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Ricardo Darí­n y el pensamiento como herramienta actoral

El actor argentino, estrella de 'La cordillera', habla de su personaje y la hermandad latinoamericana.

Ricardo Darín

Pablo Cuadra/WireImage/Getty Images

Ricardo Darín da vida a un mandatario en medio de una cumbre de naciones.

Prácticamente, no hay película argentina contemporánea que no tenga a Ricardo Darín en su elenco. El actor, guionista y director ha protagonizado las últimas tres películas de ese país en ser nominadas para el Óscar en la categoría de Mejor Película de Lengua Extranjera: El hijo de la novia (2001), El secreto de sus ojos (ganadora en el 2009) y Relatos salvajes (2014).

Nacido en Buenos Aires en 1957, Darín comenzó su carrera a los 10 años participando en una obra que protagonizaban sus padres. Después trabajó muchos años en la televisión hasta dar el salto al cine en películas como Nueve novias (2000) que lo lanzaron al escenario internacional. El actor proyecta, tanto en el cine como en persona, una bonhomía y una caballerosidad evocativa de otros tiempos, sin dejar de ser totalmente moderno. Como Hernán Blanco, el presidente de Argentina en La cordillera, Darín encuentra el personaje que mejor aprovecha esa combinación de galantería con un dejo de ambigüedad moral que se ha vuelto su sello.

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Tu personaje en La cordillera dice: “El mal existe. No se llega a Presidente si uno no lo ha visto alguna vez”.

Sí, no se puede ser ingenuo. Pero hay gente que está enfocada en el bien común, del pueblo. Otras que no, y eso existe. No lo podés desconocer. Blanco fue intendente y luego gobernador y es imposible que en ese derrotero no se haya cruzado con cosas malas y haya tenido que mirar para otro lado. No creo en la inocencia de nada. Mucho menos en política. Por otro lado, no tengo en claro cómo funcionan las cosas. La mayoría no lo sabe. Estamos plagados de información de imágenes y de datos sobre las figuras públicas, pero difícilmente conocemos su interior. Me encanta la fusión que hace La cordillera de esa bipolaridad de tener una cara visible a la que hay que responder las veinticuatro horas del día y al mismo tiempo tener que arrastrar sus propias vidas; se nos olvida que son seres humanos.

De entrada, la imagen que proyectas en tu personaje es de una persona buena que nos da confianza. ¿Esa era la intención; que de entrada el público esté del lado de Blanco?

No, yo creo que la idea es que no proyecte otra cosa que lo que todo buen político logra:  cercanía, proximidad, credibilidad y un equilibrio entre propuestas y estar abiertos a escuchar las demandas y necesidades del pueblo. Difícilmente los políticos van a decir cosas que los expongan como realmente son. La gente debe saber eso y no engañarse. Blanco no escapa a ese concepto general político. Blanco es un hombre que cuando empieza esta historia no lleva más de seis meses en el poder. Lo que nos hace suponer que está realmente atento y preocupado por la construcción del poder para ir solidificándose.

La cordillera, como accidente geográfico, es una gran metáfora de una columna vertebral que une a todos los latinoamericanos.

El idioma nos une, tenemos un pasado en común, pero hay también una falsa hermandad. Esa tan buscada fraternidad latinoamericana para transformar la región en algo mucho más poderoso, es una ambición muy buscada, es una gran esperanza de tiempo inmemorial. Pero también es cierto que las democracias latinoamericanas son muy jóvenes. Yo creo que cuando el tiempo haga su trabajo, nos demos cuenta de que realmente nuestra mejor opción es quizá que esa tan mentada fraternidad deje de ser una metáfora y se convierta en una realidad.

¿Hollywood podría verse como la cordillera que hay que cruzar para alcanzar la verdadera fama internacional?

No sé si Hollywood es la cordillera. Tiene una representatividad histórica para Latinoamérica muy importante, y entiendo a los actores de habla hispana que tienen como meta trabajar en Hollywood, pero creo en la importancia de poder trabajar en tu propio idioma. Yo creo que no hay ninguna herramienta más importante para un actor que el pensamiento. Y es muy difícil pensar en un idioma que no sea el natal, el de tu sangre, el de tu familia, el de tus amigos. Es muy difícil pensar en otro idioma. Algunos lo consiguen y lo hacen muy bien y han logrado engañarnos y los felicito. A mí no me sale con tanta facilidad.

¿Crees que un artista debe opinar abiertamente de política?

Debemos estar atentos a cuáles son las cosas en las que podemos caer engañados o no. Tener una libre opinión independiente, eso sería ideal, no estar intoxicado de ninguna tendencia. Separar lo que es tu trabajo específico de lo que es tu cara visible socialmente para poder decir lo que realmente piensas en algunos lugares es bastante difícil, por no decir peligroso.

Tus padres también eran actores. ¿Sentiste el peso de la responsabilidad de tu apellido cuando forjabas tu propia carrera?

No. Nunca. Yo soy bastante irresponsable y nunca fui demasiado consciente de nada hasta ahora que tengo la cantidad de años adecuada como para poder mirar para atrás. Pero normalmente nunca miro para atrás, no he sentido la responsabilidad de tratar de hacer las cosas lo mejor posible y abrazar el oficio de mis padres y eso me da mucho orgullo y yo sé que a ellos también se los he generado. Así que en ese sentido estoy empatado.

Reseña: 'La cordillera'

Ricardo Darín encarna a un presidente de Argentina cuyos líos familiares afectan los hilos del poder.