Skip to content

AARP reafirma su compromiso de ayudar a aquellos con demencia al hacer importante inversión. Entérate.

 

 

Un libro deliciosamente cinemático

<i>La mujer infinita</i> es inspirado en la vida de la fotógrafa Tina Modotti.

La mujer infinita nos trae tres historias bien entrelazadas, en torno a la figura de Tina Modotti, un guionista mexicano y una actriz norteamericana.

Vea también: Entrevista con José Ignacio Valenzuela.

Nunca había escuchado hablar de José Ignacio Valenzuela hasta que mi madre me comentó sobre su obsesión con la telenovela de Telemundo, La casa de al lado. No sé cómo se enteró que el guionista era Valenzuela y que acababa de sacar un libro al mercado, La mujer infinita (Editorial SUMA de letras, 2010).

La Mujer Infinita, libro de José Ignacio Valenzuela

Portada del libro La mujer infinita.

“Me lo tengo que comprar”, me dijo. “Si escribe los libros como las telenovelas, tiene que estar buenísimo”.

No puedo opinar sobre la telenovela porque no suelo ver televisión, pero puedo decir que el libro está, como decimos en familia, buenísimo.

La historia es simple: mujer enamorada sufre el asesinato de su amante y la calumnia de ser acusada brevemente de su muerte. Pero la estructura del libro y los personajes que pueblan la historia distan mucho de ser simples. Tampoco son complicados. Son, más bien, complejos, como la buena literatura, como la vida misma.

La historia comienza con el dilema de un escritor mexicano, Pablo Cárdenas, a quien le han dado la difícil tarea de escribir el guión de una película sobre Tina Modotti, una famosísima fotógrafa italiana que vivió y trabajó en México en la década de 1920. Murió joven, eso lo sabemos desde el principio. Y vivió una vida apasionada y obsesiva, eso también lo sabemos desde el principio.

De hecho, los temas que se cuelan por todos los huecos de la ingeniosa trama de este libro son la obsesión y la pasión. Al principio, Pablo no puede escribir, porque el tema no le interesa, pero su novio lo ayuda en la investigación y crea las condiciones para que pueda dedicarse a escribir y sólo a escribir. Ajeno al mundo y encerrado en su cuarto, Pablo encuentra su musa: Tina lo visita, con su severa falda negra larga y su blusa blanca de cuello ancho y su cabello recogido en un moño de bibliotecaria.

A la par con la historia de Pablo, Valenzuela nos entrega otras dos historias entrelazadas. Primero, la de la propia Tina, enamorada del revolucionario cubano Julio Antonio Mella —un hombre bello, de perfil griego y piel color caramelo— mucho más joven que ella. En la cama, retozan durante horas; intelectualmente, él la estimula para que enfoque su arte y su cámara en la empobrecida y sufrida clase trabajadora mexicana.

Siguiente: Sin que el lector lo note.  >>

Luego, sin que apenas el lector lo note, Valenzuela nos empieza a contar la historia de Eva O´Ryan, la bella actriz estadounidense que —envuelta en sus mantas de lana compradas en Vermont— un día lee  el guión de Pablo y entiende que debe darle vida al personaje de Tina. Se va a México con su esposo para trabajar en la película que cambiaría el curso de su carrera.

Si todo esto parece complicado, es porque lo es, pero Valenzuela se las arregla para hilvanar las tres historias de manera tal que todas se apoyan entre sí. El libro es deliciosamente cinemático. Es imposible leerlo y no ver las imágines desplegarse una tras otra como si estuviéramos en una butaca de cine frente a la gran pantalla.

Todo lo que cuenta Valenzuela de la vida de Tina está documentado en decenas de libros — notablemente en Tinísima, de Elena Poniatowska— pero dudo que alguien nos haya presentado antes a una Tina tan apasionada, tan enamorada, tan sensual. Mella —también un personaje histórico del cual se ha escrito, aunque menos— se revela aquí como un hombre enamorado de una causa —la libertad de Cuba— y de una mujer que apenas puede respirar sin él.

Al final, el libro se vuelve un poco tétrico, y, de tan cinemático, se comienza a parecer a una película de Hitchcock, aunque no de las mejores. Nunca está claro, por ejemplo, por qué Eva se deja arrastrar también por una pasión y una obsesión que no le pertenecen y que poco tienen que ver con su vida privilegiada de actriz y señora de Hollywood.

Pero esas son pequeñeces, porque al terminar el libro se hace casi imposible cerrarlo y dejarlo sobre la mesa. Uno queda un poco atontado, como cuando ha visto una película complicada pero emocionante y de pronto sale de la oscuridad del cine a la luz de la calle y siente el vacío del final. Y Tina, ¿dónde estará ahora? Cualquiera diría que la ve pasar, con su falda negra y su blusa blanca de botones y su moño severo, como un soplo infinito. Un soplo de mujer.

Mirta Ojito es escritora, periodista, editora y profesora de posgrado en la facultad de periodismo de Columbia University en Nueva York; ante todo, es una amante de la palabra escrita. Conózcala aquí.

¿Qué

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.

LEE ESTE ARTÍCULO