Javascript is not enabled.

Javascript must be enabled to use this site. Please enable Javascript in your browser and try again.

Escultor Richard Serra, Hombre de Acero – AARP Everywhere Everywhere Everywhere VIVA Skip to content
 

Richard Serra – Hombre de Acero

El escultor Richard Serra recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2010.

In English | Cuando se anunció al ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2010, el periódico El País expresó que, en ese momento, “la historia de amor entre Richard Serra (San Francisco, 1939) y España culminó”.

Serra, un escultor de renombre mundial nacido en Estados Unidos, ya había desarrollado una fuerte relación con el país natal de su padre. “Siento una conexión… con la tradición española; de Picasso a Oteiza, de Velázquez a Zubarán”, dice el artista de 70 años, quien tiene programado recibir el galardón el 22 de octubre de 2010, en una ceremonia en Oviedo, España.

Y España le tiene un afecto particular, habiendo conferido al escultor otros tres premios importantes desde 2005. Sus enormes esculturas de acero COR-TEN laminado son altísimas en comparación a otras obras de arte en los principales museos españoles y conforman el núcleo del Museo Guggenheim de Bilbao. Hasta ahora, sin embargo, el Premio Príncipe de Asturias había eludido a Serra, quien fue candidato a recibirlo cuatro veces.

<p>Los paneles metálicos retorcidos, ondulados y verticales de Serra están hechos para ser observados de adentro y de afuera, y no para ser vistos desde un único punto de vista.</p>

En años recientes, las exhibiciones de Serra han atraído a multitudes hacia museos de todo el mundo, incluyendo el Museo de Arte Moderno en Nueva York y el Grand Palais de Paris. El premio no sorprende a Carmen Giménez, conservadora de objetos de arte del siglo XX para los museos Guggenheim de todo el mundo. “Para mí, es el mejor escultor del mundo”, dice. “Es el número uno”.

Los paneles metálicos retorcidos, ondulados y verticales de Serra están hechos para ser observados de adentro y de afuera, y no para ser vistos desde un único punto de vista. A diferencia de otro tipo de arte moderno, los que observan el trabajo de Serra son forzados a considerar su propio espacio y papel en las esculturas, dice Giménez.

El escultor reflexiona acerca de la manera en que su trabajo fue influenciado por su niñez en California, cuando podía hablar español —un idioma que dice haber perdido después—. “Fui criado en un área extensa de dunas de arena próxima al mar”, dice, “que determinó la forma en que interpreté mi definición personal del espacio”.

También relata su primer vistazo a Las Meninas, de Diego Velázquez (siglo XVII), en el Museo Nacional del Prado de Madrid en los años 60. “Observé la pintura durante mucho tiempo antes de sentir que yo era una extensión de la misma”, dijo Serra al periódico The Guardian de Londres, en 2008. “En mi trabajo posterior… la experiencia [del observador] se convierte en el contenido… A eso me he dedicado desde ese momento”.

Serra visitó España en 1965-66, a raíz de la beca Fulbright que obtuvo luego de un postgrado en la Yale School of Art and Architecture y de sus estudios universitarios en la University of California, Berkeley y la University of California, Santa Bárbara. A fines de los 60, llegó a la ciudad de Nueva York, junto con algunos compañeros de clase de Yale, como el artista Chuck Close. Serra fue influido por los minimalistas que crearon áridas instalaciones de ladrillo y otros objetos industriales.

El artista cuenta que escribió “una lista de verbos transitivos para ser representados con varios materiales en relación con el espacio: levantar, enrollar, doblar, cortar, torcer, etc.” Por ejemplo, trozos de goma se mantuvieron en posición militar en su obra titulada To Lift. Usó otros materiales industriales, como plomo líquido, plomo desgarrado, tubos de neón y placas de acero, para crear otras piezas. Éstas, dice Serra, “fueron las precursoras de lo que se conocería como ‘arte procesal’”.

Los trabajos del escultor finalmente crecieron tanto que ya no podía formar parte del arte procesal, dice Douglas Crimp, un crítico y profesor de historia del arte en la University of Rochester. La obra Five Elevations de Serra, una serie de placas de acero creadas entre 1972 y 1974, alcanzaban los ocho pies de alto y 10 de ancho. Las placas tuvieron que ser construidas en fábricas.

Mark Rosenthal, un conservador de arte independiente, explica: “el arte procesal es mucho más que algo hecho a mano. No se lo puede imaginar haciendo estas cosas a mano ahora. Las obras son excesivamente grandes”.

Las esculturas gigantes le han aportado a Serra mucha atención de la prensa: alguna, bizarra; otra, negativa. En el 2006, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía admitió haber perdido una escultura de 38 toneladas titulada Equal-Parallel/Guérnica-Bengasi. El trabajo hacía referencia a la famosa obra Guérnica de Picasso y al bombardeo estadounidense de un puerto libio en 1986. Expuesto hasta 1990, fue llevado a un depósito y luego no pudo ser encontrado. Serra aceptó recrear la pieza para el museo.

“Fue cortés con lo sucedido y prácticamente le restó importancia”, dice Mercedes Gallego, corresponsal en Nueva York para el periódico El Correo de Bilbao. Esa respuesta, dice, le granjeó el cariño de sus admiradores españoles.

Pero unos años antes, no fue tan amable cuando, públicamente y sin éxito, se opuso a la destrucción de su obra de 120 pies de largo titulada Tilted Arc, instalada en la plaza de un edificio federal en el bajo Manhattan en 1981. Un año más tarde, un debate similar se produjo en St. Louis, Misuri, cuando unos funcionarios electos consideraron la obra de Serra Twain como nada más que un juntadero de óxido; pero la pieza permaneció, a pesar de los pedidos que se  removiera.

Las controversias de Serra, dice Crimp, “han hecho posible que hubiese más debate sobre las instalaciones públicas”. El conservador de arte Rosenthal agrega que estas controversias han alentado a escultores de todas las etnias y nacionalidades a construir trabajos a gran escala.

A pesar del debate que ha despertado, el foco de Serra permanece con su público, al que ve como participante de cada obra. Le dijo al periodista televisivo Charlie Rose en 2007 que los visitantes “pueden caminar a través y alrededor” de sus esculturas. “Uno no tiene que conocer sobre historia del arte”.

Su arte, dice Serra, “cumple una función sin tener un fin utilitario. Hace del observador el sujeto de su propia experiencia”.

¿Qué opinas?

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.

LEE ESTE ARTÍCULO