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El artista puertorriqueño Gilberto Santa Rosa habla de su nuevo disco <i>Irrepetible</i> y de la campaña contra la diabetes. Skip to content

Mira el video: Este viernes participaron en los foros de AARP desde Iowa los candidatos presidenciales Beto O'Rourke, Elizabeth Warren, Marianne Williamson y Andrew Yang.

 

Lo mejor de dos mundos

El perenne romántico de la salsa, busca su quinto Grammy.

No en vano lo llaman “El Caballero de la Salsa”. A los 48 años de edad, Gilberto Santa Rosa es el máximo representante de la elegancia que define a la salsa puertorriqueña.

Cálido, abierto, sincero, nos regala su distintiva sonrisa al hablarnos de su más reciente producción, Irrepetible, indudablemente entre sus mejores discos. Es una compilación que incluye dúos con Rubén Blades, la joven cantautora puertorriqueña Kany García y el grupo venezolano Guaco, entre otros, y que ha sido nominada para un Latin Grammy —cuya ceremonia de entrega está programada para el 11 de noviembre en Las Vegas— en la categoría de Mejor Disco de Salsa.

No es la primera vez. Tiene a su haber un Grammy y tres premios Latin Grammy, y a lo largo de su trayectoria musical cuenta con otras nominaciones al codiciado premio.

Más allá de su propia carrera, Santa Rosa —a quien sus fans cariñosamente llaman Gilbertito— ha dedicado su energía a varias causas. Rescató el legado artístico de Tito Rodríguez al comprar los archivos de su programa televisivo, con miras de editarlos en DVD algún día. También ha actuado como portavoz en campañas de concientización sobre la diabetes y el abuso doméstico de las mujeres.

Santa Rosa habló con AARP en español sobre su legado musical, su afición por el baile y su nominación al Latin Grammy.

Lo que más me impresiona de Irrepetible es el esmero que le dedicó a cada una de las canciones. Escuchar el disco es como caminar en una exposición de arte, viendo una pintura tras otra.

Gracias por decir eso. ¡Misión cumplida, entonces! En mis discos siempre intento que cada arreglo, cada nota que se toca, tenga un propósito. Mi objetivo es conseguir la mayor diversidad posible dentro de mi género. En realidad, hay que darle el mérito a quien lo merece. Yo elijo las canciones, pero la meticulosidad de la producción se debe a mi productor, José Lugo.

Su dúo con Rubén Blades en el tema Me Cambiaron Las Preguntas es, quizás, la canción latina más contestataria y política del año. Me refiero a soneos como “están construyendo un muro contra el indocumentado/y para la mano de obra ilegales contrataron” [risas].

Para mí fue un desahogo personal. Siempre he sido cuidadoso de no grabar canciones de contenido social. Yo no soy un cantante de línea política. No porque no tenga mis preocupaciones, pero más bien porque me gusta cantar música romántica. Pero en esta ocasión, yo tenía una preocupación genuina de decir algunas cosas sobre el estado del mundo actual. No pretendo decirle a la gente que tengo la razón en todo. Pero hay personas que tienen lo que yo llamo “las ideas flotantes”. Hay que llamarles la atención con algunos conceptos para que digan: “caramba, es verdad”.  

¿Por qué buscó a Blades para interpretar esta canción, que compuso usted?

Busqué a una autoridad como Rubén Blades para que mi propuesta fuera tomada un poco más en serio. Viajé a Nueva York para grabar el dúo, y muchas de nuestras inspiraciones no fueron incluidas en la versión final del tema. Nos divertimos muchísimo grabando.

Su música logra balancear la sensibilidad de la salsa romántica y el swing implacable de la salsa de antaño. Esta combinación no es fácil. ¿Es intencional?

Sin querer adular ni sobornarlo, quiero decirle que tiene toda la razón [risas]. Eso es exactamente lo que yo soy: un cantante que se crió y formó en la salsa tradicional, y un buen día descubrió la necesidad de actualizar el sonido y su afición por la canción romántica. Me gusta caminar entre esas dos escuelas.

¿Qué le significa estar nominado una vez más al Latin Grammy?

Pertenezco a un género en el que hay muchos artistas buenos. Que tomen en cuenta mi trabajo es un gran honor. De paso me ayuda a reconocer la labor de toda la gente que participó en el disco y no aparece en la carátula: arreglistas, compositores, técnicos. Mi única queja hacia los Latin Grammy es que no entiendo por qué la música tropical no aparece nunca en la categoría de mejor disco del año. Hemos tenido discos importantes en este género.

Recientemente participó en una campaña de la Asociación Americana de la Diabetes. ¿Cómo surgió esta colaboración?

Me sentí muy cómodo realizando esta campaña. Hace unos cinco años fui diagnosticado con diabetes tipo 2. Entonces me llegó una invitación formal para ser portavoz de la Asociación Americana de la Diabetes. Es importante decirle a la gente que se informe sobre su condición, porque hay muchos mitos asociados con la diabetes. Por ser algo tan común entre los latinos, a veces la subestimamos, y en otras ocasiones, tenemos unos miedos absurdos porque no conocemos la verdad sobre el tema. De la misma manera en que participé anteriormente en una campaña contra el abuso de las mujeres, en este caso intentamos llevarle a la gente un mensaje muy sencillo: “Tú sabes que soy diabético también, igual que tú. Infórmate, cuídate, y yo haré lo propio para que pueda cantar, y tú puedas disfrutar de mi música por muchos años más”.

Me imagino que al ser diabético, debe tomar precauciones al respecto cuando sale de gira.

Depende de los lugares. Y aquí justamente entra la parte de estar informado sobre el tema. Si uno se va informando, empiezas a modificar tus planes y aprendes a defenderte. Pero al principio fue difícil. No sabes adónde vas, qué va a pasar, qué tienen disponible y qué no. En el caso mío, como yo todavía no estoy inyectándome insulina, no tengo los problemas propios de un paciente de insulina.

Lo más importante es aprender a comer de acuerdo a horarios preestablecidos. El tema de los horarios puede ser bastante traicionero en este negocio.

Todos sabemos que usted es un gran cantante. Pero cuando toma el escenario es evidente también su habilidad para el baile. ¿Cómo aprendió a bailar tan bien?

Cuando llegué a Nueva York, a los 15 años, frecuentaba un club que se llamaba El Corso. Allí bailaban muchos de los antiguos bailadores del legendario Palladium. Los domingos a la tarde, me iba a aprender, bailando con señoras mayores. Luego regresé a Puerto Rico y empecé a cantar con una orquesta. Uno de sus cantantes era un gran bailarín, y me enseñó algunos pasos. Me gusta mucho el baile de salsa, que no es otra cosa que el mambo, el son y todos esos géneros cubanos.

Y su público baila con usted…

En concierto, he visto a la gente bailar mi música con la misma intensidad con la que bailaba cuando yo cantaba con las orquestas propias de la salsa dura, como la de Willie Rosario — pero también demostrando un interés genuino por lo que se canta. Pienso que en mi música tengo lo mejor de los dos mundos.

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