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<i>The Company Men</i>

Sienta el dolor de perder su trabajo y comenzar todo de nuevo.

  
Clasificación R

In English | De vez en cuando, Hollywood lanza una película que refleja la realidad del momento... y acierta. Ese es el caso de The Company Men (Los ejecutivos leales), el debut en la gran pantalla del director y escritor John Wells, que produjo programas de televisión como ER (Urgencias), The West Wing (El ala oeste de la Casa Blanca), Third Watch (Turno de guardia) y China Beach (Playa de China). The Company Men narra la historia de los recortes de personal debidos a la recesión actual. ¿A quién le importa si los empleados estaban acostumbrados a sus sueldos jugosos y a viajar en jet privado? Todo eso es parte de la idiosincrasia corporativa estadounidense del siglo 21 que nos metió en problemas en un principio. Como ejecutivo del conglomerado GTX, Gene McClary (interpretado magistralmente por Tommy Lee Jones) se lamenta en una de las escenas de la película que más hacen pensar: "Solíamos hacer algo aquí, antes de perdernos en el papeleo y los informes de costos".

Así es. ¿Cuántos de nosotros conocemos a alguien que trabajó (o trabaja) para una empresa que ha hecho varias rondas de recortes de personal no porque no hubiera trabajo sino para aumentar el precio de las acciones y las bonificaciones? Esa parte de The Company Men le dará rabia. Las consecuencias, que son el trasfondo de la película, lo harán llorar.

Y llorar con convicción es lo que hace el protagonista de The Company Men, Bobby Walker cuando por fin se da cuenta de que ya no puede continuar con su farsa de riqueza —el Porsche en el garaje, los hoyos diarios en el campo de golf del club, la casa de 5.000 pies cuadrados— sin un cheque. Ben Affleck tiene una interpretación extraordinaria de Walker, un hombre casado, padre de dos hijos pequeños. Cuando finalmente despierta a su nueva realidad y reconoce que un trabajo así de bueno no va a surgir de la nada, llora en brazos de su esposa (Rosemarie DeWitt), que lo alienta pero no se anda con miramientos. "Soy un perdedor desempleado de 37 años", se autocompadece. Después se traga el orgullo y encuentra empleo gracias, en parte, a su cuñado, a cargo del convincente (incluso en el acento bostoniano) Kevin Costner, un constructor que pone un martillo y clavos en manos de Walker.

Al menos Affleck tiene el beneficio del tiempo. Sus superiores, a quienes también despidieron, son hombres bien entrados en la mediana edad para quienes empezar de cero no es una opción fácil. McClary, uno de los fundadores de GTX, está desanimado por el mundo corporativo y separado de su esposa, quien se regodeaba demasiado en el éxito. Phil Woodward (Chris Cooper), un empleado que estuvo 30 años con la compañía, amenaza con propulsar un fusil AK-47 con su ira. Al final (menos mal) lo inmoviliza la idea de defraudar a su esposa y a su hija universitaria, a quien adora.

Sin embargo, nunca es tarde para volver a examinar nuestras prioridades y ese es el mensaje que emerge de la sensatez sombría de The Company Men. Aunque, para algunos, las escenas finales de la película pueden parecer demasiado simplistas y optimistas, el impactante guión y la matizada dirección de Wells de este reparto estelar nos permiten salir de la sala con la creencia de que, en última instancia, lo que importa es la gente y no lo material.

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