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Reseña: Senna

Nuevo documental revive la carrera de la leyenda brasileña de la Fórmula Uno.

In English | Ayrton Senna surcó el mundo del automovilismo como un cometa. Fue tres veces campeón mundial de Fórmula Uno y un verdadero imán para las polémicas que les dio a los ciudadanos de su Brasil natal un motivo para festejar, cuando su país dejaba atrás años de dictadura militar. Murió en un choque de Fórmula Uno en 1994, a los 34 años. Senna, un documental sobre su vida, se estrenará el 12 de agosto.

“Era un corredor temerario en la pista, pero fuera de ella promovía permanentemente la seguridad y defendía a otros corredores”, dice Asif Kapadia, director del documental. “Siempre estaba combatiendo la corrupción [en el sistema de la Fórmula Uno]. Siendo de un país pobre como Brasil, supo enfrentar a los europeos y vencerlos, haciendo que sus compatriotas se sintieran orgullosos de ser brasileños”.

Realizada con material de archivo fascinante, incluidas fabulosas tomas grabadas desde el punto de vista del piloto durante las carreras de Senna, la película de Kapadia cuenta cómo un apuesto muchacho del sector privilegiado de San Pablo comenzó a correr en karting en Europa, siendo un adolescente, y pasó rápidamente a la prestigiosa escudería Lotus. Senna ganó su primer Grand Prix en su segundo año en la Fórmula Uno, para luego sumarse a la escudería McLaren, donde trabajó junto al destacado piloto Alain Prost.

Dicha relación probó ser de amor-odio a lo largo de la carrera de Senna, a medida que él y Prost ganaban campeonatos, y el francés acusaba a su compañero de equipo de ser imprudente en las pistas.

“Senna tenía una forma de conducir casi intimidante”, señala Kapadia, “pero ese era su estilo. Él mismo dijo: ‘No puedo ser feliz estando segundo; tengo que estar primero’”.

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El brasileño también discrepaba en cuestiones de seguridad con lo que el documental describe como un corrupto sistema de Fórmula Uno dirigido por Jean-Marie Balestre, un francés que defendía públicamente a Prost, desestimaba las preocupaciones de Senna sobre seguridad, y lo suspendió, luego de un polémico choque automovilístico entre el brasileño y Alain Prost en el Grand Prix de Japón, en 1989. Independientemente de todo esto, Senna se las arregló para encantar a un público internacional con su pasión y su estilo. Se convirtió en un héroe nacional en Brasil, compitiendo en popularidad con el astro del fútbol Pelé, mientras todo el país seguía sus hazañas dentro y fuera de la pista, incluidos sus notorios amoríos con celebridades locales, como la presentadora de programas de niños, Xuxa, e innumerables modelos.

Era una época, según Kapadia, en que el país estaba “saliendo de una dictadura, su economía era un desastre y era la persona que se mostraba orgullosa de alzar la bandera brasileña a nivel internacional”.

La vida de Senna termina de forma muy dramática, pero irónica a la vez. Conducía lo que para muchos era un auto inferior para la escudería del Williams F1 en el Grand Prix de San Marino  —donde un piloto había chocado y, otro, muerto, durante las prácticas—. A pesar de esto, el brasileño decidió correr, se estrelló contra un muro, y falleció. Senna recibió un funeral de estado en Brasil, donde sobre 500,000 personas abarrotaron las calles durante su entierro. Sin embargo, dejó un importante legado: los estándares de seguridad de la Fórmula Uno fueron mejorados, y, desde su muerte, ni un solo piloto ha fallecido en sus pistas.

Tras su muerte, el brasileño se convirtió en leyenda, en buena medida gracias “a una combinación de su estilo de correr, su apasionada determinación por ganar a cualquier costo y su innata capacidad para despertar emociones en la gente”, escribió Brad Spurgeon en un artículo del New York Times publicado en el 10.º aniversario de su fallecimiento. En una reciente encuesta de la revista Autosport, llevada a cabo entre más de 200 de los principales pilotos de carreras, Senna fue considerado como el mejor piloto de Fórmula Uno de todos los tiempos.

“Él nunca se rendía”, dice Kapadia, quien cree que la última carrera de Senna, al final, convierte su historia en una tragedia porque “no pudo renunciar”.

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