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Para Alan Alda, el poder de la ciencia es una obsesión que quiere compartir con todos

El doctor favorito de la televisión te manda como prescripción reír más... para empezar.

 

In English | Alan Alda no se ha alejado de sus seres queridos debido al distanciamiento social. Poco después de que Alda, de 84 años, y Arlene, de 87 años, su esposa desde hace 63 años, se pusieran voluntariamente en cuarentena en su hogar de Long Island, empezaron a conversar por video con amigos y familiares a través de Zoom, la popular aplicación de videoconferencias.

“La otra noche, tuvimos una cena virtual con tres parejas”, dice Alda, quien usó la función de fondo virtual de Zoom para compartir un bello video de viaje por Italia mientras bebían los cócteles. “En lo digital, les llevo la delantera a la mayoría de mis amigos. Llevo años arreglándoles las computadoras y digo que mi servicio se llama Celebrity Tech Support (apoyo técnico de celebridad). El lema es: ‘¿Por qué dejar que alguien que no sea famoso arregle tus cosas?’”.

Alda termina este chiste con su cautivadora sonrisa de oreja a oreja. Lo sé porque también nos comunicamos por Zoom; su presencia es tan tranquilizadora en la pantalla de mi computadora portátil como lo fue durante todos esos años en la amada comedia televisiva sobre la guerra, M*A*S*H. Su icónico personaje, el cirujano Benjamin Franklin “Hawkeye” Pierce, aportó inteligencia, ingenio y sensatez a un mundo caótico, de manera parecida a como el mismo Alda está haciendo ahora. 


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Actor Alan Alda grabando su podcast en una cabina de sonido. Nueva York, marzo, 2020.

Jesse Dittmar

Alan Alda grabando su pódcast en Nueva York.

Durante las casi cuatro décadas desde que se terminó M*A*S*H —con el que continúa siendo el episodio más visto en la historia de la televisión—, este ganador de seis premios Emmy se ha concentrado en algo mucho más amplio que el mundo del espectáculo. Quiere que todos nos conectemos y nos comuniquemos mejor.

Su podcast, Clear + Vivid with Alan Alda, que se lanzó en el 2018 y ha tenido invitados estelares como Tom Hanks y Paul McCartney, se basa en la comunicación. “Es simplemente dos personas escuchándose mutuamente durante 45 minutos”, dice Alda.

Si existe un tema que se destaque en estas charlas íntimas, es la ciencia. Durante 11 años, Alda (quien se describe como “una interrogante que camina”) fue el apasionante anfitrión del programa de PBS “Scientific American Frontiers”, en el que logró que ingenieros, investigadores médicos y ganadores de premios Nobel, todos muy inteligentes, hablaran más como el resto de nosotros. Convirtió ese trabajo en una misión a tiempo completo. En el 2009, creó el Alan Alda Center for Communicating Science en Stony Brook University en Long Island, donde usa técnicas de improvisación que aprendió durante sus 50 años como actor para lograr que los científicos tengan una actitud más relajada. Unos 15,000 participantes han asistido a las capacitaciones de comunicación de Alda, para aprender a compartir de manera clara y apasionada su labor tan fundamental.

“La gente se está muriendo porque no podemos comunicarnos de maneras que nos permitan entendernos mutuamente”, explicó Alda en su libro del 2017, If I Understood You, Would I Have This Look on My Face? “Eso suena a exageración, pero no creo que lo sea. Cuando los pacientes no pueden conectarse con sus médicos y no hacen lo que les dicen, cuando los ingenieros no pueden convencer a un pueblo de que el dique podría romperse, cuando un padre no puede ganarse la confianza de su hija para que evite usar una droga mortal —todo esto puede terminar muy mal—”.

En estos tiempos, la comunicación sobre la ciencia es más importante que nunca para Alda. Él no solo forma parte del grupo de edad que corre el mayor riesgo debido a COVID-19; además, lucha contra la enfermedad de Parkinson, otro trastorno para el que no existe una cura. Alda no permite que esto lo deprima. Si acaso, los misterios que todavía no se han desentrañado lo inspiran.

“No valoramos lo suficiente nuestra ignorancia”, apunta durante una conversación cándida —y a menudo muy cómica— sobre muchos temas. “La ignorancia es muy buena si se combina con la curiosidad, y los científicos son máquinas profesionales de curiosidad. Todos deberíamos imitar esto lo más posible. Ahora resulta claro que de eso dependen nuestras vidas”.

¿Cómo ha sido su vida desde que empezó la pandemia del coronavirus?

Lo estoy pasando bien, dentro de las circunstancias. El otro día, mientras caminábamos con unos amigos en un área apartada, manteniéndonos a 6 pies de distancia unos de otros, pregunté: “¿Qué es lo mejor que ha sucedido desde que esto empezó?”. Un amigo me miró como si no pudiera creerlo, como, ¿Qué quieres decir con “mejor”? ¿Qué significa bien? Pero he descubierto muchas cosas positivas. Estoy muy feliz con algunos de los cambios que hemos tenido que hacer. Para empezar, mi esposa Arlene [autora de 19 libros] está buscando maneras de ser creativa durante este período. Así que ha vuelto a pintar y dibujar, toca piano todos los días, y está experimentando con la cocina. Mira qué tenemos en el refrigerador, que a veces está casi vacío, y se inventa una comida deliciosa. No he comido así de bien desde la última epidemia.

Actor Alan Alda y su esposa Arlene. Beverly Hills, California, enero, 2020.

Michael Kovac/Getty Images

"La respuesta de Arlene es que el secreto para un largo matrimonio es tener mala memoria".

—Alan Alda al referirse a su matrimonio de 63 años

Durante años, ha luchado para que haya mejor comunicación sobre la ciencia. Como sociedad, ¿entendemos por fin ese mensaje?

Una de las cosas más básicas que he intentado hacer es que la gente entienda mejor cómo funciona la ciencia: la importancia de los hallazgos, la importancia de realizar muchos ensayos y estudios rigurosos, y la idea de que aprendemos solo un poco a la vez. Ningún estudio es la respuesta máxima para todo. Crear conciencia sobre ese proceso ayuda a aumentar el aprecio y el respeto por la ciencia, y nos ayuda a tomar decisiones bien fundadas para nuestras familias y para nosotros mismos.

Lamentablemente, es probable que necesite 25 años más para ayudar a que la cultura confíe en la ciencia en general. Porque hay grupos de personas que todavía piensan que la ciencia es solo otra opinión. Esa mentalidad nos pone en peligro a todos, porque puede contagiar a gente en todo el país. Por eso, me preocupa mucho la actitud casual que muchos tienen hacia la ciencia.

Hay cosas muy positivas. Creo que [el especialista en enfermedades infecciosas] Anthony Fauci está haciendo un trabajo maravilloso. Tiene un pie en el mundo de la ciencia y el otro en el mundo de las creencias. Es como esa escena de una película muda, en la que alguien está equilibrado sobre dos camiones que avanzan y se alejan cada vez más uno del otro. Extiende las piernas lo más que puede... pero Fauci (quien participó en mi podcast en marzo) es quien se acerca más al personaje nacional en quien más confía el resto del país.

La información cambia con tanta rapidez que resulta difícil saber lo que debemos creer

Tienes que verificar la fuente, de dónde proviene. Existe mucha información falsa: haz gárgaras con esto, aguanta la respiración durante 10 segundos. Si la única fuente es “mi primo que conoce a alguien que conoce a alguien en el campo de la atención médica”, esa no es una fuente confiable y puede perjudicar en vez de ayudar. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la Organización Mundial de la Salud, esas son las mejores fuentes, y debes ir directamente a sus sitios web para ver lo que dicen. También siempre que puedo corroboro la información en Snopes.com [el sitio web de verificación de datos]. Pero más allá de eso, de manera fundamental, ahora hay un problema que no hemos tenido antes, y es que estamos viviendo dentro de nuestros propios círculos de parentesco, amistad e información.

¿Tiene algún consejo sobre cómo salirnos de nuestras propias burbujas?

Los científicos a quienes he entrevistado me dicen que es buena idea compartir la información que sabes que es correcta con quienes están afuera de tu círculo. Si conoces a alguien con quien por lo general no te comunicas y que tiene su propio círculo, intenta incluir a esa persona, para poder extender nuestro alcance con información verdadera y además con apoyo. La salud mental es tan importante como la física; están entrelazadas. Estoy hablando como si fuera un experto, pero solo lo he estado estudiando durante 25 años.

Cuando era niño, se recuperó de polio. ¿Qué recuerda de esa epidemia?

Me enfermé cuando tenía 7 años. Tenía la nariz tapada y estuve moqueando toda la noche, mientras estaba en el cine Warner’s. No podía destaparme la nariz. Cuando regresé a casa, vomité y me costaba trabajo caminar. Al día siguiente, tenía el cuello rígido y no podía sentarme en la cama. Mis padres llamaron al médico, fuimos al hospital y me hicieron una punción lumbar. Estuve hospitalizado por dos semanas y luego durante unos seis meses me hicieron un tratamiento ideado por Elizabeth Kenny, la famosa enfermera de Australia. Cada hora, me envolvían las extremidades en mantas casi hirviendo. Fue duro para mí. Creo que fue más difícil para mis padres, quienes no pudieron contratar a un enfermero y tuvieron que torturarme ellos mismos. Siempre es mejor pagarle a alguien para que torture a tu hijo. 

Actor Alan Alda sentado en un sofá y con un espejo al fondo.

Robbie Fimmano

Parece que la enfermedad de Parkinson no lo ha hecho bajar mucho el ritmo, o casi nada. ¿Cuándo supo que la tenía?

En el 2015, leí un artículo escrito por Jane Brody en The New York Times, en el que un par de médicos dijeron que algunos de sus pacientes con la enfermedad de Parkinson tenían un síntoma inicial específico que es poco usual: la gente actúa sus sueños mientras están dormidos. Me di cuenta de que acababa de hacer justo eso. Soñé que alguien me atacaba, y en el sueño le lancé un saco de papas. En realidad, le había lanzado una almohada a mi esposa. Por eso, porque creía que era muy probable que tuviera la enfermedad de Parkinson, fui a consultar a un neurólogo y le pedí que me hicieran una tomografía del cerebro. Me examinó y dijo: “No creo que necesites una tomografía, porque no tienes ningún síntoma”. Dije: “Bueno, de todos modos, me gustaría que me hagan una tomografía”. Luego me llamó y dijo: “Es verdad, eso es lo que tienes”.

Increíble. ¿Cuál fue su reacción?

Comencé a hacer ejercicio. Muchos se enteran de que tienen la enfermedad de Parkinson, se deprimen y se dejan llevar por el pánico, y no hacen nada, solo esperar que se les quite. No sucederá, pero puedes aplazar los peores síntomas. Los movimientos ayudan: caminar, montar bicicleta, usar cintas caminadoras. Pero también cosas específicas: me muevo mucho al ritmo de la música. Una persona capacitada para tratar la enfermedad de Parkinson me da clases de boxeo. Hago una tanda completa de ejercicios diseñados específicamente para esta enfermedad. Si te diagnostican esto, no es el fin del mundo.

Ha incorporado la enfermedad de Parkinson en papeles que desempeñó en la película Marriage Story y en el programa televisivo Ray Donovan. El temblor de ese personaje era peor que el suyo, ¿no es cierto?

Cuando me filmaban la mano en primer plano, se supone que debía temblar, así que tuve que fingirlo. La mano no me temblaba tanto; ahora podrían grabar varios temblores. 


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Alda acerca de Alda

Alan Alda en una escena de la película The Aviator.

Miramax/Courtesy Everett Collection

Alda as Sen. Ralph Owen Brewster in "The Aviator."

PELÍCULAS

  • The Aviator (2004) “Esa fue divertida, Scorsese nos apoyó mucho".
  • The Seduction of Joe Tynan (1979), escrita por Alda. “Durante ese tiempo, me preguntaron si quería postularme como candidato”.
  • The Four Seasons (1981), dirigida por Alda. “Es el proyecto que más quiero; dos de mis hijas participaron".
Actores de la serie de televisión M*A*S*H: Jamie Farr, David Ogden Stiers, Mike Farrell, Alan Alda, William Christopher, Loretta Swit, Harry Morgan

20th Century Fox/Courtesy Everett Collection

El elenco de "M*A*S*H.

TELEVISIÓN

Episodio final de M*A*S*H (1983), dirigida por Alda. “Incluso cuando la serie de puso tonta, quisimos respetar la realidad de las vidas de estas personas".

Han pasado casi 40 años desde que terminó M*A*S*H. ¿Cree que un mujeriego parrandero como Hawkeye Pierce podría sobrevivir en la televisión en la actualidad, en la era del movimiento #MeToo?

Hasta en aquella época, como probablemente sabes, yo era un feminista muy franco y no solo hablaba de eso. Intentaba, desde todo punto de vista, trabajar en mi vida con esa perspectiva. En M*A*S*H, incluso antes de empezar a grabar, tuvimos muchas discusiones para ayudar a cambiar la visión sobre el personaje del enfoque de un muchacho de escuela. Pude ganar muchas de esas discusiones, pero perdí algunas y lo siento mucho. Ese personaje fue un producto de los tiempos y fue aceptado por la cultura, en particular por los hombres. No tanto por las mujeres. Por suerte, ahora es difícil defender ese tipo de comportamiento ofensivo. No se da por sentado que sea aceptable y eso es progreso.

Arlene y usted se casaron hace 63 años. ¿Cuál es su secreto?

La respuesta de Arlene es que el secreto para un largo matrimonio es tener mala memoria. ¿Mi respuesta? Amor. Hasta cuando le estás gritando a esa persona —y le gritarás—, no te olvides de que esa es la persona a quien amas más que nada. Eso te cambia el tono. Por eso, no dices: “¡Te odio!”. Dices [Alda empieza a cantar]: “Te o-o-o-o-dio”.

Tiene tres hijos y siete nietos. ¿Se siente optimista sobre su futuro?

Con un mundo que cambia tan rápido, no tiene sentido ser optimista ni pesimista sobre nada. Solo hay que navegar la incertidumbre, porque eso es todo lo que tenemos. Una pregunta que realizo cuando cenamos con amigos es: “¿Cuánto tiempo creen que durará nuestra especie?”. Los científicos me dicen que la especie promedio, cuando tienes en cuenta a los dinosaurios, a las moscas de la fruta y todo, dura unos 2 millones de años. Entonces, mi pregunta es: ¿Creen que seremos lo suficientemente afortunados para llegar al promedio? Si no tenemos cuidado, podemos extinguirnos. Y si no somos lo suficientemente inteligentes para cuidar lo que nos brinda la naturaleza, ¿quién sabe cuánto duraremos?

Entonces, ¿qué es lo mejor que pueden hacer los seres humanos?

¡Reírse! La risa es buena. Ese es uno de los mayores beneficios de este aislamiento. Mi esposa y yo nos reímos más que nunca. Cuando te ríes, eres vulnerable. Te abres y no te proteges. Es por eso que muchos ejecutivos no se ríen mucho, porque creen que renuncian a su fuerza. Pero se gana tanto por medio de la vulnerabilidad. Dejas entrar a la otra persona y eso nos acerca más a todos. Incluso ahora, no deberíamos tomarnos demasiado en serio. Un buen amigo me mandó hace poco un correo electrónico que decía: “Alan, ¿cómo te va? ¿Qué tal todo?”. Así respondí a su correo: “Todavía estoy vivo. Si eso cambia, te avisaré”.

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