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Entrevista

'The Dude', hecho todo un hombre

Conocido por su interpretación de un holgazán inmaduro, Jeff Bridges es, en realidad, un concienzudo hombre de familia.

Nada de esto, desde luego, podría evitar que Bridges fuese un niño de los años 60, ni un varón adolescente. Más entusiasmado por las chicas y el rock ‘n’ roll que el estudio, transitó la escuela secundaria sin mayor esfuerzo, con un promedio de notas que rondaba la C. “Nuestros padres se preguntaban si él algún día sería algo”, recuerda Beau. “Yo les aseguraba a cada rato y les decía ‘Denle tiempo; tiene grandes talentos’. Tomó mi vieja guitarra eléctrica y realmente se aficionó. Yo pensaba que ahí encontraría el éxito”.

Jeff Bridges con su esposa Susan Geston

Jeff Bridges con su esposa Susan Geston. — Getty Images

La universidad no estaba dentro de las opciones, pero el reclutamiento militar sí; para evitar ser desplegado a Vietnam, Bridges ingresó en la Reserva de la Guardia Costera. Durante los años siguientes, prestó servicio a bordo de buques balizadores. Un capellán lo entusiasmó con las obras de Nikos Kazantzakis, caracterizadas por un radicalismo cristiano, que constituyen uno de los encuentros formativos de Bridges con la espiritualidad alternativa. Más tarde, llegó la meditación transcendental, el LSD, los Erhard Seminars Training (est, Seminarios de Capacitación Erhard) y otros senderos que él esperaba que lo llevasen a la iluminación.

Mientras tanto, llegó sin prisa al mundo cinematográfico. La tercera aparición de Bridges en la pantalla grande fue en The Last Picture Show (La última película) (1971), que le valió su primera nominación al Óscar. Sin embargo, fue cinco producciones más tarde cuando se abocó de lleno a ser actor en lugar de músico o artista.

Mientras rodaba The Iceman Cometh (Llega el hombre de hielo) (1973), pudo presenciar la labor de algunas de las más grandes figuras del cine estadounidense: “Ver a Fredric March luchando para que algo le saliera bien, o a Lee Marvin… Ellos enfrentaban lo mismo que yo”. Antes de rodar una escena, Bridges advirtió que a Robert Ryan le sudaban las manos. “Le pregunté: ‘Bob, ¿cómo puedes estar tan nervioso después de todos estos años?’. Me respondió: ‘En realidad, me daría mucho temor no sentir temor’. Me di cuenta de que el temor no necesariamente se va, sino que te haces amigo de él”. Quedó cautivado.

‘The Dude’ encuentra el amor duradero

En su vida personal, Bridges seguía sin rumbo: salía con estrellitas en ascenso y asistía a todas las fiestas posibles. Sin embargo, en 1974, encontró su ancla. Estaba dentro de un jacuzzi en un rancho para turistas en Montana, rodando Rancho Deluxe, cuando una empleada que trabajaba allí pasó por delante. La delgada rubia tenía los ojos morados y la nariz rota a causa de un reciente accidente automovilístico, pero su belleza impactó a Bridges como una bola de bolos haciendo chuza.

Luego de secarse, la invitó a salir; ella no aceptó. En la fiesta de culminación del rodaje, no obstante, aceptó bailar con él. También accedió a acompañarlo a visitar un rancho que le interesaba comprar. Durante el viaje, él se percató de su calidez tan relajada y de su humor irónico, y tuvo la extraña sensación de que la mujer que estaba sentada a su lado sería su futura esposa. La idea lo aterrorizó; a los 24 años, no estaba listo para descartar todas sus otras opciones. “Mi madre solía decirme que yo padecía algo llamado abulia, una dificultad para tomar decisiones”, dice. “Es totalmente cierto”.

Sue, que en ese entonces tenía 20 años, era oriunda de Fargo, Dakota del Norte, hija de un arquitecto y una profesora. Llegó a compartir la sensación que tenía Bridges de que el destino de ellos era estar juntos y se mudó a L.A. para instalarse con él. Sin embargo, transcurridos tres años, ella se cansó de fiarse del destino.

Cuando ella recibió una oferta laboral en Montana, le dio un ultimátum. “Sue dijo: ‘Sé que me amas, pero yo quiero formar una familia. Si tú no puedes responder a eso, entonces buscaré por otro lado’”, recuerda Bridges. Él se arrodilló frente a ella y le propuso matrimonio. Se casaron cinco días después.

“Sue logra que Jeff tenga los pies sobre la tierra”, afirma Loyd Catlett, su doble y amigo de muchos años. “En este negocio, todo el mundo te dice los grandioso que eres. De una manera dulce y cariñosa, ella le dice: ‘Está bien, amor, volvamos a la realidad’ ”.

“Creo que ella es la artífice de que Jeff haya optado por una vida saludable y haya asumido responsabilidad por su vida”, agrega su hermano Beau. “Logró que se enfocara”.

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