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<i>Sarah's Key</i>, una niña valiente

Kristin Scott Thomas es la protagonista de este triste retrato de una vergüenza francesa.

Kristin Scott Thomas en la película: Sarah's Key, 2010

Foto de Weinstein Company/Everett Collection

Kristin Scott Thomas protagoniza Sarah's Key.

   
Dirigida por Gilles Paquet-Brenner
Clasificada PG-13 (para mayores de 13 años y menores acompañados de los padres) Duración: 111 minutos
Protagonistas: Kristin Scott Thomas, Mélusine Mayance y Niels Arestrup

In English  |  Quisiera poder decir que saldrá inspirado de Sarah's Key (La llave de Sarah) por la valiente niña francesa que desafía todo y a todos, incluso a los regímenes nazi y de Vichy, para escapar de un campo de concentración e intentar salvar a su hermanito, o que le reconfortará la férrea resolución de una periodista del presente (Kristin Scott Thomas) que permite que su vida se deshaga mientras investiga, implacable, la verdadera historia de lo que le sucedió a Sarah finalmente.

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Pero creo que no va encontrar refugio en ninguna de esas actitudes positivas. Y es porque Sarah's Key es una película sumamente triste, incluso casi de una manera desafiante. Una nube de melancolía se cierne sobre cada palabra que se pronuncia, cada sombría mirada que se echa. Ni por un segundo dudamos el destino que les espera a los miles de judíos franceses quienes, en los primeros minutos de la película, son arrastrados de sus casas en París y encerrados en un estadio deportivo. Aún los que ofrecen pequeños gestos de bondad a los condenados lo hacen con profundo sentido de inutilidad, como si a sus pequeños actos de humanidad se los tragara un abrumador e infinito vórtice de maldad.

¿Era necesario contar la historia de Sarah's Key? No es, después de todo, una historia real, aunque hubo indudablemente miles de Sarahs que murieron a causa de esa racha de locura que se apoderó de Europa en los años 30 y 40. El guionista y director Gilles Paquet-Brenner ciertamente considera que hay que recordarle al mundo de este terrible capítulo de la historia, y la razón se ve reflejada en los jóvenes periodistas con quienes trabaja el personaje de Scott Thomas; jóvenes privilegiados de veintitantos años que no tienen ni idea de cómo los gentiles de Francia se volvieron contra sus compatriotas judíos para satisfacer la sed de sangre de sus ocupantes.

"Esto no lo hicieron los nazis", insiste ella a sus colegas. "Fueron los franceses".

Sarah's Key  se propone rajarnos la cabeza con una cachiporra y aplastarnos las ampolladas manos con una bota de cuero. Las personas buenas sufren y mueren, las malas se retiran muy campantes, y les toca a las generaciones posteriores encontrarle sentido a lo que no lo tiene. Scott Thomas proyecta bien ese torbellino de confusión y también la sospecha de que descubrir la verdad sólo abrirá viejas heridas y no servirá para nada. Su personaje sufre una pérdida personal durante su búsqueda de la verdad, y más de una vez los demás le preguntan si vale la pena. Aún al final, cuando se vislumbra un rayito de esperanza para la felicidad de la periodista, con una rápida mirada a un cochecito infantil vacío, Paquet-Brenner nos recuerda que todo lo que trae felicidad podría desaparecer en un instante. Son las sombras de tristeza y pérdida las que perduran, y en esa oscuridad nos toca a nosotros prender nuestras fugaces chispas de luz.

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