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‘Roma’: Pasado inhabitado

El director mexicano Alfonso Cuarón recrea su infancia y le rinde homenaje al pilar de su familia.

DIRECTOR: Alfonso Cuarón
GUION: Alfonso Cuarón
ELENCO: Yalitza Aparicio (Cleo), Marina de Tavira (Mamá), Fernando Grediaga (Papá), Diego Cortina Autrey (Toño), Carlos Peralta (Paco), Marco Graf (Pepe) y Daniela Demesa (Sofi)
FOTOGRAFÍA: Alfonso Cuarón
DURACIÓN: 135 minutos


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Se dice que “el pasado es un país extranjero” y en el caso de Roma, es doblemente cierto. Como un visitante lejano, el director Alfonso Cuarón, de 57 años, recuerda al niño que fue de 9 y a su México natal —terrenos que le son ajenos desde hace mucho—. La memoria entonces solo puede ser honesta si es física y material y Cuarón recrea meticulosamente el espacio donde transcurrió su infancia, pero los sentimientos no son suyos. En Roma, el director cede el escenario a su niñera, una abnegada joven mixteca que sufría su propio drama íntimo mientras asistía al de la familia para la que trabajaba. Es como si al darse cuenta en retrospectiva del dolor por el que pasaba Cleo, Cuarón haya querido darle el lugar que no tuvo en su momento: el protagonismo en una tragedia —el divorcio de sus padres— que él percibía únicamente como suya. Cleo se convirtió en el pilar de la familia; sin ella, no hubieran podido superar el difícil trance. El niño Cuarón no sabía lo que padecía en ese momento Cleo, pero el adulto sí, y Roma es un homenaje a ella.

La primera escena los contiene a ambos. Pequeños torrentes de agua fluyen hacia una coladera, haciendo remolinos antes de desaparecer. En el reflejo vemos un avión cruzando el cielo. Cleo es la que empuja el agua con su escoba limpiando el garaje de las heces que deja el perro de la familia. El agua aparece como una constante, como el elemento por el que se deslizan los recuerdos. Más adelante, está presente en forma de lágrimas, lluvia, líquido amniótico, océano y más, como fuerzas de la naturaleza que de diferentes maneras contiene Cleo. Ella los consuela cuando lloran porque el padre los abandona, cuando llueve los tapa, higieniza, pone en orden, despeja el camino para que transite libremente la vida de la familia. No por nada la palabra fámula (sirviente) viene del latín famŭlus, familia. Ella es, y se siente, pilar fundamental de esa pequeña comunidad. Con fotografía en blanco y negro, Cuarón reproduce cada detalle de esa colonia Roma de la Ciudad de México que habitó en su infancia en los años 70: el piso de azulejos, la casa amplia pero descuidada y en permanente desorden a pesar de los esfuerzos de Cleo y la otra empleada doméstica por mantenerla. Sofía es la agobiada mamá de cuatro hijos (Cuarón sería el segundo). Es un hogar de mujeres y niños hasta que aparece el papá como un portento. Se corre la voz de que esa noche llegó temprano, por lo que todos lo podrán ver. El hombre llega en un enorme auto que tiene que maniobrar trabajosamente para no rayarlo al entrar por la estrecha puerta del garaje. Como el coche que no entra, su presencia en la casa interrumpe el flujo de la familia; se siente violento, forzado.

Escena de la película Roma del mexicano Alfonso Cuarón

Carlos Somonte

En la película 'Roma', Alfonso Cuarón regresa a su infancia.

Se congregan todos felices en la entrada para recibirlo. Él, por el contrario, viene malhumorado, pisa las heces del perro y se queja de que todo en esa casa es un desorden. De todas maneras, se sientan juntos a cenar. Cleo y la otra empleada lo hacen en la cocina. Ya en la intimidad de la habitación de la pareja escuchamos una discusión acalorada. En unos días más el “jefe de familia” los abandona para irse a vivir con su amante. Al principio Sofía les dice a los niños que su papá esta de viaje, pero cuando se acerca la Navidad y no regresa, se ve forzada a decirles la verdad. Sofía esta desolada, pero Cuarón no habla de su madre, sino del rol que vino a ocupar Cleo en su lugar. Sobre todo, quiere hablar de la propia maternidad de Cleo. Mientras se tiene que ocupar cada vez más de familia que tanto la necesita, la muchacha vive su propio drama. Se enamora del primo de una amiga y este la seduce. Cuando Cleo le dice que está embarazada, el abusivo novio se desaparece. Cleo sufre en silencio, mientras apoya el desmoronamiento de la familia. Cuarón recuerda, reproduce, recrea, pieza por pieza, pero no está con Cleo sintiendo la historia. Finalmente, no es su historia y el respeto por ese secreto que conoció años después lo mantiene a distancia.

Roma es una experiencia sensorial, más que emocional. Es como si el director hubiera querido hacer un documental sobre la vida de Cleo. La meticulosa puesta en escena ha sido comparada con otros magistrales recuentos del pasado como la novela En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Una comparación más pertinente tendría que ser Al faro, la autobiografía de Virginia Woolf, en la que la misma escritora no aparece. Para Woolf, solo en retrospectiva vivimos realmente, recreando en nuestra memoria los eventos a los que estamos demasiado cerca para poder sentir mientras ocurren. En Roma, Cuarón logra, de alguna manera, lo que se propuso Woolf en su autobiografía: “capturar el grano de arena antes de que la ola de la vida se lo lleve”. Una ilusión, un espejismo, quizás, pero es suyo para siempre.

Nota: Roma estrena en Estados Unidos el 5 de octubre en el New York Film Festival y llegará a los cines del país en diciembre.

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