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<i>Gire a la derecha en Machu Picchu</i>

Un editor de revistas de Nueva York imita a Indiana Jones en los Andes peruanos.

Las ruinas de Machu Picchu, Cuzco, Perú, Latinoamérica

Foto por: Getty Images

Machu Picchu, una ciudad de la civilización Inca.

In English | El 24 de julio de 1911, un profesor de historia de Yale University llamado Hiram Bingham se despertó temprano en la mañana y, acompañado por su guía peruano, emprendió un extenuante ascenso de la cordillera de los Andes. Bingham, de 35 años, había crecido escalando los picos y nadando entre las olas de su Hawái natal, para, más adelante, marchar por los escabrosos Apalaches de Nueva Inglaterra, su hogar adoptivo. Estaba en excelente condición física, pero admitió sentirse intimidado por la casi vertical pendiente de roca a la que lo llevaba su guía. La gente del lugar la llamaba Machu Picchu —“montaña vieja”, en la lengua quechua—.

Vea también: Literatura.

Bingham alcanzó la cima, donde contempló un extenso complejo formado por edificios de piedra deshabitados y plazas que abrazan un estrecho istmo formado por cumbres de montañas con picos escarpados a ambos lados, una fortaleza oculta que Bingham, con la ingenuidad mercantilista yanqui, llamaría “la capital perdida de los Incas”. Esa afirmación le trajo fama (la gobernación de Connecticut, una banca en el Senado de EE. UU.) y fortuna (un exitoso libro que tituló Lost City of the Incas (La ciudad perdida de los Incas) ). Dejando de lado el hecho de que sus pares en el Senado lo censuraran por tejemanejes financieros o lo acusaran de violar las leyes peruanas sobre las antigüedades, Bingham (hoy ampliamente aceptado como el modelo que inspiró el personaje Indiana Jones), fue un reconocido héroe en su momento.

El cosmopolita Mark Adams, editor colaborador de la revista National Geographic Adventure, resulta ser un narrador menos intrépido en su no menos valiente relato de aventuras Turn Right at Machu Picchu (Gire a la derecha en Machu Picchu). A pesar de que el autor de 41 años no había dormido en una carpa desde 1978 (un tipi comprado en una tienda por departamentos que armó en el patio trasero de su casa suburbana), Adams añoraba un poco de diversión al aire libre, después de haber pasado años “escribiendo en una computadora en Nueva York y enviando redactores en misiones al Kilimanjaro y Katmandú”. Había llegado el momento de vivir su propia aventura y, tal vez, la oportunidad de ventilar algunos detalles del complejo y moralmente cuestionado Bingham, con la posibilidad de que uno se regodee al ver al “heroico aventurero expuesto como un vil fraude”.

Turn Right at Machu Picchu by Mark Adams

Machu Picchu, por supuesto, no es como vivir en un tipi en el patio trasero, especialmente si planea escalarlo por la ruta original de Bingham. Primero está el largo ascenso, hasta alcanzar los 7.970 pies de altura; luego, el largo descenso, tan difícil como el ascenso. Y en ambas direcciones deberá lidiar con barrancos con precipicios cruzados por puentes de tierra compactada con pasamanos inestables y funestos carteles de advertencia, aunque “la mayoría de los carteles y pasamanos habían rodado por las laderas” para cuando el autor los alcanzó.

Como conocía la zona —su esposa es peruana—, Adams fue sensato y buscó ayuda desde el principio. La encontró en un temerario guía australiano de 58 años llamado John Leivers y en un equipo de apoyo andino. Juntos se aseguraron de que Adams no tuviera dificultad alguna en las laderas, le dieron tiempo para reflexionar sobre la majestuosidad y la locura de su emprendimiento (y el de Bingham antes que él).

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Mal de alturas, no. Pero hay horribles ampollas que hay que combatir y siempre está el riesgo de sucumbir ante la barriga del viajero, o (hablando seriamente ahora) de caer en algún cañón sin fin. A pesar de no haber estado nunca a semejantes alturas y en un entorno tan traicionero, Adams se desenvuelve bien en la senda —sobrevivió para narrar su historia, después de todo— y hace un meritorio trabajo al entremezclar los relatos de Bingham con los suyos mientras escala entre las nubes.

En lo alto de Machu Picchu, esa gran y antigua fortaleza en lo alto del cielo, el autor experimenta la necesaria, aunque genuina, epifanía. El oxígeno puede escasear en ese lugar, pero la ironía parece ser generosa, mientras Adams bromea con el “interminable desfile de excéntricos de la Nueva Era” que habían arribado mucho antes que él al lugar (y que aún hoy generan una demanda incesante de paquetes turísticos cósmicos).

El campeón mundial indiscutido de las aventuras narrativas atribuladas —y tontas— es Redmond O’Hanlon, cuyo Into the Heart of Borneo (En el corazón de Borneo) podría ser el libro de viajes más gracioso que se haya escrito. Adams podría usar un poco más del sentido de lo sublimemente absurdo de O’Hanlon, como así también su sencillez en una oración. Dicho esto, Turn Right at Machu Picchu (Gire a la derecha en Machu Picchu) es un enfoque agradablemente indirecto de los relatos de viajes, que se han transformado en una industria menor de los grandes libros de aventuras cuyos autores, por alguna razón, nunca se preocupan por reconocer a los sherpa y a los Passepartout que les allanan el camino a través de los enredos tanto geológicos como burocráticos.

No tan Mark Adams: Agradeciendo y reconociendo los méritos a quien corresponda, pinta un retrato vívido de un lugar que Hiram Bingham casi literalmente colocó en el mapa. Adams finalmente consiguió su aventura. Compartirla con él resulta un placer.

Gregory McNamee, autor de Aelian’s On the Nature of Animals y otros libros, ha escalado muchos picos más bajos en los Alpes y en las Montañas Rocosas.

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