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Enloquecido por una mujer obsesiva

José I. Valenzuela, guionista de <i>Mujer de al lado</i>, acaba de lanzar su novela <i>La mujer infinita</i>, inspirada en la vida de Tina Modotti.

José Ignacio Valenzuela

Foto por Martirene Alcántara

El escritor chileno José Ignacio Valenzuela promociona su nuevo libro, La mujer infinita.

El guionista de la exitosa telenovela La casa de al lado, acaba de lanzar su novela La mujer infinita, inspirada en la vida de la fotógrafa Tina Modotti.

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Cuando era pequeño —recuerda el escritor y guionista chileno José Ignacio Valenzuela— escuchaba grabaciones de películas de Walt Disney en discos de dos caras. Como no sabía que para escuchar el final del cuento debía virar el disco, se inventaba sus propios finales.

Imaginó, por ejemplo, que Blancanieves se convertía en maestra de los enanitos; uno de los cuales se portaba muy mal y ella se enfurecía. Valenzuela nunca supo que un príncipe le salvaba la vida a Blancanieves con un beso de amor, hasta que alguien en su casa se dio cuenta de que el pobre niño siempre escuchaba la misma cara del disco y le enseñó como cambiarlo.

“Mi final era mucho mejor”, dice Valenzuela —de 39 años, que actualmente vive en Miami— quien es el guionista de la exitosa telenovela de Telemundo, La casa de al Lado, y el autor de La mujer infinita, novela que lanzó en Estados Unidos durante la Vigésima Octava Feria Internacional del Libro (enlace en inglés) en Miami, el 20 de noviembre.

La mujer infinita —que trata sobre el corto pero intenso romance de la fotógrafa Italiana Tina Modotti con el revolucionario cubano Julio Antonio Mella en el México convulso de la post-revolución— es su sexta novela.

Valenzuela nació en el año 1972 en un hogar de clase media —su padre era ingeniero y su madre  trabajadora social— donde primaba el amor por la lectura y los libros. Su abuela materna fue una poeta premiada, Violeta Camerati, y su tía es la escritora Ana Maria Güiraldes.

“A mí nunca nadie me dijo que leyera”, dice. “Yo quería leer porque yo notaba como todos en mi casa se emocionaban pasando las hojas y yo quería tener esa experiencia también”.

Sin planearlo y casi sin pensarlo, de la lectura pasó a la escritura por casualidad. A los 16 años se independizó y empezó su carrera universitaria. Al año siguiente, se dio cuenta que necesitaba ganar dinero para vivir y fue a buscar trabajo a una emisora de televisión como asistente de guiones. Le dijeron que para ser considerado tenía que entregar una idea para una telenovela. Valenzuela sacó una libreta de su mochila de estudiante y escribió 20 líneas de una idea que se le ocurrió en el acto, de pie frente a la secretaria.

Dos días después, lo llamaron y le pidieron un capítulo. Lo hizo y lo contrataron. Su primera telenovela, Amor a domicilio, salió al aire el segundo semestre del año 1995, cuando Valenzuela cumplió 19. Fue un “exitazo,” dice. Con el dinero que le pagaron se compró un pequeño piso en Santiago de Chile.

Amor a domicilio fue el principio de una carrera que lo ha llevado desde Santiago hasta México, trabajando para Televisa y Televisión Azteca, y de ahí a Nueva York y Puerto Rico, donde trabajó como profesor. Ahora vive en Miami. Donde quiera que esté lo que no cambia es su ética de trabajo y su necesidad de escribir. “Soy compulsivo,” dice y agrega que escribe entre 12 y 16 horas al día. No cree en la inspiración y no tiene manías de escritor ni rituales.

“Decidí hace mucho tiempo que no tendría excusas para no escribir,” dice Valenzuela que se ha entrenado para escribir en aviones y en aeropuertos.

La mujer infinita surgió de su interés en el arte mexicano de la post-revolución. Cuando vivía en México, en Coyoacán, con frecuencia visitaba La Casa Azul, donde vivió y trabajó la artista Frida Kahlo. Un día se fijo en las fotos que adornaban las paredes y notó que todas las había tomado la misma fotógrafa –Tina Modotti.

“¿Quién es esta mujer?” se preguntó. “Me cayó un libro sobre ella en las manos y enloquecí”.

Tina es el primer personaje real que utiliza en sus novelas. Para ser fiel a su historia, estuvo investigando su vida y obra por cinco años. Al final entendió que Tina reunía dos elementos que también son importantes en la vida de Valenzuela: la pasión por la política y la pasión por la pasión o, como él explica, “dejar que la tripa sea la brújula, y no el cerebro.”

Así vive su vida Valenzuela, que no tiene hijos, trabajo seguro ni contratos permanentes. Vive de las letras, y lo suyo es la libertad y la espontaneidad, dice. Apenas gasta dinero porque lo que necesita lo lleva siempre consigo: su computadora para escribir, sus libros y su música en el iPod. Hasta hace muy poco no había pensado en su trabajo como una carrera. Escribía porque le divertía, no porque se considerara guionista ni escritor.

“Como yo funciono desde la tripa, nunca procesé lo que estaba haciendo con mi carrera. Yo lo hacía por hacerlo, porque me gustaba,” dice.

Eso ha cambiado desde que alcanzó fama internacional en el mundo hispano y tuvo que adquirir abogado, contable, agente y publicista. “Ahora ando con un entourage,” dice entre risas. “Me gustaba más cuando todo era como un juego.”

 

Mirta Ojito es escritora, periodista, editora y profesora de posgrado en la facultad de periodismo de Columbia University en Nueva York; ante todo, es una amante de la palabra escrita. Conózcala aquí.

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