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Un matrimonio sin igual

En <i>A Wedding in Haiti</i>, Julia Alvarez describe los lazos irrevocables entre Haití y la República Dominicana.

Nota del editor: La versión en español de la última novela de Julia Alvarez, Una boda en Haití, ya está disponible en español. Editadas por C.A. Press/Penguin, se encuentra a la venta en librerías, en línea y también en formato electrónico.

La boda fue tierna y breve y de una pobreza extrema. Pero como en las bodas en casi todo el mundo occidental, hubo una botella de champagne y la novia se vistió de blanco.

A Wedding in Haiti, el nuevo libro de Julia Alvarez, pinta un cuadro detallado de la boda de Piti, un trabajador en la finca de café de la autora y su esposo, Bill.

Vea también: Tía Lola, una novela de Julia Alvarez.

Cuando conocieron al adolescente haitiano, él estaba solo en la República Dominicana. Conmovida por su ética de trabajo y sus ansias de superarse, Alvarez llegó a sentir algo profundamente maternal hacia el joven. En algún momento antes de regresar a Estados Unidos, le prometieron que irían a su boda el día que se casara. El día llegó en agosto de 2009.

Ese viaje a Haití —incómodo, peligroso, y revelador— forma la primera parte del libro, el cual tiene formato de diario de viaje. Y como en los buenos diarios, nos regala fotos de la travesía y la autora lo cuenta todo. Pero más allá de la ceremonia y el viaje que hizo la pareja a Haití, el libro toca otros temas: el amor, el racismo, la pobreza, y la hermandad que comparten dos países vinculados por la geografía y la historia.

Sin embargo, es posible que nunca hubiese existido este libro si no fuera por lo que pasó el 12 de enero del 2010, menos de seis meses después del viaje original.

Ese día, a las 4:53 p.m., un terremoto infernal azotó a Haití.

“¡Ay Dios mío!” En la escena más estremecedora del libro, Alvarez cuenta cómo escuchó el grito de su hermana por teléfono desde la casa de sus padres en Santiago de los Caballeros—una ciudad a 124 millas de Puerto Príncipe, la capital de Haití. Los primeros temblores del terremoto habían empezado.

Quizás no haya mejor imagen para demostrar uno de los temas más importantes de este libro: que Haití y la República Dominicana siempre tendrán que contar uno con el otro porque comparten el mismo pedazo de tierra. Y, como dice la autora dominicana, en ese momento ella sintió una profunda necesidad de estar con el pueblo haitiano, caminar a su lado en alma y en solidaridad.

El terremoto lleva a Alvarez y su esposo de vuelta a Haití, donde todo conspira contra ellos —las lluvias torrenciales, los atascos de tráfico, las nubes de polvo del camino, los funcionarios sin escrúpulos—. Pero también hay alegrías y dulzura por el camino. Una vendedora de mangos en el momento en que más la necesitan, funcionarios con corazón y ganas de ayudar. La tierna imagen de los padres de Alvarez, enfermos de Alzheimer, pero todavía durmiendo juntos y agarrados de manos; una reunión familiar en Haití en la que todos terminan bailando sin saber por qué, y una cama limpia en el momento justo.

Son pocos los escritores hispanos que han abordado el tema de Haití, país que por haber tenido colonizadores franceses en vez de españoles con frecuencia es excluido de la narrativa latinoamericana. Pero Alvarez se atreve con gran tino y lenguaje poético a mostrarnos la cara de Haití que raramente vemos: la de la gente, no sólo la de su miseria.

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