Skip to content

AARP reafirma su compromiso de ayudar a aquellos con demencia al hacer importante inversión. Entérate.

 

 

El resurgimiento de los autocines

Los cines al aire libre son la atracción principal de empresarios y espectadores.

In English | Si los construimos, ¿ellos vendrán? Rod y Donna Saunders se la jugaron y la gente vino.

Mucho después de que todos los autocines cerraran, la pareja decidió abrir uno. El trabajo temporal complementaría los ingresos de Rod como profesor de Educación Física y ayudaría a pagar por la universidad de sus tres hijos.

"Lo construimos desde cero en el patio —explica Donna Saunders, de Liberty Center, Ohio, unos 40 kilómetros al oeste de Toledo—. Estamos en el centro de un campo de maíz y vivimos en una calle de un carril".

La pareja, ambos de 46 años, acertadamente lo llamó Autocine Field of Dreams (El campo de los sueños). Pensaron en grande, pero fueron prudentes al gastar. En lugar de construir un puesto de golosinas, compraron un camión donde cocinan las pizzas que entregan en los autos de los clientes. Por $10 adicionales, hasta reservan los lugares preferenciales.

La inversión inicial de los Saunders —de $75.000— en las dos pantallas que ofrecen un programa doble, está dando sus frutos. Desde su apertura en julio del 2007, entre 50 y 60 autos iban a cada función. Ahora, Donna calcula que llegan, en promedio, unos 200 autos. "Nos quedamos sin localidades más veces en esta temporada que todos los años anteriores combinados".

Nuevos cines y reaperturas

El éxito de los Saunders prueba que las reminiscencias pueden marcar un regreso. Desde finales de los 1990, alrededor de cien autocines se pusieron en marcha. Algunos son completamente nuevos, mientras que otros son reaperturas de establecimientos que habían cerrado. Los dueños y los espectadores por igual reciben con gusto el renacer de los autocines, sin importar su tamaño.

"Ciertas cosas son cíclicas —dice Don Sanders, de 58 años, un texano de Fort Worth que produjo un filme para PBS y dos libros sobre los autocines—. Las personas añoran los tiempos cuando no sentían mucha presión y podían hacer actividades al aire libre con otras personas sin tener miedo".

Ver a los abuelos abrigar los recuerdos sobre ciertas películas con sus nietos es un deleite para Susan Magocs. Muchos cines a la intemperie promueven un ambiente familiar y algunos hasta permiten perros. No hay "nada más maravilloso que una noche estrellada y una brisa suave. Esa es la noche perfecta para el autocine" —expresa Magocs, de 52 años, dueña del Autocine Capri junto a su esposo Tom, en Coldwater, Michigan, cerca de la frontera con Indiana. Sus padres los construyeron en 1964.

La era de los autocines estadounidenses comenzó en 1933, cuando abrió el primero en Camden, Nueva Jersey. Sobrevivió tres años, tiempo suficiente para que el concepto se propagara. En 1934, el Autocine Shankweiler se estableció en Orefield, Pensilvania, y pronto se convirtió en el más antiguo de Estados Unidos, en funcionamiento aún hoy. Los actuales dueños —los terceros— Paul F. Geissinger y su esposa Susan, lo compraron en 1984.

Para finales de los 1950 y principios de los 1960, más de cuatro mil autocines cautivaron a la audiencia. Los adultos podían llevar a los niños sin preocuparse tanto de las quejas por el ruido. Y cuando estos pequeños se convirtieron en adolescentes, la licencia los condujo de regreso en una cita.

De a poco, la mística de los autocines cayó víctima del progreso. En los 1970 y 1980, muchos de estos cines se extinguieron. Y ya que algunos estaban en terrenos codiciados, los constructores hicieron ofertas que los dueños de los autocines no pudieron rechazar. Otros sufrieron por el avance de la televisión y las videograbadoras que transformaron las salas de estar en cómodas salas de proyección.

De moda

Pero a finales de los 1990, la chispa de la nostalgia se reavivó. Las nuevas construcciones al aire libre y las reaperturas de los aletargados autocines compensaron los cierres. "En los últimos quince años, logramos entre 390 y 400 vehículos —cuenta Geissinger, de 57 años, presidente de la UDITOA (Asociación de Propietarios de Autocines Unidos).

En Shankweiler, los autos hacen fila desde las 5 para la función de las 9 p. m. Los estrenos como Toy Story 3 a menudo se agotan con anticipación. "Viene gente que viaja dos horas —se asombra Geissinger, que gastó más de $250.000 en mejoras durante estos 26 años—. Lo único que no hicimos fue derribar el local de golosinas." Aunque la estructura original desapareció hace mucho, la edificación de 1955 aún resiste.

"Hay que ser un empresario muy astuto y sacar provecho del dinero en cada metro cuadrado —dice Jim Stacy, de 40 años, el gerente general del Autocine Starlight Six, en Atlanta, Georgia—. El lote de seis pantallas —que atrae hasta 2.300 autos los sábados veraniegos— es la sede de un mercado de pulgas los sábados y domingos, y de festivales de dos días durante el año.

"Durante el día, hay un lote vacío, así que lo mejor es ponerlo a trabajar —explica Stacy, quien vive en la propiedad—. El negocio del cine deja un margen muy pequeño". Al contrario de lo que sucede con la mayoría de los autocines, el Starlight Six permanece abierto todo el año, excepto en Nochebuena y la víspera de Año Nuevo. El negocio familiar sobrevive desde 1949.

De los carretes a la era digital

Para prosperar, los autocines dependen de la visión empresarial. En noviembre del 2009, Keith Zednik, de 32 años, y tres inversionistas mayores —todos del área de Chicago, Illinois— vieron el potencial del Autocine Spud que compraron por una suma que no revelan. Ubicado en Driggs, Idaho, cerca de la frontera con Wyoming, el establecimiento existe desde 1953.

"El autocine necesitaba mucha atención, así que lo mejoramos muchísimo" —cuenta Zednik, que se mudó para convertirse en el gerente general—. Había "terribles boquetes que tuvimos que arreglar".

Hacer la transición de los rollos de 35 milímetros a la proyección digital fue un cambio muy costoso, motivo por el cual la mayoría de los autocines pospone la mejora. El costo: asciende a las seis cifras, dice Zednik, cuyo cine se hizo digital a principios de julio.

Reconocieron que la industria cinematográfica se encamina hacia lo digital. Explica Zednik: "Siempre fue mejor enfocarse en la tecnología y adelantarse que quedarse rezagado". Las palomitas de maíz seguirán aquí durante mucho tiempo, espera. "Ahora tenemos un negocio rentable por los próximos 50 años".

Susan Kreimer es una escritora de Nueva York.

¿Qué

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.

LEE ESTE ARTÍCULO