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<i>Margin Call</i>: el dinero o la moralidad

Kevin Spacey y Demi Moore ocupan Wall Street en esta película de suspenso financiero.

 

Director: J.C. Chandor
Clasificación: R (menores acompañados)
Duración: 105 minutos
Protagonistas: Stanley Tucci y Kevin Spacey


In English | Una alegoría moral de ritmo emocionante sobre un sistema económico fuera de control, Margin Call es una película de suspenso, contenida pero inquietante, un drama financiero que deja al espectador con el tipo de agotamiento que sobreviene cuando uno ha pasado una noche en blanco, avivado por la cafeína.

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Lo mejor de todo es que el escritor y director J.C. Chandor ha reunido uno de los mejores elencos cinemáticos que se ha visto en mucho tiempo. Kevin Spacey, Jeremy Irons, Demi Moore, Stanley Tucci y Simon Baker, entre otros, interpretan a empleados de diversos niveles en un banco de inversiones neoyorquino. Es el 2008 y un joven analista de riesgo (Zachary Quinto) acaba de descubrir que el mercado de viviendas —que todos saben se va a pique— está a punto de echar abajo la cartera de inversiones del banco y el mundo financiero completo. Según parece, la ecuación que el banco utilizaba para determinar el nivel de riesgo aceptable era errónea, producto de errores temerarios. Y como observa el ejecutivo que interpreta Baker, hombre autosuficiente pero en última instancia despistado: "Hay $8 millones de millones de papel en el mundo que dependen de esa ecuación".

En la hora que sigue, presenciamos una serie cada vez mayor de pleitos destinados a contener un desplome vertiginoso, o por lo menos minimizar los daños causados dentro de su manzana particular de Manhattan.

Dicho sea de Margin Call que no pinta villanos fáciles, al menos no villanos humanos. En efecto, desde el principio, todos los personajes que conocemos son víctimas de un sistema monolítico que rechaza todo esfuerzo por domarlo. De entrada, nos enteramos de que un 80 % de los empleados del banco están siendo despedidos, aún antes de que se descubra el tsunami económico que se aproxima. Los que quedan se encorvan diligentemente ante las siempre encendidas pantallas de sus computadoras y vuelven a vender productos cuya naturaleza sólo entienden de manera nebulosa. En momentos de ocio, discuten cuánto ganan sus jefes, y sus jefes a la vez gastan sus millones tan rápido como los ganan, enterrándose cada vez más en huecos económicos que ellos mismos han cavado, pero siempre con confianza que el negocio crecerá en proporción a su ostentoso consumo. La plana mayor está compuesta de hombres que ven "el panorama general" y nunca se molestan con los detalles de sus gigantescos negocios (cosa que conviene a los espectadores, porque constantemente les piden a los soldados rasos que les expliquen la catástrofe que se avecina "en términos sencillos").

Un inocente joven analista, Quinto, es el centro de la película, pero Kevin Spacey en el papel de Sam, el jefe presa de sentimientos encontrados, es el corazón de Margin Call. Desde que aparece en escena, no sabemos qué pensar de Sam. Al principio, lo vemos llorando en su oficina cuando ve recortar su planilla, pero pronto descubrimos que no llora por ellos, sino por su moribundo perro. Al menos, eso es lo que dice. Durante toda la película, Spacey y su guionista-director juegan a los escondidos con Sam, que oscila entre visionario, cobarde, mercenario y hombre de principios. Sus contradicciones hacen eco de las del sistema que él representa: gran instrumento de prosperidad universal y a la vez cínico ejercicio de avaricia.

A pesar de la abundancia de escenas en que los personajes explican la debacle a otros —y a nosotros— Margin Call se trata mayormente del silencio. Con valor, casi con temeridad, Chandor permite a sus personajes caer en largos períodos de reflexión. Observan por la ventana la negrura parpadeante de Manhattan, escudriñan las caras de sus compañeros buscando fragmentos de revelación, miran el vacío, sus pensamientos reflejados en los expresivos ojos del espectacular elenco. Es territorio peligroso para cualquier realizador. Mal hecho, un film así pudiera acabar siendo una parodia de una mediocre película de arte de los años 60. Pero Chandor, seguramente con la ayuda del talento y la experiencia de sus actores, logra que prácticamente todo momento de silencio resulte convincente. Esto es particularmente cierto de una escena extraordinaria, a una hora de empezada la película, cuando el presidente de la compañía, interpretado con sonriente bravuconería por Jeremy Irons, detiene súbitamente a las 3 de la madrugada una reunión de la junta directiva cuando va a la ventana, mira fijamente la noche y dice... absolutamente nada. En ese momento, vemos lo que él ve: sólo una oscuridad impenetrable como la muerte.

Al final de Margin Call, incluso después de la última escena, la música ingeniosamente sobria, casi subliminal, de Nathan Larson da paso al sonido de una pala que cava... cava... cava. Sería reconfortante pensar que es el sonido de una sociedad que entierra su pasado para comenzar de nuevo... pero lo más probable es que sea el crujido de una laboriosidad condenada al fracaso, un mundo que se cava un hueco cada vez más profundo del que nunca podrá escapar.

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