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El poder de las musas

Durante años, el compositor Jorge Martín resistió la idea de transformar en música las memorias del difunto escritor cubano Reinaldo Arenas, del año 1993, Antes que anochezca. No fue, sino hasta que comenzó a explotar a las musas de Arenas, que su ópera homónima Before Night Falls, que se estrenará en la próxima temporada en el Festival de Ópera de Fort Worth, comenzó a cristalizarse.

Arenas, nacido en 1943, vivió una vida abiertamente homosexual en una Cuba que fue intolerante tanto para con su estilo de vida como con su resistencia a la represión del disenso y la libertad de expresión del régimen de Castro. Encarcelado varias veces y censurado repetidamente, Arenas hizo llegar sus manuscritos fuera de Cuba, acumulando aplausos en el extranjero por su ingenio irreverente y su narrativa fluida e imaginativa.

Sus memorias —publicadas después de su muerte, en 1993, y en la lista de los diez libros más vendidos de ese año de The New York Times— relatan sus horribles experiencias en Cuba, su escape a Estados Unidos en el éxodo del Mariel, en el año 1980, y su subsiguiente batalla contra el SIDA antes de suicidarse en Nueva York, en 1990.

“Reinaldo era un narrador que atrapaba. Al leer sus memorias, sentías que tenías una relación con él; era como si te hablara —cuenta Martín, repitiendo una caracterización común de los escritos de Arenas—. Te hacía llorar y reír a gritos. Entre los círculos homosexuales masculinos, era una obra de culto”.

Después de pensarlo detenidamente, Martín obtuvo los derechos de adaptación musical por parte de los herederos de Arenas, en 1995, y por años luchó para ver cómo dar vida a Antes que anochezca en el escenario. Decidió elegir sólo algunos hilos conductores de las memorias, como lograr la libertad. “Se escapó del pequeño pueblo en el que nació para ir a La Habana; salió de prisión y escapó de Cuba”, cuenta Martín. Luego, baja la voz y agrega: “De lo que no pudo escapar fue del SIDA.”

Martín redujo el elenco, seleccionando sólo los personajes más importantes y realizando personajes amalgamas de los demás. Y eligió volver a contar las memorias no desde un enfoque purista, sino infundiendo, en su lugar, algo de fantasía en el estilo y el espíritu del protagonista. “El trabajo de Arenas tuvo muchas fantasías —comenta el compositor—. Él amaba la imaginación. En sus novelas, los animales a veces hablan. Suceden muchas cosas locas en sus historias. Para ser fiel a su trabajo, decidí basarme en eso y elaborar.”

También decidió que un toque fantástico perfecto para la ópera sería que tuviera dos musas, ambas femeninas, que representaran la luna y el mar, dos símbolos importantes en el trabajo de Arenas. E incorporó otras novedades que desvían tanto del libro como de una adaptación cinematográfica del año 2000. El libro y la película, por ejemplo, tienen un final deprimente, con los últimos días de Arenas. Pero, según Wes Mason, que interpreta a Arenas en la obra, Martín optó por un final inspirador.

“La ópera aun muestra la muerte de Reinaldo —dice Mason—, pero Jorge transforma el tono triste en estos duetos deliciosos entre el mar y la luna —las musas—, sobre cómo continuará el trabajo de Reinaldo.”

“Reinaldo logró muchos de sus objetivos —señala Mason—. No llegó a ver una Cuba libre, pero difundió su trabajo, lo publicaron y tuvo un éxito enorme. Jorge capta eso con un tono de esperanza, de vida y libertad”.

Una obra de amor

Originalmente tuvo la intención de escribir sólo la música, pero Martín decidió escribir el libreto conjuntamente con Dolores Koch*, una cubana-estadounidense que vive en Nueva York, que tradujo las memorias al inglés y que había conocido bien a Arenas. “Dolores fue muy importante para mí, porque yo no quería meter la pata —dice Martín, riéndose al emplear la frase popular—. No quería cometer un error terrible en términos históricos o en el tono.”

Koch, como otros que han trabajado en la ópera, alaba a Martín por su voluntad para escuchar las ideas de los demás y darles libertad creativa. “Es extremadamente talentoso —comenta Koch—. Reinaldo se hubiera alegrado sobremanera con esta ópera. Creo que lo que más le hubiera gustado son las musas.”

El artista que se había negado a tocar las memorias descubrió que se habían transformado en una obra de amor. “Por lo general, las compañías de ópera son las que encargan nuevas óperas, pero hicimos el libreto y yo estaba escribiendo la música, y no me lo habían encargado”, cuenta Martín.

Se comunicó con varias compañías de ópera, pero la respuesta fue un ensordecedor silencio, hasta que Darren K. Woods, director general de Fort Worth Opera, escuchó acerca de Before Night Falls y organizó un taller de puesta en escena de la obra en Seagle Music Colony, en el norte del estado de Nueva York.

“La ópera es sobre la libertad de expresión y de discurso, y lo que haremos o debemos hacer para preservarla” —indica Woods, que presentará Before Night Falls la próxima temporada junto con óperas entrañables como Don Giovanni, de Mozart, y El elixir del amor, de Donizetti. “Agregar música y canto elevó aún más el material.”
 
Mason, que representó a Arenas en el taller, cuenta que hubo alguna trepidación acerca de cómo los aficionados a la ópera, que son conocidos por preferir clásicos como La Bohème y La Traviata, reaccionarían frente a Before Night Falls.

“Hay muchos conservadores que van a ver óperas y que están en total desacuerdo con la homosexualidad —dice Mason—. Pero al finalizar el taller, todos saltaron, aplaudieron y ovacionaron. Yo me quedé ahí, parado, y lloré”.

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*Nota del editor: Dolores M. Koch falleció en junio, a pocos días de haber dado esta entrevista.

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