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Los boleros… volvieron

Los maestros del jazz D’Rivera, Simon, Granados y otros rinden tributo al bolero de sus padres.

La vuelta de los boleros

Paquito D'Rivera: Brad Barket / Getty Images; Ilustración John Ritter.

In English| La leyenda del jazz latino Paquito D’Rivera dice que difícilmente podría imaginarse escuchando boleros al mediodía.

Claro que uno puede escuchar un disco en cualquier momento del día, admite el virtuoso saxofonista y clarinetista, ganador de 10 premios Grammy. Pero es bajo las estrellas, con la luna reflejándose en las olas y las palmeras, que esta suave balada romántica evoca mejor la magia que mantuvo a los latinoamericanos embelesados durante generaciones. “Es como el bossa nova y el filin”, dice D’Rivera, refiriéndose a los sonidos estilo samba en Brasil y a un estilo de música cubana con raíces en el blues y el jazz estadounidense. “Es música para la noche, para disfrutar cerca del mar”.

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También es una música que podría estar resurgiendo en todo Estados Unidos. Un grupo de renombrados artistas ha desempolvado algunas de las baladas más preciadas de la era del bolero y han mezclado sus apasionados ritmos con los sonidos progresivos del jazz para crear el Proyecto Bolero, una  iniciativa financiada por los propios fanáticos encabezada por el pianista Edward Simon y el cantante/percusionista Leonardo Granados como un tributo de la nueva generación a sus padres.

D’Rivera se encuentra entre ellos. Mejor conocido por sus aclamados conjuntos de jazz latino, D’Rivera aceptó la invitación de Simon para participar como artista invitado en el Proyecto Bolero. Como ex pianista de D’Rivera, los dos no sólo compartieron una relación de trabajo muy estrecha,sino que además D’Rivera tiene una eterna afinidad con este género.

“Yo soy un hombre de boleros”, dice D’Rivera, que creció y aprendió música en Cuba, la sede central del bolero en el apogeo del género. “Me encanta el sonido de los viejos tríos, con dos cantantes tocando guitarra y quizá uno tocando las maracas; el sonido de grupos como Los Panchos, Los Tres Caballeros y Los Tres Ases”.

Simon explica que ese sonido —de ritmo lento y a menudo de letra poética que da voz a la añoranza, la dicha y los tormentos del amor— fue parte de la psique latinoamericana durante muchas décadas.

“El bolero es la canción romántica de Latinoamérica. Es un género que jugó un rol muy importante en la generación de nuestros padres”, dice Simon. “Las generaciones de hoy no parecen estar conscientes de lo que es realmente el bolero, y es por esto que lo estamos rescatando, dándole una visión más moderna”.

Esta visión rejuvenecida incorpora el jazz en composiciones en las que se sustituyen los sonidos de la guitarra por los del piano, el saxo, la trompeta, la flauta y percusión. El resultado es un disco compacto que será lanzado en junio, seguido de una breve gira por Estados Unidos con destinos que están todavía por decidirse. Otros artistas que participan en el proyecto incluyen al hermano de Granados, Marco, que toca la flauta; el percusionista Pernell Saturnino; la vocalista Brenda Feliciano y el trompetista Diego Urcola.

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A pesar de las alteraciones, las baladas seleccionadas serán bastante reconocibles. “Las letras quedarán intactas”, dice Simon. “Lo que va a cambiar es el color, el entorno en que los boleros serán desplegados, las armonías y el concepto. El jazz es un estilo musical muy abierto que cede mucho espacio [para que otros tipos de géneros se puedan mezclarse con él], así que no alteraremos mucho las baladas. El jazz sólo realzará un poco su belleza”.

En cuanto a los aspectos técnicos de la mezcla de los dos géneros, D’Rivera dice que es bastante fácil. “Lo he estado haciendo la mayor parte de mi vida”.

Simon —que también ha actuado junto a otros músicos de renombre como Herbie Mann, Bobby Hutcherson y Don Byron— dice que, aunque él no ha estado tocando boleros toda su vida, como D’Rivera, fue el primer género musical con el que tuvo contacto.

En ciertas ocasiones, su padre, un ávido amante del bolero, le pedía a su hijo de diez años que cantara algunas baladas para sus invitados mientras él tocaba la guitarra. El único problema era que el niño odiaba hacerlo. “Solía esconderme durante esas fiestas para evitar tener que cantar”, recuerda. “En aquel entonces, no podía entender realmente el significado del bolero y lo que representaba”.

Esto cambió con los años, y cuando Granados se apareció con la idea de restaurar algunas de estas antiguas baladas, Simon pensó que era una buena manera de rendir homenaje no sólo a su padre, quien lo había introducido en la música, sino también al bolero, que durante décadas enseñó a los latinoamericanos el arte del romance.

En cambio, a Granados le encantaba cantar boleros desde muy joven. Seguía a su padre alrededor del viejo pueblo de San Pedro del Río, en las tierras altas de Venezuela, mientras éste cantaba serenatas a la comunidad con violín y guitarras en la plaza del pueblo.

Pero a diferencia de su padre, un respetado violinista que fundó una escuela de música en Venezuela, Leonardo demostró desde muy temprana edad una predilección por el canto, una preferencia que, según su madre Marisol, viene del su lado de la familia. “Eso es algo que siempre le digo”, dice ella. “Creo que el gusto y el oído para la música le vienen del lado de mi marido, pero los cantores vienen de mi lado de la familia”.

D’Rivera, en cambio, cuando le pedían que tocara boleros incorporaba incluso algunos de estos antiguos sonidos a su propio trabajo. Por ejemplo, La Habana - Rio Conexión, grabado en 1992, es una compilación de música instrumental de boleros y bossa nova. “Siempre tengo un poco de bolero cerca”, dice. “Siempre ha estado presente en mi vida. Los boleros son un modo de vida”.

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