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Antonio Banderas, corazón de español

El hombre de familia más sensual de Estados Unidos habla sobre películas, el matrimonio y cómo mantenerse monógamo.

In English  | Si usted define a un hombre a partir de sus perros, Antonio Banderas es feliz, hospitalario y complaciente. Sus tres mascotas —un boxer, un pitbull mezclado con Labrador y uno sin raza definida— corren hacia mi auto apenas avanzo por la entrada de su casa del año 1925, de estilo colonial español, en el corazón de los Ángeles. Banderas —de aspecto rudo y relajado, con camiseta, pantalones tipo paracaidista y zapatillas de tenis— me recibe con una sonrisa amplia en la puerta principal y me presenta sus mascotas: Velvet, Jack y Elliott. Mientras le estrecho la mano a su apuesto dueño, pienso: “Perros afortunados”.

Vea también: La perspectiva de Melanie Griffith.

Banderas me guía hasta un estudio con paredes repletas de libros. Creció en Málaga, España, cuando el dictador Francisco Franco aún estaba en el poder. Hoy tiene 51 años y hace 20 que se mudó a Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los más exitosos actores de Hollywood provenientes de Europa, de nuestros tiempos. Ha representado papeles completamente diferentes en películas como Evita, The Mask of Zorro (La máscara del Zorro), Spy Kids (Niños espías) y la saga de Shrek, por lo que ha debido transformarse de candente símbolo sexual a héroe de acción, a aventurero cómico a… ¿un gato? Este año volvió a doblar al personaje principal de la película Puss in Boots (El gato con botas). “Gato (Puss) tiene un corazón enorme, es muy audaz, muy travieso, muy romántico”, señala el director de la película, Chris Miller. “Yo diría que se parece mucho a Antonio”.

Mientras charlamos, Maxwell, uno de los dos gatitos de la familia, sube sigilosamente por el respaldo del sofá donde me siento. Más de una vez, Banderas se levanta y, suavemente, pone a Maxwell en el suelo. (“Gato afortunado”, pienso.) La calidez y afabilidad del actor —su encanto informal y sensual— son rasgos bien conocidos entre sus colegas y amigos. “Hace que todos a su alrededor se sientan relajados”, cuenta Robert Rodriguez, que actuó con Banderas en Desperado, en 1994. “Es muy generoso y uno de los tipos más tiernos que conozco”.

Esas cualidades de buen tipo se hacen especialmente evidentes cuando Banderas habla sobre su papel fuera de la pantalla, como hombre de familia, que comenzó a interpretar en 1996 al casarse con Melanie Griffith. (Su primer matrimonio, con la actriz española Ana Leza, terminó en divorcio.) En aquel momento, Griffith, que ahora tiene 54 años, tenía dos hijos —Alexander, de su matrimonio con Steven Bauer, y Dakota, de su matrimonio con Don Johnson—, y Banderas asumió con entusiasmo el rol de padrastro. Banderas y Griffith pronto tuvieron una niña, Stella, que ya cumplió los 15, y a partir de entonces, lograron una excelente armonía familiar.

Banderas admite que, por momentos, él y su esposa han tenido dificultades, especialmente por la adicción de Griffith a las drogas. (Griffith habla con total franqueza de su matrimonio y del camino a la sobriedad en La perspectiva de Melanie, página 60.) Pero los desafíos, según él, sólo han fortalecido su relación. Mientras hablamos sobre los deslices de los famosos, Banderas revela su opinión sobre cómo las parejas —incluida la suya— pueden mantener viva la pasión.

Y yo pienso: “Qué afortunada es Melanie”.

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P: Cuando vino a EE. UU. para hacer The Mambo Kings (Los reyes del mambo), era un consumado actor en España, pero no hablaba inglés. ¿Le costó adaptarse?

R: Fue difícil. Yo vivía en Nueva York, y comencé a ir a la escuela de idiomas Berlitz dos meses antes de empezar a filmar, y estudiaba ocho horas diarias. Pero hacer la película no fue lo más difícil. El problema era vivir en un lugar donde no entendía a nadie. Estaba en un hotel y tenía miedo hasta de llamar al servicio de habitación. Sobre la misma calle del hotel había una tienda de comidas preparadas, y vi a un hombre con una placa de identificación que decía “Rodríguez”. Yo bajaba casi siempre para hablar con Rodríguez, también compraba algunos sándwiches y los llevaba a mi habitación.

P: ¿Cómo surgió la oportunidad de venir aquí?

R: Había hecho un montón de películas con el director español Pedro Almodóvar, y una de ellas, Mujeres al borde de un ataque de nervios (Women on the Verge of a Nervous Breakdown), resultó nominada para un premio de la Academia. Vine a Los Ángeles para la ceremonia de entrega de premios, conocí a algunos agentes y, finalmente, me pidieron que leyera el guión de Los reyes del mambo. Pensé que haría la película, volvería a Europa y que solamente sería una linda anécdota que podría contarles algún día a mis nietos.

P: Muy poco tiempo después, hizo Philadelphia (Filadelfia), junto a Tom Hanks, y, luego, Desperado. ¿En qué momento se dijo: “De acuerdo, estaré aquí por un tiempo”?

R: Cuando conocí a Melanie y le tuve que decidir dónde viviríamos. Ella tenía dos hijos, y los niños tenían a sus respectivos padres en Estados Unidos. Hubiera sido muy complicado si nos hubiéramos mudado a Europa, porque esos niños tenían que visitar a sus padres. Los niños no pueden pagar el precio por la historia de amor que había entre Melanie y yo. No podíamos subirlos cada 15 días a un avión. Yo estaba solo —no tenía hijos de mi primer matrimonio—, de modo que estaba claro: Yo era el que debía ceder.

P: ¿Sintió esa decisión como un sacrificio?

R: La verdad es que no. Si ella hubiera vivido en Uganda [risas], seguro. Pero estamos hablando de Estados Unidos de Norteamérica, un país realmente sensacional.

P: Usted ha hecho muchas películas. En la más reciente, el filme de dibujos animados El gato con botas, usted representa a un gato. ¿Qué opina del personaje de Gato?

R: Significa mucho para mí, pues yo llegué a este país sin hablar una palabra de inglés. Cuando me llamaron para hacer el Gato con botas para Shrek 2, en el 2003, y me pidieron usar mi voz para el personaje, me sorprendió mucho.

P: En ese entonces, ya se había casado con Melanie Griffith. ¿Qué lo atrajo de ella?

R: Yo admiraba a Melanie desde mucho antes de conocerla. Recuerdo estar viendo  Working Girl (Mujer trabajadora) en Madrid y pensar: “¡Caramba, es tan hermosa, tan especial!” Y la noche de los premios Oscar, cuando vine por Mujeres al borde de un ataque de nervios, la vi sobre la alfombra roja, pero no podía recordar su nombre. Pedro Almodóvar dijo: “¡Es Melanie Griffith, idiota! ¡Está nominada para un premio de la Academia esta noche!” Seis años después de eso, ¡estábamos casados!

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P: Se conocieron cuando coprotagonizaron la comedia Two Much (Loco de amor), en 1995. ¿Cómo pasaron de una relación profesional a una personal, romántica?

R: Creo que ambos estábamos descontentos con nuestras respectivas relaciones en ese momento. No cargaría ninguna culpa sobre las espaldas de las otras personas. A veces, las cosas simplemente no funcionan, y así es la vida. Pero ambos reconocimos que no estábamos contentos. Y, además de dulce, vulnerable y divertida, también la percibía muy inteligente y generosa. La veía con sus hijos, y era tan hermosa como madre. A veces pasa que uno se conecta con su coprotagonista. Es normal. Pero al finalizar la película, es como apretar “borrar”; cada uno se va a su casa y todo termina. Pero eso no sucedió. Continuamos llamándonos por teléfono todo el día. Y un día, tuvimos que enfrentarlo. Y lo hicimos. Y no fue sencillo.

P: ¿Cómo fue convertirse en padrastro?

R: Fue duro, porque los niños tenían que aceptarme y yo no tenía ninguna experiencia. De repente, tenía una niña de 6 años y un niño de 10, y casi inmediatamente llegó Stella. Yo pensaba: “¡Oh, Dios!” Pero en cuanto los niños supieron que no me iba a ir, estuvieron bien. Necesitaban tierra firme donde crecer. En cuanto me di cuenta de eso, comencé a establecer mi relación, dándoles seguridad, haciendo, poco a poco, cosas de padre.

P: ¿Cuánto tiempo tomó ese proceso?

R: Les tomó menos de un año darse cuenta de que yo no era algo temporal.

P: ¿Son muy apegados ahora?

R: Sí. Me llaman Paponio: de Papá y Antonio. Pero Dakota ya tiene 22 años, y hace películas. Y Alexander, tiene 26 y vive en Nueva York. Y su mamá y yo ya llevamos 17 años juntos.

P: Eso es mucho tiempo para un matrimonio de Hollywood. ¿Cuál es su secreto?

R: El secreto está en que ambos tuvimos fracasos previos. Y el amor, al principio, es un aluvión. Es grande, lleno de energía, hermoso. Pero no dura así. Melanie y yo hablamos mucho sobre eso. ¿Vamos a cometer el error de pasarnos todo el tiempo mirando hacia atrás en busca de eso? ¿O vamos a mirar hacia adelante y crear universos diferentes? Elegimos lo segundo. Eso que había al principio desapareció, pero se convirtió en algo mejor. Descubrimos el valor y la calidez de la familia, y lo que es el hogar, y que juntos podemos ser más fuertes. Y eso que creías perdido vuelve, y te vuelves a enamorar. Aun durante las crisis, hemos sido lo suficientemente pacientes para detectar luz al final del túnel. Hemos tenido tantos problemas como las demás personas. Nunca lo ocultamos. Nos hemos abierto con respecto a las adicciones, en el caso de Melanie. Ella ha superado sus problemas maravillosamente. No sabía que ella era tan fuerte. Hace que la ame incluso más, porque ha luchado como una leona, y lo logró. La última [recaída] fue hace tres años, y sólo nos unió y fortaleció.

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P: Cuando ella retomó el tratamiento,  ¿cómo los unió y fortaleció eso?

R: Toda la familia participó. Hicimos todas las terapias juntos, los niños, todos. Fue una experiencia única, no sólo para Melanie. Finalmente, resultó muy reconfortante.

P: Mucha gente quiere mantener este tipo de problemas lejos de sus hijos.

R: Fingir es lo peor, porque los niños son muy astutos. Pueden ver a través de todas esas cosas, y si no se habla francamente de los problemas, se genera un espacio muy oscuro. Y cargan con eso toda la vida, y lo trasladan a sus matrimonios, a sus hijos.

P: ¿Quién decidió sincerarse con ellos? ¿Usted o Melanie?

R: Melanie. Fue ella.

P: ¿Podemos hablar sobre la fidelidad y los casos que han aparecido recientemente en las noticias de hombres que se han portado mal? Anthony Weiner, Arnold Schwarzenegger, John Edwards, Tiger Woods, ¿qué está pasando?

R: Ha pasado siempre, y no sólo en Hollywood o en Washington. ¿Está en nuestros genes? ¿Somos o no somos monógamos? ¿Hemos tratado de hacer que el hombre tenga un comportamiento que no es natural? Creo que los hombres son arrastrados por la cacería: la reafirmación psicológica de ellos mismos en su hombría.

P: Entonces, ¿cómo se manejan las tentaciones cuando se está casado?

R: Es una cuestión muy, muy personal el modo en que cada uno lo hace. Hay que preguntarse si uno está dispuesto a arruinar lo que tiene, sus hijos, su familia, sus amigos. ¿Cómo se maneja en la vida sexual con su esposa? ¿Cuánto puede uno enriquecerla como para no tener que salir a buscar algo fuera de su matrimonio? ¿Qué otras cosas puede uno hacer en su casa? ¿Cuáles son las cosas que uno puede decirle a ella? ¿O se la va a pasar mintiendo? Puede haber gente que ni siquiera se permita mirar una película y decirle a su esposa: “Ah, esa actriz es sensual”, porque la esposa podría enojarse mucho. Yo creo que uno debería poder ser sincero con su esposa: “Yo debería poder decirte que sí, que a veces llego a una fiesta y siento que allí hay mujeres muy bellas. Y tú no deberías enojarte. Del mismo modo, puede que tú veas a un tipo que te parezca muy atractivo”. La pregunta es: ¿Cuánto se puede extender eso? Todo tiene que ver con un equilibrio en la vida. Todos necesitamos agua, obviamente, pero no me voy a tomar la piscina. [risas] Creo que es importante saber dónde están, exactamente, los límites.

P: Tuvo un cumpleaños muy especial el año pasado. ¿Cómo fue para usted cumplir los 50?

R: Perfecto. Para mí, tener 50 años no es para nada duro, porque me siento bien. Creo que el problema de envejecer aparece cuando tu cuerpo no puede hacer lo que tu mente quiere que haga. Entonces, Houston, tenemos un problema. [risas]

P: ¿Qué hace para mantenerse en forma?

R: Hago yoga todas las mañanas; luego, corro durante media hora y me tomo un sauna. Y como bien. Tomo mucho té blanco, que es un antioxidante muy poderoso.

P: ¿Hay algo que le gustaría hacer que todavía no ha hecho?

R: Ah, sí, pero me quedaré con las ganas. Saltar en paracaídas.  Me gustaría ser un gran pianista. Son muchas cosas, pero no hay tiempo suficiente para hacerlas todas en una sola vida.

P: ¿Sigue siendo ciudadano español?

R: Sí. Tengo lo que se llama una visa O-1, que me permite trabajar aquí.

P: ¿Alguna vez consideró la posibilidad de convertirse en ciudadano estadounidense?

R: Amo este país y tengo 20 años de recuerdos aquí;   mi esposa y mi hija son estadounidenses,  pero soy español   y amo a mi país,   y tendría que renunciar a mi ciudadanía española para ser ciudadano de EE. UU.

P: ¿Tiene previsto volver a España para vivir allí algún día?

R: No lo sé. Melanie y yo compramos una casa en Nueva York hace cinco años. Para mí, lo ideal sería vivir seis meses en Nueva York y seis en España.

P: Pero ahora viven en L.A.

R: Lo sé, por los niños. ¡Y porque mi esposa no quiere mudarse a Nueva York! [risas]

 

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