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¿Qué tienen en común?

<i>The Expendables</i> (Los mercenarios) y <i>Eat Pray Love (Come, reza, ama)</i>

Película - The Expandables con Silvestre Stalone

Karen Ballard/Lionsgate


De nuevo Stallone va tras los villanos en The Expendables.

In English | ¿Qué elegir? ¿Una inyección de testosterona o una sobredosis de estrógeno? En The Expendables, Sylvester Stallone, puro ojos y labios, se lanza de sombra en sombra, ametralladora en mano, en busca de un villano (cualquiera que sea) para volarlo en pedazos.

En Eat Pray Love, Julia Roberts, puro ojos y labios, viaja por el mundo, tenedor en mano, en busca de su propio yo, entrada en la mediana edad. Él acepta una vida de violencia mercenaria. Ella se cuestiona todo lo que creía. Él encuentra sabiduría en un tatuador bastante quemado. Ella se encuentra con un hombre considerado que la ayuda a enfocarse. Él descubre la mujer de sus sueños en una exótica isla del Caribe. Ella desemboca en Bali antes de encontrar su alma gemela.

En resumen, The Expendables y Eat Pray Love son la misma película. Hasta cierto punto.

El espíritu de The Expendables  se podría describir con la palabra "caos", de la misma manera que "pelea" sería la palabra justa para describir la Segunda Guerra Mundial. Hay tanta matanza, desfiguraciones grotescas y destrucción en The Expendables que cuando el filme termina no sorprendería encontrar entrañas humanas en lugar de goma de mascar en el piso del cine.

The Expendables ofrece justo lo que promete: el equivalente cinematográfico de un camión cisterna cargado de combustible abriéndose camino en una fábrica de nitroglicerina. Siempre pensé que a Stallone se lo subestima como un cineasta básico, pero impulsa su historia con astucia de una escena hiperviolenta a otra. Los balazos atraviesan los cuerpos con una facilidad alarmante, los miembros cortados vuelan como camarones en un restaurante japonés, las bolas de fuego estallan como si las mismísimas puertas del infierno se hubieran abierto.

No hay mucha diferencia con las imágenes grotescas de Kill Bill, y Stallone hace un buen trabajo al aproximarse al guiño de Quentin Tarantino que reconoce que todo es un poco exagerado. La única actuación verdadera viene de la mano del maravilloso Mickey Rourke como un tatuador que fuma pipa y es un antiguo integrante del equipo de Stallone. El filme se detiene de repente para su excepcional monólogo sobre el arrepentimiento y la redención. Cuando acaba, Stallone, convencido de que debe actuar en función de un impulso humanitario en vez de mercenario, se aleja de la habitación respetuosamente y en silencio. Es un final brillante para una escena ejemplar.

Pero el exceso es la materia esencial de The Expendables. Imagino que el número de bajas supera los cientos y todos mueren, de a uno, en manos de la élite de los protagonistas de las películas de acción pasados y futuros: Jet Li; Dolph Lundgren; la estrella de Transporter (El transportador), Jason Statham; y el coprotagonista de Everybody Hates Chris (Todo el mundo odia a Chris), Terry Crews, cuyo personaje tiene el mejor nombre: Hale Caesar.  Se ha hablado mucho de las actuaciones especiales de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. Su breve escena juntos al comienzo del filme es una pieza histórica del cine, una cumbre de las principales estrellas de acción de los últimos treinta años que reescribieron el género a su manera. Dura un instante y la edición hace parecer como si los tres nunca se hubieran reunido en el mismo plató, pero igual es eléctrica, un aperitivo delicado antes de que Stallone se nos presente como un primer plato sangriento y crudo.

Película Eat Pray Love con Julia Roberts

François Duhamel/© 2009 Columbia TriStar Marketing Group, Inc.


Julia Roberts protagoniza Eat Pray Love (Come Reza Ama)

Lo que nos trae a Eat Pray Love, un bufé que brinda un plato tras otro y que nos ofrece, en lugar de los baldes de sangre de The Expendables, cientos de litros de salsa de tomates. Se basa en una memoria que casi todas las mujeres que conozco han leído e incluso aquellas a quienes no les gustó comprenden el deseo de la autora, Elizabeth Gilbert, por encontrar el equilibrio espiritual y personal en la vida. En la gran pantalla, la sustituta de Gilbert es Julia Roberts, cuyo estrellato brilla con una magnitud inigualable mientras se abre camino desde Nueva York (dejando atrás a un desolado ex marido y a un devastado ex novio — y, claro, ¿quién no lo estaría si Julia Roberts lo dejara?) hasta Italia para estudiar el arte del placer. Después viaja a un ashram hinduista para descubrir los secretos de la devoción espiritual y, finalmente, a Bali para encontrar una manera de equilibrar ambos.

Hay un poco de amor en el camino, un poquito de rezos, pero es el comer del título el que recibe la mayor atención, como el cartel de neón en la ventana de las cafeterías que están abiertas toda la noche. Julia Roberts y los demás están siempre comiendo. Y cuando no están comiendo, están cocinando. O mirando qué comen los demás. Aunque la mayoría de los directores simplemente cortan de una escena a otra, durante los períodos de narración Ryan Murphy nos mete de narices en las hierbas y las verduras que se cortan, los platos de espagueti, las rebanadas de pizza goteando queso, los platillos exóticos de la cocina de los mares del sur, una y otra vez. En un momento, el personaje de Roberts hace la confidencia de que ha subido cinco kilos (es una buena actriz, pero suena y parece una mentira).

La orgía gastronómica, los paseos por el mundo y la autoexaminación indulgente se interrumpen con algunas escenas de emoción auténtica. La más memorable ocurre cerca del final, cuando Richard —el nuevo amigo de la protagonista interpretado por el siempre considerado Richard Jenkins— le abre el corazón en el techo del ashram. Le cuenta una historia desgarradora de su pasado y la convence de que, como él, ella tiene que encontrar la manera de perdonarse por el dolor que causó, en particular a su ex marido. Para Liz, debería ser un momento de epifanía, pero cuando Richard la deja sola y ella tiene una conversación imaginaria con su lejano ex, le dice, esencialmente: "Yo me perdoné. ¡Olvídalo tú también!".

Que es donde Eat Pray Love y The Expendables desvían sus caminos paralelos. Sylvester Stallone aprende una lección en humanidades y Julia Roberts, no. ¿Quién se lo habría imaginado?

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