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Jeff Bridges, de 73 años, reflexiona sobre sus batallas contra el cáncer y COVID: ‘el obstáculo era la muerte’

Bridges no estaba seguro de poder volver a caminar, y mucho menos de recuperar el encanto que lo convirtió en un ícono de Hollywood.


spinner image Jeff Bridges
BEAU GREALY/TRUNK ARCHIVE

Jeff Bridges apoya un pie en el escritorio. Un pie musculoso, envuelto en una moderna sandalia de goma. Un pie bien cuidado, sin duda. Él es sorprendentemente delgado, de una palidez natural, y está iluminado por la luz del sol que entra por la ventana al caer la tarde. Ahí está. El pie de Jeff Bridges. Hasta su pie es genial. Solo un comentario.

Acaba de hacer ejercicio, y su tupido cabello gris está mojado y peinado hacia atrás. Bridges tiene barba y lentes, está bronceado y luce muy arreglado con una camisa gris abierta que parece haber olvidado de abotonar. Y no es que pone los pies descalzos sobre el escritorio con las manos detrás de la cabeza en una pose fingida que dice “qué buena vida”. Es solo un pie. Habíamos estado conversando sobre los planos generales de su serie de televisión The Old Man (FX), en la que su personaje epónimo, un asesino de la CIA supuestamente infame, se presenta al público sin ningún indicio de intriga ni tensión internacional. En cambio, el programa comienza con Bridges sentado en la oscuridad al borde de una cama, lamentándose y suspirando ante la idea de levantarse una y otra vez para orinar. Un reloj de cabecera señala con indiferencia los intervalos cada vez más breves en los que le puede dormir: 1:15, 3:03, 5:42, 6:32 a.m. Más tarde, esa misma mañana y en la misma cama, empieza a hacer el doloroso esfuerzo de ponerse calcetines en los pies avejentados. Al fin y al cabo, interpreta al personaje del título, el viejo.

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Mira: Jeff Bridges le dijo a la muerte "¡te desafío!"

“¿No detestas ponerte calcetines?”, pregunta Bridges, y es entonces cuando —¡sorpresa!— levanta el pie con la sandalia: “¿Ves?”, dice. “¡Es por esto por lo que no uso calcetines!”. Luego comenta las ventajas de las sandalias, y claramente piensa que pueden servirle a alguien. “¡Mira esto, amigo! ¡Son para la recuperación de los pies! No sé si alguno de los lectores tendrá neuroma de Morton; es algo nervioso. Este es el único calzado que puedo usar”. Se ríe, algo entusiasmado y muy contento de tener el calzado adecuado. “¡Son fantásticas, amigo!”.

Al igual que los personajes que a veces interpreta, Jeff Bridges habla entre comas, puntúa el aire con signos de exclamación y termina la mayoría de sus frases con un alentador “¿sabes?” o “amigo”. Desde la casa de Santa Bárbara (California) que desde hace 46 años comparte con su esposa, Susan Geston, Bridges me cuenta historias, gesticula, expone ideas (filosofía, amor, política) por partes, se ríe con soltura y se emociona en la misma frase, que inevitablemente se quiebra. Bridges es muy locuaz. Expresa sus ideas sin rodeos: lo que aprendió en su camino, los bajones de la quimioterapia, las noches en vela por la COVID-19, y sus consejos sobre la importancia de hacer arte, los libros que debemos leer, la mejor música para bailar y cualquier otra cosa que pueda ayudar a su interlocutor. Como me dijo Amy Brenneman, una de sus coprotagonistas en The Old Man: “En muchos sentidos, el trabajo es solo una interrupción de una conversación más larga para Jeff”.

En parte, estamos aquí para hablar de su vida y del trabajo que sigue haciendo a los 73 años. Por eso le pregunto sobre la sencilla frase del título de The Old Man (El viejo), que no alude al oscuro trasfondo de la historia militar moderna, la intriga política, los graves combates, las persecuciones en automóvil y, bueno, la crianza de los hijos, que constituye el eje de la historia. ¿Es una especie de disfraz? ¿O un insulto? ¿Eres realmente el viejo de la historia? Bridges carraspea. “Ahora tengo 73 años, así que supongo que reúno los requisitos”, responde. Frunce los labios y entrecierra los ojos. “Resulta que en la serie somos un grupo de vejestorios: yo, John Lithgow [77]... y Joel Grey [91], que nos gana a todos”. Bridges continúa con una mirada inquisitiva. “Nosotros, de todos modos, si tenemos suerte, todos somos viejos, finalmente”. Si pudiera decirse realmente alguna vez que Jeff Bridges hace una pausa en medio de una de sus narraciones, quizá este sea ese preciso momento. Se queda callado y —así sin más— ya no narra, no está plasmando imágenes como el aclamado fotógrafo en que se convirtió mientras ganaba premios por su labor de actor; no está improvisando como el talentoso músico que ha demostrado ser, en el cine y en la vida real.

Jeff Bridges pondera su última palabra: “finalmente”. Es una palabra tangible, una palabra con consecuencia, una palabra llena de fuerza para él, un hombre mayor que se acerca al final. Esto se debe a que, al principio de la producción de The Old Man, enfermó primero de cáncer —que se detectó en una fase muy avanzada— y después sufrió un episodio casi mortal de COVID-19. Sin embargo, y sin duda, muy pronto comenzará a hablar de todo eso. Enfermó y se acercó a la muerte. Pero resulta que Jeff Bridges se preparó para seguir viviendo, incluso cuando se avecinaba la posibilidad de su fin.

spinner image (Izquierda) Jeff Bridges en The Old Man, y a la derecha una escena de The Big Lebowski.
Jeff Bridges como Dan Chase en "The Old Man" (izquierda) y como The Dude en "The Big Lebowski".
PRASHANT GUPTA/FX NETWORKS/CORTESÍA EVERETT COLLECTION; GRAMERCY PICTURES/CORTESÍA EVERETT COLLECTION

Todo comenzó después de que el elenco y el equipo de The Old Man tomaran un descanso para atenerse a las restricciones impuestas por la pandemia en marzo del 2020. “Durante ese descanso”, recuerda Bridges, “estaba haciendo unos ejercicios en el suelo y sentí algo que parecía un hueso en el estómago. Me pareció raro, pero no me dolía ni nada. Le pregunté a Sue qué opinaba. Me respondió: ‘No lo sé, pero debes hacértelo examinar’”.

Queda claro que está creando un relato con moraleja sobre nuestra tendencia de postergar las consultas médicas: “En aquel momento, me dije: ‘No me duele. No quiero ir al médico’”. En cambio, se fue de viaje a Montana con su esposa. “Estoy haciendo senderismo y me siento muy bien. Tengo mucha comezón en las pantorrillas y pienso: ‘Oh, seguro que tengo la piel seca’. Luego tenía sudores nocturnos, pero pensé que era por las calurosas noches de verano. Pero resultó que eran síntomas de linfoma”.

Al regresar a casa, en la consulta médica que había postergado, le informaron que tenía una gran masa en el estómago. “Estaba haciendo unas escenas de lucha para el primer episodio de The Old Man y no sabía que tenía un tumor de 9 por 12 pulgadas en el cuerpo”. Repite esas medidas varias veces durante nuestra conversación. Parece asombrarse. Se frota el centro del pecho. “Uno pensaría que eso habría dolido o algo, cuando me golpeaban y eso”, comenta. “Pero no fue así”.

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Mientras Bridges recibía quimioterapia, se interrumpió el rodaje después de filmar solo cuatro episodios de The Old Man. Pronto estaba sometido a la vida de la quimioterapia, como un (casi) típico paciente ambulatorio. “Al principio todo iba lento, mientras trabajaban para encontrar el cóctel de quimioterapia más indicado para mí”, explica. Como es natural, el cáncer fue una mala noticia, pero luego Bridges recibió una peor. En enero del 2021, “recibí una carta del centro de quimioterapia en la que me informaban que había contraído COVID-19. Mi sistema inmunitario no estaba en condiciones de combatirla. La quimio lo había destruido, por lo que fue muy muy difícil”. No podía caminar, darse vuelta ni respirar sin una vía de oxígeno, y se debilitó rápidamente durante los primeros días de las cinco semanas de hospitalización. “Para mí”, dice, “el cáncer no fue nada comparado con la COVID-19”.

spinner image (Izquierda) Jeff Bridges tocando la guitarra y a la derecha una de sus pinturas.
(De izquierda a derecha) Jeff Bridges actuando con su banda, The Abiders; uno de los dibujos de Bridges.
GEISLER-FOTOPRESS/PICTURE-ALLIANCE/DPA/AP IMAGES;CORTESÍA DE JEFF BRIDGES

El arte de Jeff Bridges

Jeff Bridges es un artista innato. Hizo su primera aparición cinematográfica en la película The Company She Keeps (1951) con su madre, la actriz Dorothy Bridges, cuando tenía 6 meses. Unos años después, comenzó a aparecer junto con su hermano Beau en Sea Hunt (1958–1961), el exitoso programa de televisión de su padre Lloyd. Logró reconocimiento nacional en la ampliamente aclamada película The Last Picture Show en 1971 y ha estado haciendo películas de todo tipo desde entonces (hasta la fecha, más de 70). Entre sus filmes más destacados se encuentran: Heaven’s GateJagged EdgeTronThe Fabulous Baker BoysStarmanThe Big LebowskiTrue Grit y Crazy Heart, por el que ganó un Óscar.

Pero su alcance como artista no se ha limitado a la televisión y al cine. Es un fotógrafo talentoso con innumerables exposiciones y dos lujosos libros de fotografías tomadas entre bastidores durante las filmaciones. También es un artista de música country y cuenta con tres álbumes como el líder de su propia banda, The Abiders. También pinta y hace cerámica: vale la pena visitar su sitio web (jeffbridges.com - en inglés) para ver la amplitud de su compromiso con el proceso artístico y sus maravillosas creaciones. “La fotografía, la pintura, el dibujo, la actuación: las considero igual”, me dice. “Cada una de estas expresiones es una versión de cómo puedo ser lo más creativo posible, enfocando mi creatividad en algo en particular”.

Al igual que cualquier persona que se adentra en nuevas áreas de expresión, Bridges todavía tiene dificultad para comenzar proyectos de vez en cuando. “Me resisto”, dice. “Soy un tipo perezoso, ya sabes, no me gusta trabajar y todo eso. Lo evito y lo evito, y luego digo: 'Bueno, tengo que hacerlo. Vamos'. Y luego, dejo que la arcilla y mis manos bailen juntas, y a medida que la arcilla se convierte en un tazón de cerámica, me envuelvo. Te envuelves en lo que haces. Sucede".

Él piensa que todos deben probar diferentes formas de arte: “Hay que salirse del medio y dejar que la cosa pase a través de ti”. — T.C.

¿Alguna vez quiso rendirse? Bridges piensa detenidamente en una respuesta. “Recuerdo que el médico me dijo: ‘Jeff, tienes que luchar. No estás luchando’. Pero ya no sabía cómo hacerlo. Simplemente no sabía cómo luchar. Estaba entregado. Me decía a mí mismo: ‘Todos mueren, y ahora es mi turno’. Y me escuchaba decir: ‘Bueno, allá vamos, hacia la siguiente aventura’”. La muerte es parte del envejecimiento, por supuesto, y Bridges menciona el reciente fallecimiento de amigos en su vida con un nudo en su áspera voz. “Hemos perdido a muchos, últimamente. David Crosby acaba de fallecer. Su padre filmó High Noon, una película en la que también actuó mi padre, así que nos conocíamos desde hacía tiempo. Mi querido amigo Jackson Browne acaba de perder a David Lindley, que tocaba la guitarra de acero con pedal. En lo personal, perdí a Peter Bogdanovich, que me dirigió en The Last Picture Show”, nos cuenta. “Me preguntaste por las cosas que les pasan a los hombres mayores. Sus amigos mueren, ¿verdad?”.

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Pero ¿se rindió realmente ante la COVID-19? En gran medida, no. Cuando Bridges se preparaba para su papel en The Old Man, antes de recibir su diagnóstico de cáncer y de contraer COVID-19, el productor de la serie contrató a Christopher Huttleston, un asesor técnico y exagente sénior de operaciones de la CIA, para que asesorara al elenco sobre la interpretación de agentes de alto rango de la agencia. Bridges se dispuso a aprender. “Le pregunté sobre la filosofía de los agentes de la CIA en el frente de batalla. Me dijo que muchos son partidarios del estoicismo, así que estudié sobre el tema y le saqué mucho provecho”. Parte de ese estudio consistió en aprender un principio basado parcialmente en una cita de Marco Aurelio, que se suele citar como “el obstáculo es el camino”.

“Para mí, en aquella cama de hospital, el obstáculo era la muerte. Y ese era el camino. No dejaba de pensar: ‘Este es el problema’, ¿sabes? ‘Este es el reto’. Me pregunté: ‘¿Cómo lo vas a resolver?’. Y pensé: ‘Soy bailarín, oye, y soy músico. Voy a improvisar cómo superar esta situación’, ¿sabes?”.

Esta improvisación no tiene nada de gracioso, no es un eco despreocupado de los personajes que ha interpretado ni de la música que ha creado. Jeff Bridges expresa la forma en que afrontó la posibilidad de morir. En lo que puede haber sido su momento más amargo, se enfrentó a la muerte en vez de temerla.

spinner image Jeff Bridges mientras se recuperaba de la COVID.
Bridges recuperándose de COVID-19 en 2021.
CORTESÍA DE JEFF BRIDGES

“No podía entender cómo se podría luchar contra eso. Así que mi estrategia fue entregarme, que no es lo mismo que rendirme”. Bridges toma aire y elige las palabras con cuidado. “Lo que realmente sentí en aquel momento fue amor. El amor sin duda cobró mayor importancia para mí durante este momento. No solo el amor de las personas que me rodeaban, sino también del que sentía por ellas en mi propio corazón. Así que lo que hice fue más bien entregarme al amor, ¿sabes?”. Lo sé.

Parecería que en su búsqueda, Jeff Bridges esquivó el obstáculo de la muerte armado con una mezcla mágica de profunda curiosidad, voluntad propia, el amor de su familia y un auténtico respeto por la ciencia. Todavía se maravilla de las personas que trabajaron para salvarlo. “Los enfermeros y los médicos fueron simplemente magníficos. Trabajaron mucho, compartieron información, valoraron distintas opiniones. Hubo tanta dedicación, tanta sencillez, tanta belleza”.

Bridges tuvo suerte de que los médicos lograran inducir una remisión relativamente rápida de su linfoma no Hodgkin al someterlo sin demora a una infusión de quimioterapia, seguida de un régimen de quimioterapia por vía oral. Y cuando contrajo COVID-19 en el momento más crítico de su tratamiento de quimioterapia, Bridges tuvo otro golpe de suerte: una defensora incondicional.

“Mi esposa, Sue, fue mi mejor aliada”, afirma. En un principio, la hospitalizaron junto con Bridges a causa de la pandemia, pero al cabo de una semana la enviaron a casa y, tras recuperarse, regresaba para acompañarlo. “Luchó mucho para que no me conectaran a un respirador”, nos cuenta. “Yo no quería hacerlo, y los médicos en realidad tampoco. Pero Sue se mantuvo firme”.

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spinner image Jeff Bridges y su esposa Susan Geston.
Bridges con su esposa Susan Geston (izquierda).
XINHUA NEWS AGENCY/EYEVINE/REDUX PICTURES

Finalmente, lo trataron con “plasma de convaleciente”, el plasma sanguíneo que se obtiene de supervivientes de COVID-19 y que ya contiene anticuerpos víricos. Bridges logró una recuperación lo bastante rápida como para pasar de las semanas en el hospital, a punto de ser conectado a un respirador artificial, a meses de recuperación en su casa. Allí permaneció en un garaje reformado, siempre conectado a tanques de oxígeno. Primero estuvo acostado en una cama de hospital y finalmente en un sillón reclinable de cuero estilo Lebowski, meditando, contemplando su estado físico y haciendo los ejercicios de respiración que le dieron fuerzas para volver a trabajar.

Ahora, mientras hablamos, Jeff Bridges está a unos días de comenzar a filmar la segunda temporada de The Old Man. En general, ha recuperado la salud. El tumor se ha reducido “al tamaño de una canica”, según dice, aunque la recuperación de la COVID-19 se ha prolongado un poco. “Gran parte de la mejoría fue cuestión de plantear objetivos muy pequeños. Al principio me decían: ‘¿Cuánto tiempo puedes estar de pie?’. Durante un tiempo, mi récord fue de 45 segundos antes de derrumbarme. Y luego decían: ‘¡Oh, mira, llevas un minuto de pie! Qué maravilla, ¿ahora puedes caminar 5 pies?’”.

La recuperación no significó de inmediato ningún nivel de optimismo profesional. “No pensé que volvería a trabajar, de verdad”, dice. “Así que al principio dije: ‘Bueno, ya veremos’. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en ‘quizá pueda’. Tengo que admitir que todavía me asustaba la idea de volver a trabajar. Entonces comencé a pensar en mi recuperación como en un regalo que me ofrecían”. Y parte de ese regalo sería la fuerza para acompañar al altar a su hija menor, Hayley, el día de su boda, lo que hizo en agosto del 2021. Y, por si fuera poco, incluso participó en un baile nupcial.

spinner image Jeff Bridges.
MICHAEL BECKER/FX

Bridges parece maravillarse al describir su regreso al rodaje de The Old Man para terminar la primera temporada. “Ahora ya pasaron dos años desde ese paréntesis”, recuerda, respirando hondo. “Volví a trabajar y, vaya, fue como un sueño, como si solo hubiera pasado un fin de semana largo, o algo así. Veía todas las mismas caras en el elenco y el equipo. Muy extraño. Todos demostraron una gran dedicación y perseverancia. Lo terminamos. Es algo que valoro mucho”.

Bridges confiesa que su lucha contra la COVID-19 lo hizo sentirse un poco mayor. Desde que la tuvo, su respiración se torna a veces un poco agitada al hablar, y admite que a veces se siente más confundido que antes.

Además, antes de meditar y hacer estiramientos por la mañana, antes incluso de despertarse del todo, a veces siente lo que él llama “terror matutino”.

“A veces me despierto y digo: ‘Oh Dios, tengo que hacerlo otra vez. Tengo que levantarme y hacer todo esto que no quiero hacer’. Felizmente, todos somos muy creativos y nos contamos historias para explicar por qué sentimos todo eso. ‘Es por eso que me siento mal. Y, oh sí, me había olvidado de eso otro’. Y sigue así mientras estás acostado en la cama, y luego te levantas y te pones en marcha”.

¿Y por qué sigue adelante? En parte, simplemente por la alegría que le produce su vocación. “Tengo la suerte de poder conversar e improvisar con este elenco”, dice de los actores de The Old Man. “Es fantástico volver a hacer lo que te motiva”. Pero siente un impulso mayor al sugerir que él y todo Hollywood deberían cumplir su función de unificar y llevar la alegría al país por medio del arte. “Tengo la sensación de que el momento actual nos exige ser lo más creativos que podamos”, añade. “Deberíamos trabajar todos juntos para hacer algo maravilloso, como hacemos en las películas”.

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