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"Mi actitud es la de querer creer"

Javier Sierra, autor de <i>El ángel perdido</i> sostiene que la vida actual requiere de más mitos que nunca.

Los libros del escritor español Javier Sierra han sido traducidos en 43 países y a 38 idiomas. Con frecuencia se le compara al escritor estadounidense Dan Brown, del Código Da Vinci y otras novelas sobre el simbolismo, lo oculto y los misterios de la vida y el arte.

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La comparación no es exagerada. El ángel perdido fue la novela más vendida en España en el 2011. La novela, que le tomó cinco años de investigación, acaba de ser traducida al inglés en Estados Unidos, al igual que sus novelas anteriores, La dama azul y La cena secreta y publicada por Atria. Sierra, de 40 años, quien fue periodista antes que autor de novelas, dice que siempre se ha sentido atraído hacia los misterios de la vida. Todos sus libros, dice, tienen que ver con la búsqueda de algo valioso y secreto, pero con frecuencia sus personajes terminan descubriendo que lo que buscaban ya existía en ellos, en su fuero más interno. En la vida actual, comenta, necesitamos mitos más que nunca, sobre todo para explicarnos el tema más misterioso y temido de nuestra existencia: la muerte

De gira por Estados Unidos para promocionar su libro, Sierra estuvo el fin de semana del 19 y 20 de noviembre en la feria del libro de Miami donde conversó con Puño y Letra.

¿Qué misterios todavía lo inspiran?

Cuando tienes una mente curiosa, la cantera de misterios por explorar se hace inagotable. Creo que, en general, todos los enigmas vinculados con la vida me fascinan: desde los orígenes de nuestra especie hasta las creencias en la vida después de la vida e incluso antes de ésta! Se trata de un material muy rico, de connotaciones universales, del que destilo muchas de las historias que aparecen en mis novelas.

Al final de su libro El ángel perdido comenta que cree “hasta en los ángeles”. ¿En que más cree?

Mi actitud es la de querer creer. En una civilización tan materialista como las nuestra, con frecuencia olvidamos que la felicidad se conquista desde dentro, no acumulando bienes de consumo sino certezas íntimas. Y si en mi libro digo que creo en los ángeles (y no que quiero creer en ellos) es porque me he tropezado con ellos. O con su estela, para ser preciso.

El “tropiezo” más importante ocurrió en 1991, cuando una serie de casualidades difíciles de explicar me llevaron hasta el pueblo de Agreda, en el noreste de España, donde nació y vivió la que sería la protagonista de mi primera novela, La dama azul. Una monja a la que en el siglo XVII se le atribuyó la evangelización del suroeste de Estados Unidos sin haber abandonado nunca su convento. Decían que se bilocaba, que podía estar en dos lugares a la vez. Pues bien, en menos de un mes, y por circunstancias profesionales ajenas al caso, tuve que visitar todos los lugares que aquella mujer recorrió. ¿Qué probabilidad hay de que en ese tiempo, y sin programarlo, uno esté en España, Arizona, Nueva México , justo después de haber visitado por primera vez el convento de esa mujer? Tuve tantas y tan inesperadas ayudas en aquella investigación que terminé convencido de que fui guiado por “algo” superior. Y en ese libro, por supuesto, hablé mucho de esas “guías”.

¿Cuánta investigación lleva cada libro suyo? ¿Se plantea cada libro como un proyecto investigativo o literario?

Mis novelas se alimentan de mi necesidad de saber, por eso cada nuevo proyecto esconde, en realidad, una investigación profunda. En El ángel perdido quise explorar todos los mitos del "fin del mundo" que recorren el planeta desde la noche de los tiempos. Terminé, claro, en el relato del Diluvio Universal que ofrece la Biblia y eso me llevó incluso a escalar el monte Ararat, una cima de 16.000 pies en la que se cree que el Arca descansa bajo un glaciar. Así pues, todas mis novelas nacen de mi necesidad de saber. Y una vez he descubierto algo, surge la necesidad de contarlo. Para mí la literatura es un medio, no un fin.

¿Siempre se supo escritor?

Desde muy niño supe que dedicaría mi vida a contar historias. Estudié periodismo porque era la carrera que más se adaptaba a esa vocación temprana, y enfoqué mi profesión a informar sobre enigmas de la ciencia y de la Historia. Fundé revistas sobre el tema y escribí algún que otro libro sobre esos misterios. Pero cansado de sólo encontrar preguntas y deseoso de dar con algunas respuestas, salté a la literatura para buscarlas. Y en eso estoy.

¿Qué lee en su tiempo libre?

Soy de gustos muy heterogéneos. Lo mismo leo ensayo histórico que divulgación científica, que novelas de aventuras o de otros géneros. En cada libro se aprende algo. Ahora estoy leyendo un ensayo excelente de divulgación científica, 13 cosas que no tienen sentido, de Michael Brooks.

¿A qué atribuye tanto interés por los misterios que nos rodean?

Tengo interés por lo desconocido desde que tengo uso de razón. Tal vez sea un rasgo de una personalidad inconformista, que le gustaba cuestionar los dogmas, las certezas absolutas que tanto abundan en este mundo. El tiempo me ha dado poco a poco la razón, ya que cuanto más se estudia algo menos se sabe de ello. Es el caso del Universo. Los astrónomos saben que el 70 % del Universo que nos rodea está formado de “energía oscura” de la que no sabemos, ¡nada!

Me hace gracia que algunos críticos literarios digan que los libros que abordan misterios están de moda. ¡Nunca han dejado de estarlo! La primera novela “moderna” de la Historia fue el Poema del Grial de Chretien de Troyes. Fue escrito en el siglo XIII y su contenido era muy del tipo Código Da Vinci. En el fondo, los temas que más nos fascinan son los que nos enseñan los rincones ocultos del Universo que habitamos. Por eso este tipo de libros siempre tiene lectores.

Y, por último, ¿cuál es su próximo proyecto?

Ah. Eso sí que es un misterio...

 

Mirta Ojito es escritora, periodista, editora y profesora de posgrado en la facultad de periodismo de Columbia University en Nueva York; ante todo, es una amante de la palabra escrita. Conózcala aquí.

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