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Priscilla López, deslumbrante

Tras cuatro décadas en Broadway, la versátil actriz sigue activa en el escenario.

El musical de Broadway In The Heights transcurre a ritmo de hip hop y salsa con energía contagiosa. Paseando su silueta delgada y esbelta por el escenario del teatro Richard Rodgers, Priscilla López participa en algunos diálogos y coros sin tomar protagonismo. Hasta que, a principios del segundo acto, exclama: “¡Carajo! I said enough!”

El público contiene la respiración como si hubiera recibido una sacudida eléctrica.

Se trata de su canción como solista Enough (Basta), cuando su personaje Camila Rosario pone fin a una discusión entre su esposo Kevin y su hija Nina.

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En ese contexto surge la jerarquía de López como ganadora del Tony y gran dama de Broadway por más de 40 años. Y también se expresa la mamá de dos hijos veinteañeros que, más de alguna vez, ha tenido que decir “basta” en su propio hogar.

“Camila básicamente soy yo”, dice López desde su hogar en Montclair, Nueva Jersey. “Soy una persona fuerte, me importan mucho mis hijos, tengo opiniones fuertes y me expreso con mucho vigor cuando lo creo necesario”.

Las coincidencias no acaban allí. Al igual que Camila, López disfruta de un matrimonio duradero; ha estado casada por 38 años con el músico Vincent Fanuele. “Es gracioso porque le dije a mi hija, ‘¿sabes? En esta obra hago de mi madre’, y ella me contestó: ‘¿Qué dices? ¡Haces de ti misma!’”, cuenta López entre risas.

A sus 62 años, López sigue con la misma determinación que tenía cuando el innovador musical A Chorus Line la lanzó al estrellato en 1976. En él, partió de sus propias vivencias como boricua de El Bronx para crear a la inolvidable Diana Morales, que se robaba la escena en canciones como la balada What I Did for Love. La experiencia tuvo su lado amargo cuando derivó en una batalla por los derechos legales sobre su personaje que no se resolvería hasta una década después. 

In The Heights — la obra creada por Lin-Manuel Miranda se desarrolla en el barrio latino de Washington Heights en el Alto Manhattan— es el onceavo espectáculo de López en Broadway, en el cual cumple con un agotador horario de ocho funciones por semana. Es una carrera que, además, requiere mantener una exigente rutina de clases de baile, de movimiento y canto, aparte de sesiones de masajes y acupuntura para aliviar el estrés muscular en las piernas. Así y todo, López dice que no lo cambiaría ni por un minuto.

Usted es la mayor de un elenco muy joven que canta y baila hip hop. ¿Cómo la tratan?

Yo ya estaba trabajando antes de que ninguno de ellos naciera, así que creo que soy alguien a quien ellos admiran y respetan. A la vez, yo soy una más del grupo. Puedo hacer tonterías y jugar, y mostrarles que puedes trabajar duro y pasarla bien al mismo tiempo. También es importante rodearte de jóvenes porque te mantienes joven, te ayuda a estar en contacto con el presente, así que funciona para todos: ellos me mantienen joven y yo los ayudo a ser sabios.

Siempre me ha parecido curioso que Olga Merediz interpreta en In The Heights un personaje (Abuela Claudia) mucho mayor que el suyo y, sin embargo, ella es unos 15 años más joven que usted.

Bueno, es la magia del teatro. El teatro es una ilusión, es lo que representamos.

Tampoco me la imagino a usted en el papel de Abuela Claudia.

Mmmmh… Supongo que podría hacerlo, pero todavía no. He sido abuela en el cine. Acabo de hacer una película que creo que saldrá en los próximos meses, se llama Miracle in Spanish Harlem, y ahí tengo nietos. Pero en este caso concreto no, no soy Abuela Claudia.

Pero imagino que usted está lista para ser Abuela Priscilla…

¡Abuela Priscilla, sí! Pero todavía no. Mis hijos no tienen hijos.

Cuando usted empezó, los únicos personajes puertorriqueños en Broadway estaban en West Side Story (Amor sin barreras). ¿Se sintió identificada con ellos?

¡Oh sí! Me encantó West Side Story. Alguna gente dice que es un retrato negativo de los puertorriqueños y, bueno, no fue el mejor pero yo soy feliz sólo de vernos retratados en algún lado, cantando y bailando tan maravillosamente. Una de las cosas que siempre recuerdo fue escuchar el disco en la sala de mi casa, con el álbum en mis manos, mirando la carátula con Carol Lawrence y Larry Kert. Y, cómo muchos años después trabajé con Kert en un montaje de Irma la Dulce en Los Ángeles, un día rompí a llorar en un ensayo porque pensé: ‘¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí! ¡Estoy haciendo lo que siempre quise!’ Es muy loco cuando sueñas con algo y lo consigues.

Lin-Manuel Miranda ha dicho que Diana Morales es el primer personaje puertorriqueño tridimensional en Broadway. El personaje que usted hizo famoso en A Chorus Line está basado en su propia vida. ¿Cómo fue que terminó vendiendo su historia por un dólar?

Bueno, ¡sabía que era un error! [risas]. No era tan tonta. Pero también estaba trabajando con Michael Bennett, que era mi ídolo, y el sueño de mi vida era tener un papel original en una obra coreografiada y dirigida por él, así que estaba muy feliz de ser parte del proyecto. Todo el asunto del dinero es una lástima. Claro que me hubiera gustado ganar lo que me correspondía, pero la verdad es que conseguí algo que no se puede pagar con dinero. Este personaje ha influenciado a muchísima gente, y no sólo latinos. Creo que no me di cuenta de su verdadero éxito hasta muchos años después. Ahora veo a estos chicos [de In The Heights] y pienso: ‘Oh, te gustó Diana Morales, te impresionó. Cuando viste la Z al final de mi nombre dijiste: Yo me llamo Martínez; yo también puedo hacer esto’. Pero entonces no tenía ni idea de que estaba arrojando un pétalo en el estanque y que la onda iba a crecer y crecer.

Usted ganó un Tony en 1980 por su papel de Harpo Marx en el musical A Day in Hollywood, A Night in the Ukraine. ¿Qué me puede contar de ese personaje?

Era un musical basado totalmente en Los Hermanos Marx, lo cual fue un regalo del cielo porque aquel verano se inventaron las videocaseteras, y mi marido y yo compramos una que debía ser más grande que mi cama [risas]. Estábamos en Los Ángeles, y había un festival con todas las películas de los Hermanos Marx, y decidimos comprarlas todas. Justo entonces sucedió que  [el coreógrafo, actor y dramaturgo] Tommy Tune estaba buscándome para un show sobre los Hermanos Marx. Yo le pregunté: ‘¿A quién quieres que haga, a Margaret Dumont?’ Y él me dijo, ‘No, a Harpo’. Y yo pensé: ‘¡Dios mío! OK’. Por suerte, gracias a los videos, conocía bien el trabajo físico de Harpo, y en un momento de la audición me disfracé de él con el sombrero, la peluca, la ropa… Entonces, hice un número completo de Harpo, y al final salté del escenario, corrí hacia la audiencia y me senté en la falda del escritor [risas]. La verdad es que me moría por sacar unas tijeras y cortarle la corbata. Hubiera sido demasiado, pero era algo que Harpo hubiera hecho.

Desde Nine en 1984 hasta Anna in the Tropics en 2004, usted hizo muchas obras de teatro pero ninguna en Broadway. ¿Hay alguna razón por esos 20 años de ausencia?

Eso fue porque yo quería ser actriz, y cuando estás en musicales no te consideran actriz, te consideran una intérprete musical. Una de las líneas que canté en A Chorus Line es ‘me moría por ser una actriz seria’, o sea que siempre tuve eso en mi cabeza… Y luego descubrí que era comediante (risas). Cuando empecé en los musicales, tú eras bailarina o cantante o actriz. Después, por motivos económicos, los elencos se fueron reduciendo, y ahora necesitan a gente que haga de todo. Yo hice de todo antes que todo el mundo lo hiciera. Cuando iba a los sitios y me preguntaban ‘¿bailas?’, yo decía ‘bueno, no, pero me sé mover’ (risas)…Después de ganar el Tony fue que dije: ‘OK, ahora voy a actuar’.

¿Alguna vez pensó dejar su carrera?

Nunca dije: ‘Al diablo, no voy a hacer esto nunca más’, pero alguna vez pensé: ‘¡Tiene que haber algo más que yo pueda hacer!’ [risas]. Según lo veo yo, seguiré trabajando mientras haya alguien dispuesto a contratarme. Me gusta trabajar. Me mantiene viva.

Aparte de entretener a la gente, ¿qué la entretiene a usted? Tengo entendido que es una fanática de los Yankees…

Ajá, es cierto. También me gusta trabajar en el jardín: podar árboles, arrancar yerba, estar con la naturaleza. Me gusta mirar algo de televisión, pero me siento siempre tan ocupada que en realidad lo que más me gusta es sentarme al sol en un día bonito de otoño… y estar en silencio.

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