trump designó a la primera mujer directora de la CIA, Gina Haspel; el día después, la administración Trump acusó a Rusia de piratería informática de nuestras centrales eléctricas y sistemas de electricidad. En la novela, los directores del FBI y de la CIA son mujeres. Además, cierta superpotencia interfiere con nuestras instalaciones de agua y otra infraestructura esencial.

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Prólogo

P: Primero, felicitaciones. Su libro me pareció una novela de suspenso inteligente y llena de giros inesperados —una lectura estupenda y muy contemporánea—.

Patterson: No tenga miedo de incluir eso directamente en el artículo. [Risas]. 

P: ¿Cómo funcionó el proceso colaborativo entre ustedes dos?

Clinton: Primero que nada, Jim es el mejor narrador en la historia. Así que no necesitó mi ayuda para contar un relato.

Patterson: El presidente es un gran narrador.

Clinton: Bueno, crecí en la última generación de políticos que nacieron sin televisores, y con familiares que eran muy inteligentes pero no tenían mucha educación formal. Todo mi entretenimiento era contar relatos. Pero Jim es bueno como nadie más. Así que fue su idea que el presidente estuviera en medio de una crisis. 

P: ¿Cómo dividieron el trabajo?

Patterson: Alternamos palabras: “el”, “hombre”. [Risas]. No, no pienso demasiado sobre quién hace qué —no lo sé y de verdad ni me importa—. El primer borrador fue como una historieta de suspenso. Si uno está escribiendo un libro sobre un presidente y solo es escritor, no sabe en verdad lo que pasa. Para mí, una de las cosas más valiosas fue que el presidente decía: “Eso no es correcto; en realidad funciona de esta manera”.

Clinton: Yo quería estar seguro de que acertábamos con los detalles. Él me dijo: “Tenemos que acertar con la arquitectura de la Casa Blanca; que la habitación sea la correcta, la vista la adecuada”. Los hechos importan. 

Patterson: Así que preparamos borradores; elaboramos varias secciones juntos; trabajamos en las investigaciones. Además, tuvimos ayuda de muchas personas con las investigaciones y parte de la redacción. Y continuamos trabajando para volverlo más y más real. Pienso que muchos van a leer esto y decir: “Es tan auténtico”.

Clinton: Él preguntaba: “Si fuera a desaparecerse del mapa por un tiempo [como lo hace el presidente Duncan], ¿cómo lo haría?”. Lo que estaba intentando hacer al final, una vez que toda la parte externa quedó bien, fue asegurarme de que la voz del presidente en el libro fuera como alguien serio, un verdadero presidente, analizaría y respondería a todas las porquerías que estaban pasando. Y tratamos de hacer que él fuera [realista], para que no se les olvide que el presidente es un ser humano —que ama a su hija, tiene una enfermedad y todo eso—.

P: Pero el libro, en general, es un poco más desapasionado que la habitual ficción para adultos de James Patterson. No hay romances tempestuosos...

Patterson: El sexo no desempeñó un papel. [Fue acerca] de cinco días increíblemente difíciles. El romance no tiene sentido y no lo necesitamos.

P: ¿Cuánto de Clinton hay en este libro?

Patterson: Duncan no es Clinton. Y obviamente, no es una autobiografía. Pero es lo que muchas personas quieren cuando leen una autobiografía. Quieren saber cómo es. Lo que tenemos entonces es cómo sería si algo así de grave sucediera: cinco días atroces en la vida de este ser humano de carne y hueso.  

La trama se pone más interesante

P: ¿Cómo decidieron usar un ciberataque que tuviera que ver con el presidente?

Clinton: Durante 20 años he sentido la preocupación de que siempre estaría medio paso a la zaga en esto de la guerra cibernética. En la situación actual, todo lo que se ha hablado en internet ha sido sobre lo político de quién piratea cibernéticamente cuáles correos electrónicos y todo eso. Temo que [las personas pensarán] que esta piratería, con lo pintoresco de las personas involucradas, como Chelsea Manning, son sucesos dramáticos que están muy distantes de ellos, que en verdad no impactan nuestra vida. Si las luces se apagan, sí habrá un impacto. Si uno en verdad piensa en las consecuencias de lo que podría hacer alguien que quisiera perjudicarnos, tiene que ver con mucho más que con las elecciones. Se trata de la manera en la que yo vivo, el futuro de mis hijos, todo.

Patterson: No estamos preparados para lo que es posible. Se me hace una de las amenazas más aterradoras que enfrentamos hoy en día.

Clinton: Otra de nuestras metas [era] recordarles a las personas que las campañas pueden ser teatro, pero que el trabajo es un verdadero trabajo. Y Jim dijo que quería ayudar a restablecer el respeto por la presidencia.

Patterson: Por 20, 30 años, la mayoría del material ficticio que se publicaba se burlaba de los presidentes —“Saturday Night Live”, “Scandal”— y luego está “House of Cards”, donde el presidente mata a unas personas. En teoría, burlarse de la presidencia estaría bien, excepto que eso es todo lo que nos llega. Así [que yo quería escribir] algo que les recuerde a las personas lo difícil que es este trabajo, lo estresante y lo importante que es. Este es un presidente sobre el cual todos debemos estar de acuerdo —él no es el presidente Clinton—. Ni siquiera sabemos a qué partido político pertenece. Nunca lo decimos...

Clinton: Para finales del libro, es bastante obvio.

Patterson: Pero sin importar su partido, este es un buen presidente, este es un ejemplo de un presidente con quien todos podríamos estar contentos, ya sea que nuestra ideología sea de derecha, izquierda, centro.

Bill Clinton y James Patterson sentados frente a una mesa.

DAVID BURNETT

Bill Clinton y James Patterson, colaboradores en “The President Is Missing”, fotografiados el 13 de septiembre del 2017.

¿Realidad o ficción?

P: La escena inicial es una brutal audiencia simulada de destitución a la que se somete al presidente. ¿Fue eso un fogonazo del pasado?

Clinton: No. Lo que [se saca de la escena sobre destitución] si uno es alguien que estudia la presidencia, es que tiene que prepararse para estos ataques contra usted. Y la manera en la que eso se desenlaza en el libro es bastante realista.

Patterson: Y es importante para el libro, para la narrativa, que capturemos la hostilidad que existe en Washington D.C.

Clinton: La política de la destrucción personal y la difamación ha sido bien recompensada por los votantes y es amada por las personas que le dan cobertura. Así es la realidad. Y también tenga en cuenta una diferencia fundamental. Las acusaciones hechas en el libro [que el presidente conspiró para salvarle la vida a uno de los terroristas más buscados], si fueran verdaderas, si lo fueran, serían un delito procesable. Esto es completamente distinto a lo mío. Así que intentamos que fuera lo más educativo posible, sin que dejara de ser entretenido.

Patterson: Pienso que este será uno de esos libros que muchas personas mantendrán en el estante donde guardan ciertas memorias, ciertas biografías, ciertas autobiografías, Harry Potter o lo que sea, “El código Da Vinci”, algunos de esos libros que, por alguna razón, captaron mucho su atención. Y es un pequeño pedazo de historia porque un presidente participó. 

P: En el cuarto capítulo, Duncan ya está hablando sobre la prohibición de armas de asalto, el aumento del salario mínimo y los créditos para los costos de matrícula. ¿No son esos sus propios asuntos pendientes?

Clinton: Sí. Pero también tenía sentido en el contexto del relato. Si uno está creando una situación donde hay un conflicto político en Washington D.C., tiene que ser, más o menos, algo que se parezca al mundo real. Y todo esto se escribió antes de Stoneman Douglas. Es decir, ha venido sucediendo —aquí tenemos un índice sumamente alto de tiroteos en masa—. Yo luché arduamente por la prohibición de armas de asalto, la cual le costó mucho a mi partido. Pero cualquier cosa que haya pasado durante el último año más o menos y que también esté en el libro, eso es pura coincidencia.

P: ¿Cuál es su verdura favorita?

Clinton: ¿Mi verdura favorita?

P: Sí, solo pregunto.

Clinton: La espinaca.

P: Está bien. Para el presidente Duncan en el libro, es el maíz, así que a lo mejor no es usted. 

Clinton: Yo sé.

Patterson: Sí, no es él.

Clinton: Me gustan la espinaca y las batatas o camotes. No siempre han sido mis verduras favoritas, pero desde que me volví vegetariano...

Patterson: Me gusta el maíz.

Desarrollar el personaje

P: En la novela hay muchas mujeres poderosas: la vicepresidenta, la jefa de gabinete, la directora del FBI, la asesina. ¿Cómo sucedió eso?

Clinton: Jim se merece casi todo el crédito. Cuando empezamos, ya había muchos personajes que eran mujeres. Luego intentamos moldearlas para que fueran distintas, para que no pareciera un cliché sino algo natural. Pienso que cuando alguien lea este libro, verá que una mujer llegó a ser directora del FBI —ya era tiempo— porque es realmente buena. Y además hay una directora de la CIA, quien es muy fuerte.

P: Y fue profético, dado el reciente nombramiento de una directora para la CIA.

Patterson: Nos adelantamos a nuestra época.

Clinton: De eso se trata... La idea de limpiar los lugares de trabajo y hacer todas estas cosas que hemos estado haciendo, pienso que es realmente un buen momento, algo bueno. Pero el objetivo final no es cuidar a las mujeres que son víctimas. El objetivo final es crear una sociedad donde las mujeres no son víctimas, más que los hombres, debido a su sexo. El objetivo final es fortalecer el potencial humano —y como la naturaleza humana es como es, si se fortalece el potencial de las personas, a veces no harán lo correcto, a veces sí lo harán—.

P: Me encanta la escena en la que el presidente entra al automóvil y no se puede acordar exactamente cómo conducir. [Risas].

Clinton: ¡No tiene idea de lo exacto que eso es! 

P: ¿Cuándo fue la última vez que usted condujo?

Patterson: Eso es exactamente lo que le pregunté.

Clinton: Le enseñé a conducir a mi hija hace un poco más de 20 años, en Camp David. Y conduje mi viejo Mustang en 1995, alrededor de la pista de Charlotte [Carolina del Norte], cuando tenían una gran convención nacional de los Mustang.

Patterson: Me llevó una vez en un carrito de golf. Definitivamente le hace falta práctica. 

Desenlace

P: A la larga, para simplificar, quienes se encuentran detrás del complot son una familia real saudita radicalizada y Rusia. ¿Son las peores amenazas o simplemente un blanco fácil como los malos?

Clinton: Es real. Y es interesante que tuvimos a los príncipes sauditas disidentes en el libro, mucho antes de que el verdadero príncipe heredero pusiera a todas esas personas en hoteles.

Patterson: Pero no es asunto de: “Ah, los rusos de nuevo”. Es este relato; en términos de su realidad, los rusos tienen sentido. Los israelíes tienen sentido como aliados, porque son tan buenos con la ciberseguridad.

P: El discurso del presidente Duncan al final es una especie de amplia receta a lo Clinton para Estados Unidos: reforma de inmigración pero con mejor seguridad fronteriza; leyes de seguridad de armas para prevenir las matanzas pero proteger el derecho a ser dueño de armas para la caza, el tiro deportivo y la autodefensa; un verdadero debate sobre cambio climático que encuentra las mejores ideas para disminuir la amenaza al mismo tiempo que se crean empleos. ¿Ese fue usted, Jim?

Patterson: ¡Yo no escribí eso!

Clinton: El peligro pasa y ahí se encuentran. ¿Qué debe hacer él? ¿Regresar directamente a la lucha por la supervivencia? O como presidente, ¿debería intentar encontrar alguna manera de aprovechar el momento o de sacarle partido a una época emotiva para el país?

P: Es un discurso muy presidencial.

Patterson: Hablamos mucho sobre ese discurso. Lo que yo realmente quería, cuando las personas leyeran esto, es que pensaran: “Este es un libro de Clinton y Patterson, no un libro de Patterson”.

Más preguntas y respuestas con Clinton y Patterson

Televisión para presidentes

Clinton: Vi “House of Cards”, pero me preocupa que cuando una persona se convierte en la figura central en un programa sobre política, para mantener el drama casi se tiene que reducir la humanidad y cualquier nobleza. Porque “Scandal” y “House of Cards” fueron tan apasionantes, pensé, Dios mío, [las personas] van a creer que así es como funciona, que podemos matar sin consecuencias.

Películas para presidentes

Por qué todos debemos ver “Black Panther”

Clinton: Es un éxito enorme porque es una gran película de acción —es como una película de alta tecnología del siglo XXII—, pero lo más importante es que es una fábula africana, una fábula transmitida verbalmente. 

Patterson: Lo que de verdad me llamó la atención de esa película —y no está en casi ninguna de las películas de Marvel— es que está repleta de modelos de conducta y que los personajes de la película parecen éticos.

Clinton: Es sobre cómo podrías ser tribal e inclusivo. Y me recordó mucho a [Nelson] Mandela. La lealtad de Mandela era hacia su tribu. Luego se convirtió en el dirigente de todas las tribus negras en Sudáfrica. Y después Mandela se convirtió en el dirigente de los blancos en Sudáfrica, ¿no?  Pero nunca renunció a su tribu. Regresó al pueblo donde creció, para morir. Es decir, fundamentalmente, ese es el desafío: ¿Cómo puede uno estar orgulloso de su tribu y tener un tribalismo inclusivo, en vez de separado? Eso es lo que sucede.

Mejor libro infantil

Clinton: Me gusta ese que hizo usted, “Big Words for Little Geniuses”.

Patterson: Sí, “Big Words for Little Geniuses” —mi esposa y yo lo escribimos—. Todos piensan que sus hijos son genios. Y hasta cierto punto, lo son, en el sentido de que siempre pueden sobrepasar lo que uno piensa que pueden hacer, así que la idea de un libro del alfabeto donde hay palabras como “catawampus” (un animal salvaje feroz e imaginario) [...] Pienso que los mejores libros que hago son los libros infantiles. Hay uno que se publicará en octubre. Los herederos de Albert Einstein se comunicaron conmigo. Querían hacer algo que verdaderamente mantendría a Einstein vivo con los niños pequeños y que fuera entretenido. Y me dieron el nombre Max Einstein —fue lo único que me dieron—. Y cuando les propuse los detalles del libro, dije: “Lo primero que quiero decirles sobre Max Einstein es que es una niña”. Y dijeron: “Nos encanta”. Y así es como debiera ser, porque todavía estamos evolucionando en términos de las mujeres en las ciencias y las matemáticas. Mi esperanza para este libro, e iré por todo el mundo con él, es que despertará el interés de los niños por las ciencias, que desmitificará las ciencias y las volverá entretenidas. Y hubo una época en la que la mitad de los científicos que uno conocía, decían: “¿Cómo se despertó su interés en esto?”. “Al leer ciencia ficción”. [Leer] es la manera de abrir cerebros.

Clinton: Las mujeres en mi familia hicieron tres libros infantiles el año pasado. Hillary hizo una versión para niños de “It Takes a Village”. Luego Chelsea escribió “She Persisted” y ahora acaba de escribir el segundo llamado “She Persisted Around the World”, con varias mujeres no estadounidenses. Me gustan los libros infantiles porque son interesantes para leer y reflejan algo bueno sobre la humanidad. Me encanta “Buenas noches, luna”. Di el discurso durante la ceremonia de graduación de escuela secundaria de Chelsea, y se basaba en “Buenas noches, luna”. Me gusta su libro sobre las palabras grandes.

Segunda carrera: de ejecutivo publicitario a magnate de los libros

P: En AARP, nos gustan mucho las segundas y terceras carreras, y usted es una especie de maestro de eso, Jim, al haber renunciado a una carrera muy exitosa en publicidad para escribir libros. ¿Qué consejos les daría a quienes consideran una segunda o tercera carrera como hizo usted?

Patterson: Pienso que es una combinación de “Sea valiente” y “Sea realista”. Es como una niña que quiere ser bailarina de ballet y pesa 200 libras. Todavía podría ser bailarina, puede encantarle el baile, pero que sea realista acerca de eso. Al mismo tiempo, sea valiente y no tenga miedo de probar cosas. Las personas temen hacer el ridículo. Es como el golf: “Ah, no quiero que nadie me vea dando un golpe malo”. ¿A quién le importa? Pienso que el realismo tiene que desempeñar un papel en eso; simplemente lo que es posible a cierta edad, las habilidades que uno tiene. Para entonces uno ya debería saber cuáles son sus habilidades. Y preguntarse: ¿Será este un empleo o un pasatiempo? Los pasatiempos también son buenos. 

Pasaje del libro: “The President Is Missing”

Augie, un ciberterrorista que se convirtió en aliado de Estados Unidos, informa al presidente Jonathan Duncan (quien habla en primera persona a continuación) y a un grupo de líderes mundiales sobre un posible ciberataque apodado Oscurantismo.

“El virus es en esencia lo que se llama un virus de sobreescritura”, dice Augie. “Borra —sobreescribe— todos los software en un dispositivo. Sus computadoras portátiles solo serán útiles para sujetar puertas, sus enrutadores como pisapapeles. Los servidores se borrarán. No tendrán servicio de internet, eso sin duda es verdad, pero sus dispositivos tampoco funcionarán”.

Oscurantismo.

“Y los archivos de copias de seguridad no ayudarán”, dice Dieter Kohl, [jefe de inteligencia de Alemania], negando con la cabeza. “Porque ustedes también los infectaron”.

“Por supuesto. El virus se subió a los archivos de copias de seguridad por el mero hecho de hacer copias de seguridad de los sistemas de manera habitual”.

“Son bombas de tiempo”, digo. “Han estado escondidas dentro de los dispositivos esperando el momento en que reciban un llamado para entrar en acción”.

Portada del libro The President Is Missing

“Sí”.

“Y ese día es hoy”.

“Denos una idea de… ”, dice Noya Baram, [primera ministra de Israel], masajeándose las sienes.

Augie comienza a pasearse de nuevo. “Los ascensores dejan de funcionar. Los escáneres de los supermercados. Los pases de tren y autobús. Los televisores. Los teléfonos. Los radios. Los semáforos. Los escáneres de las tarjetas de crédito. Los sistemas de alarma en los hogares. Las computadoras portátiles perderán todos sus software, todos los archivos, todo se borrará. Su computadora no será sino un teclado y una pantalla en blanco.

La electricidad se vería gravemente afectada. Lo cual significa refrigeradores. En algunos casos, calefacción. Agua —bueno, ya vimos el efecto en las plantas de purificación de agua—. En Estados Unidos, habrá muy rápido escasez de agua limpia.

Eso significa problemas de salud en escala masiva. ¿Quién cuidará a los enfermos? ¿Los hospitales? ¿Tendrán los recursos necesarios para tratarlo a usted? En la actualidad, los sistemas operativos en los quirófanos están muy computarizados. Y no tendrán acceso en línea a nada de su historia clínica.

La economía de este país se detendrá en seco. Sectores industriales completos que dependen exclusivamente de internet no tendrán manera de sobrevivir. Los demás se verán gravemente afectados. El impacto llevará inevitablemente a un desempleo masivo, una disminución enorme en la disponibilidad de crédito, una recesión del tipo que haría que su Depresión de la década de 1930 parezca como un contratiempo pasajero.

Estados Unidos será vulnerable a los ataques de maneras en las que nunca antes lo fue”, dice. “Sus defensas militares estarán a niveles del siglo XIX contra enemigos con capacidades del siglo XXI”.

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