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Música latina con su "tumbao"

Desde la Patagonia hasta el Caribe, los compases capturan los corazones y las almas del mundo.

In English | Si existe un elemento que define la música latinoamericana, es su riqueza. Desde Brasil y Argentina hasta Cuba y Puerto Rico, los sonidos de la naturaleza, que evocan un caleidoscopio de sentimientos, estados de ánimo y texturas, son infinitos. Y aunque Latinoamérica ha producido sus propios gigantes en el género de la música clásica, son los ritmos y las melodías de su gente los que han capturado los corazones y las almas de los fans en otras partes del mundo. Concretamente, las grabaciones realizadas entre los años 50 y 70 reflejan una era dorada, una época en la que íconos perdurables como Tito Puente, Los Panchos, Antonio Carlos Jobim, Celia Cruz, y José José crearon sus mejores obras.

Vea también: Maestros del jazz latino reviven el bolero.

En Estados Unidos, el reconocimiento oficial de la diversidad de la música latina se pone de manifiesto en la mayor cantidad de categorías latinas en los Premios Grammy de The Recording Academy y la creación de los Premios Grammy Latinos en el año 2000.

Hagamos un rápido recorrido por los principales géneros y estilos de música latina, centrándonos en algunos álbumes esenciales que seguramente lo dejarán sin aliento.

No llores por mí, Sudamérica

Argentina es la cuna del tango, la música de los inmigrantes europeos que trajeron de Alemania el bandoneón, de sonido dulce, similar al acordeón. El tango es amargo por naturaleza, un reflejo de la inagotable nostalgia por la tierra natal. Carlos Gardel es una referencia inevitable. The Best of Carlos Gardel (Lo mejor de Carlos Gardel) (Blue Note, 1998) incluye tangos que son himnos, tales como "Mi Buenos Aires querido" y "El día que me quieras".

Igualmente importante es Astor Piazzolla, el genio temperamental que actualizó el tango a través de la influencia del jazz y la música clásica. Una obra maestra nostálgica, su Tango: Hora Cero (Nonesuch, 1986) sería un buen punto de partida. A pesar de que el tango es conocido como un género machista, muchas vocalistas femeninas florecieron en él: tanto la llamativa Tita Merello como la áspera voz de Adriana Varela resultan imprescindibles.

Incluso para las normas latinoamericanas, la música brasilera ofrece una abundancia de riquezas. Todo comienza con la cadenciosa samba, un formato de canción que, a través de la yuxtaposición de compases llenos de vitalidad y melodías agridulces, se las ingenia para sonar melancólico y levantar el ánimo al mismo tiempo. El cantante de baladas Lúcio Alves grabó un número de sensacionales LPs durante los años cincuenta: la recopilación Puro Bossa Nova (Verve, 2006) es una delicia etérea. Durante los años sesenta, el bossa nova (una versión más jazzista, altamente sofisticada de la samba) se apoderó del mundo a través de la sensual "Garota de Ipanema", la composición de Antonio Carlos Jobim interpretada por João y Astrud Gilberto con el eximio saxofonista tenor estadounidense de jazz Stan Getz. Es el tema de apertura del clásico LP Getz/Gilberto (Polygram, 1964), un best seller hasta el día de hoy.

Más tarde, por los años setenta, una constelación de estrellas que incluía a Caetano Veloso, Milton Nascimento, Gilberto Gil, Gal Costa e Ivan Lins introducirían tropicalia (la psicodelia se encuentra con el rock, la samba y el reggae) y la más accesible MPB (Música Popular Brasilera). Clube da esquina (Blue Note, 1972), un trabajo de Nascimento con fuerte influencia de los Beatles, es un gran punto de partida.

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Otro gigante musical de América del Sur es Colombia, lugar de nacimiento de la vitalísima cumbia y el caliente vallenato. La cumbia es la destilación perfecta de las tres contrastantes culturas que chocan dentro de la música latinoamericana: las melodías europeas, los ritmos africanos y una sensibilidad indígena. Existen docenas de excelentes conjuntos de cumbia, desde el folclor auténtico de Totó La Mamposina hasta los desenfrenados éxitos comerciales de La Sonora Dinamita. Una de las colecciones más representativas es Greatest Cumbia Classics Of Colombia, Vol. 1 (Discos Fuentes, 1997), un disco que es un reto a no bailar.

El vallenato, por otro lado, se originó en la región de Valledupar. Fusiona adictivas melodías de acordeón con letras conmovedoras. En los años noventa, el cantautor Carlos Vives resucitó la estética del vallenato con toques de rock y pop. El amor de mi tierra (EMI Latin, 1999), un álbum que fluye, puede inspirarlo a explorar los trabajos de padrinos del género como Diomedes Díaz y Lisandro Meza.

Colombia también ha desarrollado su propia marca de música tropical para bailar. Aquí, la presencia de Joe Arroyo es de particular importancia. Brillante cantante y compositor, su Grandes éxitos (Discos Fuentes, 1999) incluye 12 temas clásicos, con la históricamente sabrosa "Rebelión", tema que enciende las pistas de baile.

Una noche en el Caribe

Mucha gente considera a Cuba una joya en la corona de la música latina. La isla no sólo ha producido miles de discos inolvidables, sino que también es responsable de crear géneros que florecerían y se desarrollarían en otros países: son, cha-cha-cha, mambo, bolero, rumba y danzón, por mencionar algunos. Infinitamente cálido, el versátil son es la base de todo lo demás que le siguió.

Trovadores como María Teresa Vera y el Sexteto Habanero fueron sus pioneros. Pero a fines de los años noventa, el guitarrista estadounidense Ry Cooder armó un grupo de selectos músicos veteranos para lograr los éxitos más inesperados en la historia del pop: Buena Vista Social Club (Nonesuch, 1997). Por fin hay un álbum que sí merece la quizás exagerada publicidad por dulce, alegre, eterno y potenciado por el luminoso trabajo en el piano del difunto Rubén González.

En los años cincuenta, durante la era dorada de la música cubana, la Orquesta Aragón perfeccionó la estética de la charanga, que no es un formato de canción per se, sino más bien un tipo de banda que basa su sonido en los exuberantes arreglos de violín y las acrobáticas melodías de flauta. Cuban Originals (Sony International, 1998) ofrece piezas como la ingenua "El bodeguero".

Durante esa época, La Sonora Matancera desarrolló una simpática combinación de formatos tropicales con pop, en la que la percusión rústica comparte el centro de atención con las formales trompetas. Alardeando con cantantes como Celia Cruz, Carlos Argentino y Bienvenido Granda, la orquesta grabó una serie de éxitos, algunos de los cuales pueden encontrarse en Serie nostalgia: Éxitos originales, Vol. 1 (Fonovisa, 2009). Beny Moré, Pérez Prado, Arsenio Rodríguez y el subestimado pianista Peruchín también ocupan un lugar de honor en el panteón de la música cubana.

Tal vez el ritmo latino más fácil de bailar es el contagioso merengue. Proveniente de República Dominicana, el merengue moderno es reconocido instantáneamente por su compás 2/4 —marcado por el güiro y la tambora— y acordes en staccato. El otro popular producto de exportación dominicano es la bachata, también conocido como la música del amargue.

Aquí, las letras amargas de las cuestiones amorosas trágicas son embellecidas por crecientes acordes de guitarra y suaves compases de bongó. Por el lado comercial del pop dominicano, Antony Santos incluye tanto merengue como bachata en la memorable Sin ti (Plátano Records, 2003). Un enfoque más cosmopolita se ve favorecido por el cantante y compositor Juan Luis Guerra, en Bachata rosa (Karen, 1990), un esfuerzo revisionista para aumentar el atractivo de la bachata con armonías de jazz y letras poéticas.

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La ranchera, el norteño y la banda sinaloense imperan en México. La ranchera es la música tradicional interpretada por grupos mariachi. Capas de instrumentos de cuerda y trompetas acompañan a un cantante increíble que vocaliza canciones épicas sobre romances y orgullo patriótico. José Alfredo Jiménez [Cuando lloran los hombres (Sony International, 2003)], Pedro Infante [Las mañanitas (Warner Music Latina, 2001)], Jorge Negrete [Mexicanismo (Sony International, 2006)], Lola Beltrán [La grande (Warner Music Latina, 2002)] y Vicente Fernández [Necesito de ti (Sony International, 2009)] son algunos de los héroes en este rubro, y Canciones de mi padre (Asylum, 1990), de Linda Ronstandt, proporciona una introducción accesible.

Alardeando de un compás similar al de la polca y armoniosas melodías de acordeón, el norteño es inmensamente popular. Un grupo se destaca cómodamente por encima de los demás: Los Tigres del Norte, cuyo CD doble Jefe de jefes (Fonovisa, 1997) es una auténtica obra maestra de este género. Surgida del estado de Sinaloa para dispersarse por todo México y Estados Unidos, la banda sinaloense es increíble, ostentando con frecuencia más de 40 músicos sobre el escenario. El sonido es opulento y de algún modo frenético, combinando ritmos sincopados de tambores con estallidos de tuba y clarinete. El impactante Juan Gabriel en Con la Banda... el Recodo!!! (Sony International, 1998) reúne a la estrella del pop Juan Gabriel con la más grande de las bandas.

Puerto Rico ocupa un lugar único en la historia musical del continente. Además de ostentar su propia marca de folclor bailable —la plena y la bomba, exquisitos estilos en sí mismos—, esta isla caribeña fue instrumental en el desarrollo del género globalizado conocido como salsa.

La explosión de la salsa de los años setenta ocurrió en la ciudad de Nueva York, cristalizando un volátil encuentro de estilos. El ingrediente inicial fue una cantidad de formatos cubanos: guaracha, cha-cha-cha, mambo y guaguancó. Estos fueron transformados por músicos, en su mayoría de origen puertorriqueño, que llevaron adelante el brillo lujoso del jazz estadounidense de grandes bandas, la onda áspera del R&B y el soul, y la sutil influencia del folclore boricua. El sonido resultante generó estrellas de la salsa como El Gran Combo, Héctor Lavoe, Ray Barretto, La Sonora Ponceña y Rubén Blades.

Entre los líderes de orquestas, Tito Puente fue el más grande. Surgió en la era del mambo de los años cincuenta y continuó grabando copiosamente hasta su muerte en el año 2000. Su Dance Mania (Sony International, 1958) exhibe el rico zarandeo de los formatos tropicales que finalmente se transformarían en salsa. El sonido de la salsa moderna explota con máxima fuerza en 1964, con la obra maestra de Eddie Palmieri, Azúcar pa'ti (Tico/Fania, 1964). Contiene "Azúcar", de nueve minutos de duración, devastador en intensidad y swing.

La salsa encontró en Celia Cruz, ex vocalista de Sonora Matancera, a su estrella más vistosa. Only They Could Have Made This Album (Vaya/Fania, 1977), un trabajo realizado en colaboración con el productor "nuyorican" (neoyorquino de origen puertorriqueño) Willie Colón, tiene una calidad imborrable del género, plasmada en la voz achocolatada de la diva, rodeada de exuberantes capas de trombones y el sabio instinto de producción de Colón.

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El futuro

Las reconfortantes voces de Pedro Infante, Celia Cruz y Beny Moré ya no están entre nosotros, pero la música latina continúa creciendo con fuerza en el nuevo milenio.

Es un hecho que mucha de nuestra música ha sucumbido a los parámetros comerciales de las compañías discográficas. Al mismo tiempo, nuevos artistas surgen en todos los rincones de Latinoamérica. Muchos de ellos encuentran inspiración en las gloriosas grabaciones del pasado para la creación de una nueva estética.

El desarrollo de tecnología digital de grabación y el género conocido como electrónica —compases artificiales, mucho sintetizador— han producido nuevos y frescos sonidos. En Brasil, por ejemplo, artistas como Bossacucanova, Cibelle, Céu y Rosalía de Souza reinventaron el bossa nova con compases electrónicos. La hija del pionero de la bossa João Gilberto, Bebel Gilberto, brilla en el taciturno Tanto Tempo (Six Degrees, 2000). Si ponemos a un lado toda la electrónica, el álbum se siente como una grabación de los años sesenta. El mismo tratamiento le dieron al tango conjuntos como Gotan Project, Tanghetto y Bajofondo Tango Club. Abarrotado de melodías melancólicas, Lunático (XL Recordings, 2006), de Gotan Project, es tan auténtico como un original de Astor Piazzola.

La música cubana continúa siendo una fuente interminable de inspiración. En su álbum debut A lo cubano (Surco, 2000), el conjunto Orishas, radicado en París, combinó patrones típicos cubanos con rap. El resultado final es estimulante. En México, artistas estrafalarios como la cantante Natalia Lafourcade experimentan con rock, folk y composiciones confesionales. Su álbum Casa (Sony International, 2005) es pícaro e irónico.

Hasta el mundo del pop latino puede sorprender con una visión idealista. En el caso de Juanes, el trovador colombiano ha demostrado que se puede tener éxito comercial y crear música de calidad con letras también interesantes. La impecable producción La vida... es un ratico (Universal, 2007) parecería indicar que, al menos por ahora, el futuro de la música latina está en buenas manos.

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