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Martin Sheen: Abriéndose paso

Martin Sheen ha ganado muchas batallas en la pantalla grande. Sin embargo, en la vida real, su mayor combate fue el que peleó para sacar a su hijo Charlie de las drogas.

Háganle cualquier pregunta a Martin Sheen, que cumplirá 68 años en agosto —ya sea acerca de su profunda espiritualidad; su intervención en la adicción a las drogas de su hijo Charlie; su adorada hermana, “Charmin’ Carmen”; o su deseo secreto de arrojar toda su ropa recién salida de la tintorería a un admirador curioso con una cámara de video— y responderá con un relato sencillamente fantástico.

“(Fantástico) es mi palabra favorita en estos días”, dice el actor ganador de los premios Emmy y Golden Globe, quien ha aparecido en más de 70 largometrajes (entre ellos, Apocalypse Now, Wall Street, The American President y The Departed); aunque quizá sea mejor conocido por su papel como el presidente Josiah Bartlet en la antigua serie de NBC, The West Wing (El ala oeste de la Casa Blanca), que le mereció una nominación al Emmy.

“¡Fantástico!” Efectivamente, la palabra se ajusta a la personalidad y vida de Sheen, que comenzó en Dayton, donde se crió con nueve hermanos, nacidos de padre español y madre irlandesa. Se convirtió en uno de los actores más consumados de nuestro tiempo mientras que, simultáneamente, adquiría fama como activista apasionado: ha sido arrestado 67 veces por activismo pacífico. En mayo, Sheen, quien recientemente filmó Traveling con Jennifer Aniston, fue distinguido por la Universidad de Notre Dame con su prestigiosa Laetare Medal por su trabajo humanitario. Sin embargo, la mayor parte de nuestra conversación se centró en un tema personal más profundo: el papel que desempeñó en la recuperación de la adicción a las drogas de su hijo, un viaje violento y tan sombrío que, de hecho, llevó a Sheen a comenzar a organizar el funeral de Charlie. “Hay que ser inflexible —dice—. Todo tiene su precio”.

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La experiencia con el racismo

“Crecí en los años 50, en una atmósfera muy racista —revela Sheen—. Fui caddie desde los nueve años hasta que dejé mi casa, a los 18, en un club muy exclusivo, sólo para blancos. Ni siquiera permitían caddies negros; no se les permitía ser vistos. Así que crecí viendo esa clase de cosas y tomé decisiones muy tempranas sobre mi postura respecto de este tema; especialmente, cuando el despectivo 'negro' era empleado por todos, todo el tiempo”.

P.

Pero usted es mitad hispano; entonces, ¿cómo interpretó eso?

R.

Mi papá nunca hablaba en público porque no lo hacían sentir orgulloso de su acento. Tenía el más hermoso acento beliceño que uno pueda imaginar. Me encantaba. Era el mejor narrador de cuentos. Disfrutaba oyendo su voz; era como escuchar un instrumento musical. Sin embargo, nunca se sintió orgulloso hablando fuera de su entorno. Había muchos italianos y otros latinos, pero no hispanos.

P.

Así que usted creció identificándose más con los blancos que con los hispanos. ¿Cambió su nombre para que no lo encasillaran?

R.

Nunca lo cambié oficialmente. Nunca lo haría. Está en mi licencia de conducir, en mi pasaporte y demás documentos: Ramón Gerard Estévez. Empecé a usar el apellido Sheen; pensé que debía probarlo y, antes de darme cuenta, comencé a ganarme la vida con él. Después, ya era demasiado tarde. (Risas). En realidad, una de las cosas que más lamento es no haber conservado el nombre que me pusieron. Sabía que le molestaba a mi papá.

El camino a la espiritualidad

P.

Después de sufrir un ataque cardíaco y una crisis nerviosa a los 38 años, durante la filmación de Apocalypse Now, usted se fue a la India y halló la espiritualidad. ¿Fue entonces que adoptó el catolicismo?

R.

Sí, así fue. Me criaron como católico; pero era una religión, no una forma de vida. [Después del ataque cardíaco] Regresé a una fe, más que a una Iglesia. Regresé con alegría, libertad y agradecimiento, en vez de con temor, temblando o preocupado por la eternidad. Me di cuenta de que lo que realmente más me gustaba de la Fe Católica era la espiritualidad de su Iglesia.

P.

A mucha gente le gustaría tener la fe que usted tiene; pero no han experimentado la crisis dramática que lo lleva a uno a decir: "Espera un momento; en realidad, estoy descarriado. Llevo una vida vacía".

R.

Si uno toma conciencia de que su vida no está completa y de que no es uno mismo, ese es el comienzo, creo, del viaje hacia la espiritualidad. No tengo ni idea de qué es Dios, a decir verdad. Nunca intentaría siquiera decirle a alguien qué buscar. Lo único que diría es que el viaje a la espiritualidad es el viaje a tu propia humanidad. Creo que cuanto más humano eres, más te asemejas a Dios. Y ese es el Don de Dios.

P.

No puedo imaginar que a los 20 ó 30 años se hubiera sentado con un periodista para tener esta conversación.

R.

Poco frecuente y poco probable también. Posiblemente, hubiera estado borracho. Me siento tan humilde, realmente humilde. Estoy tomando conciencia de que tengo 67 años; ¿cuánto tiempo más tendré para gozar de esta magnificencia?

P.

Hablando de la bebida…

R.

¿Quién estaba hablando de la bebida? ”Ah, hablando de la bebida, miserable borracho, ¿podríamos volver a su época de alcohólico?” ¡Qué golpe tan bajo! Sin embargo, debo decirle: ”Bien hecho; siga adelante”.

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El ingreso a Alcohólicos Anónimos
 
“Estoy en el programa [de Alcohólicos Anónimos], usted sabe —comenta Sheen—, y una de las cosas más tristes es el aumento del alcoholismo entre los jubilados. Muchos de ellos comenzaron a beber con la pérdida de su cónyuge; de repente, se encuentran solos. Y pierden el control más rápidamente. Es mucho más difícil, si uno está jubilado y tiene una reputación, meterse en un programa o recuperar la sobriedad. Lo último que uno quiere hacer es perder prestigio en su comunidad”.
 
“Lo que hace revivir a muchas personas mayores y a gente que ha perdido a su cónyuge es volver a sentirse útil. Volver a servir a otros, enseñar, encontrar personas que necesiten de su ayuda. No hay que ir muy lejos."

"Si has estado limpiando un pasillo durante 50 años, puedes limpiar una escuela, un jardín de infantes. Tienes que encontrar un lugar donde te necesiten. Cuando te desconectas, te alejas cada vez más de la costa y no te das cuenta de cuán lejos te llevó la corriente y, luego, de repente, te encuentras en aguas profundas y solo”.

P.

¿Todavía va a las reuniones?

R.

Sí, claro; aunque recuperé la sobriedad por medio del catolicismo, a través de mi fe. Me involucré con AA recién cuando estaba tratando de encontrar una manera de ayudar a [mi hijo] Charlie, porque yo no era capaz de hacerlo. Un querido amigo que estaba en el programa me dijo: “En primer lugar, si vas a ingresar a Alcohólicos Anónimos, debes mantener tu boca cerrada durante, por lo menos, un año; sólo escucha las historias de otra gente”. Y eso fue lo que hice. Usted habrá notado lo charlatán que soy; mantener la boca cerrada requirió de una gran disciplina.
 
Luego sugirió que me uniera a AA y lo hice. Quedé sorprendido, porque no sabía que el programa fuera tan espiritual. Les dije: ”Ustedes, amigos, emplean la palabra Dios”. “Sí, lo hacemos cuando creemos; si no, nos referimos a un poder superior”. Yo comenté: ”Vaya, no hay dudas de que esto trasciende todo lo demás”. No obstante, el camino a la adicción y el que conduce fuera de ella es, al mismo tiempo, un viaje personal muy profundo. Verdaderamente, no creo que existan dos viajes similares.

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Cómo sobrellevó la adicción a las drogas de su hijo Charlie

P.

Un sobrino mío falleció de una sobredosis. Ya había sufrido de sobredosis antes; pero el hospital nunca se lo informó a mi hermano y a su mujer debido a las leyes ‘de privacidad’.

R.

Francamente, lo único que me permitió descubrir lo de Charlie fue que se escapó del hospital y tuve que pagar la factura. Mientras lo hacía, averigüé por qué había estado ahí: había consumido una sustancia ilegal; estaba en libertad condicional y no se le permitía tener estas sustancias.

P.

Entonces, ¿usted lo entregó a las autoridades para ayudarlo?

R.

Este es un asunto penal. Y esa fue la cuña, la palanca que tuve. Eso es lo que llevé al tribunal; eso es lo que le llevé al sheriff. Fue la única manera de agarrarlo.

P.

¿Puede hablar un poco sobre cómo se abrió paso entre quienes fomentaban y facilitaban su adicción?

R.

Uno se encuentra ante una situación de vida o muerte. Y el término crítico de la ecuación es: ¿está uno dispuesto a enfrentar la ira de su hijo? No les vas a caer bien. Ni pensar en que te vayan a querer. Te van a insultar de las maneras más salvajes y obscenas. Hay que estar preparado para eso.

P.

¿Eso se hace extensivo no sólo a ellos, sino también a sus amigos?

R.

Por supuesto. Porque, a veces, la única manera de poder comunicarse con ellos es a través de sus amigos. Y él tenía dos, en particular, que lo adoraban, que se arriesgaban lo suficiente como para decirle la verdad; y que, eventualmente, tuvieron que abandonarlo porque ya no podían soportar el dolor. Entonces supimos que teníamos dos aliados en esos dos muchachos. 

La gente adoraba a Charlie y tenían motivo. Era encantador. Por eso era muy difícil conseguir su atención. Tenía acceso a alfombras mágicas: amigos famosos y mucho dinero y poder. Estaba oculto en una torre en la que no se podía entrar. Los más cercanos a él eran sus peores enemigos. Dependían de él para vivir y decían o hacían cualquier cosa para lograr su cometido.

P.

Sí, es la clase de cosas que puede matar a alguien.

R.

Eso sí que mata. Eso lo mata a uno; y uno debe saber que esa gente existe y que hay que pasar por encima de ellos como si uno fuera un tanque.

 

P.

¿Cómo se pasa por encima de ellos como un tanque?

R.

Se los pone al descubierto. Nunca se les acepta una excusa. Se los enfrenta y se les dice: ”Eres un maldito mentiroso. Sal de mi vista. No confiaría en ti ni delante de mis narices”. Uno tiene que creer lo suficiente en la vida como para arriesgar su propia reputación. Después de un tiempo, me torné atrevido, exorbitante, fantástico. Fantástico. 
 
Se escabullían como cucarachas al verme en público. Yo era, sencillamente, intrépido; no me importaba en absoluto el protocolo. En un restaurante, en lugares públicos. No me importaba ni jota. Ellos buscaban resultar agradables: ”Entonces, ¿qué he hecho?” ”¿Quieres saber qué hiciste? ¿Alguien más quiere saber qué hizo este desgraciado?” Y desaparecían. ¿Qué alternativa tenía? Estas cosas nunca suceden de un modo tranquilo y civilizado. Y siempre al final nos tocaba la parte más difícil, cuando salían a relucir las armas.

P.

¿Y se le quita el arma a esa persona?

R.

Se le quita el arma.

P.

Le quitó el arma.

R.

Definitivamente. Cuando una vida está en juego, y es la de tu propio hijo, uno se vuelve temerario en muchos aspectos. Quiero decir que uno se convierte, simplemente, en un fanático. Nunca se llega a hacer nada a menos que lo haga un fanático.

P.

Sí, los fanáticos hacen milagros.

R.

Exactamente. La noche en que tomé la decisión de ir al tribunal con los papeles que había conseguido en el hospital, tomé la decisión más difícil de mi vida. Ellos le extendieron una citación, y Charlie la recibió y me llamó por teléfono. Me encontraba aún con el sheriff. No puedo repetir lo que dijo —utilizó un vocabulario que nunca había oído antes—. Quedé muy, muy impresionado con su lenguaje. Y uno se da cuenta de que está hablando con la droga. Le dije: ”Ya, ya, espera un minuto. ¿Vas a venir [al tribunal] mañana?” ”Sí, sí voy. Voy a ir con un abogado”. Y trajo a Robert Shapiro [abogado de O. J. Simpson]. Dije: ”Muy bien. Estoy encantado y muy sorprendido. ¿Te importa que esté ahí, en el tribunal?” De repente, se tranquilizó y dijo: ”Ah, seguro. ¿Por qué no?” Yo comenté: ”Bien, tú sabes, no quiero aparecer de repente y que te enojes”. Él contestó: ”No, ve. Está bien”. 

Luego se volvió a poner furioso y entonces dije: ”Oye, aguarda. Espera un minuto”. ”¿Qué?”, preguntó él. ”Cuando te vea —dije—, ¿te puedo dar un beso?” Se tranquilizó otra vez. Contestó: ”Bueno, seguro, ¿por qué no?”
 
“Pues sólo me quiero asegurar de que si me acerco a darte un beso, no me vas a dar una trompada en la boca”.
 
Él dijo: ”Nunca haría semejante cosa”.
 
Yo expresé: ”Nunca pensé que lo fueras a hacer”. Entonces, se volvió a poner furioso. (Risas).
 
Llegó a la mañana siguiente con el Sr. Shapiro, que hizo un trabajo estupendo. [Charlie] se acercó, me besó en la boca y entró a ver al juez. Sí, sabía que todo había terminado. Y se sentía muy aliviado de muchas maneras que no podía precisar.

P.

Parece como si Charlie lo hubiera perdonado y le estuviera agradecido.

R.

Bueno…. ese es su problema. Yo lo hice por mí. No hubiera querido cargar con esto por el resto de mi vida. Tuve que hacer todo lo humanamente posible. Si me hubiera quedado corto y lo hubiese perdido, preferiría estar muerto.
 
Pero es curioso. Un año después, estaba conduciendo por la autopista y escuché las noticias en la radio: “En vivo, desde el Tribunal de Justicia de Malibú, nuestro reportero está hablando con Charlie Sheen, que acaba de abandonar los tribunales”. Charlie estaba limpio y sobrio, y ahora está en libertad. ¡Qué momento de júbilo! ”Bueno... —dijo—, quiero agradecer a mi padre por haber salvado mi vida”.
 
Salí de la autopista y lloré descontroladamente. Lloré y lloré.
 
Y me senté ahí, mirando fijo al océano, y pensé: ”¿Qué está mal en este cuadro? Vayamos más allá de a quién hay que culpar o a quién darle crédito”. Más tarde lo supe. Llamé a Charlie después de unas horas. ”Vaya, Charlie, oí las noticias”. ”Si, papá, ¿qué me cuentas?” Dije: ”Mentiroso”. ”¿Qué?” Continué: ”No es cierto”’. ”¿Qué quieres decir con que no es cierto?” ”Yo no salvé tu vida. Yo sólo llamé tu atención; tú salvaste tu vida. Porque si sigues creyendo que salvé tu vida, no vas a responsabilizarte por ella”. Y lo aceptó. ”Hmmm —dijo—. Gracias, está bien. Se acabó todo, ¿verdad?” ”Así es”. Nunca volvió a hablar del asunto.

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El amor por su familia

P.

Usted era muy joven cuando falleció su madre.

R.

Sí, tenía casi 11. La adoraba. Ella era fantástica, se ponía a cantar o a tomar un trago en un instante. Un gran personaje.

P.

¿Ha perdido a muchos hermanos?

R.

Casi a la mitad, hasta ahora. Quedamos seis. En realidad, mi madre tuvo 12 embarazos, pero sólo 10 llegaron a término. Yo fui el séptimo hijo, de nueve varones y una niña.

P.

¿Así que tuvo sólo una hermana?

R.

Una hermana, sí. Es maestra, recién jubilada. Vive en Madrid, España. La adoro. Ella es tan fantástica. Es algo regordeta; una pequeña dama, y tan graciosa y alegre, y cariñosa; sencillamente, divertida. Todo el mundo se enamora de ella. Se llama Carmen. Nosotros le decimos ‘Charmin’ ‘Carmen’. Es un encanto.

P.

¿Piensa que verá a estas personas después de la muerte?

R.

No me preocupa eso. Los veré en esta vida. No creo que vayamos al Cielo, sino que nos convertimos en Cielo y pienso que esa es la diferencia.

P.

¿Y qué significa eso?

R.

Significa que creamos el Cielo aquí mismo, en este momento. Lo proyectamos. No tengo que esperar hasta estar muerto.

La reinvención de sí mismo

P.

Hablemos  de su vida actual, entonces, sólo para terminar con usted...

R.

¿Mi vida va a terminar? ¡Dios mío! Creí que usted sabía algo que yo no sabía.

P.

¡No! Quiero preguntarle acerca de su propia reinvención. En el 2006, regresó a la universidad por un par de meses.

R.

Vea, nunca fui a la universidad; pero tuve esta fantasía romántica acerca de estudiar. Así que me ofrecieron un título honorario de la Universidad Nacional de Irlanda, en Galway, en la primavera del 2006. En la recepción, el rector preguntó: ”¿Qué va a hacer ahora que The West Wing terminó?” Yo respondí: ”Bueno, tengo suficientes títulos. Necesito una educación. ¿Me dejaría asistir a clase?” Y él respondió: ”Si lo dice en serio, sí; será tan bienvenido como las flores”. Entonces, en agosto, me inscribí. Conseguí un departamento y alquilé un auto. Y me inscribí con mi verdadero nombre. Mi identificación de estudiante fue extendida a nombre de Ramón Estévez.

P.

¿Aprendió algo?

R.

No estoy seguro. Tuve algo así como 120 libros. Es posible que haya terminado unos 20. En mi primer día en la universidad, un chico me detuvo y me preguntó: ”¿Es usted?” Yo respondí: ”Así es”. Él dijo: ”¿Y dónde está su guardián?” Yo pregunté: ”¿Mi guardián?”’ Él contestó: ”Usted sabe, ¿su escolta? ¿Su guardaespaldas?” Respondí: ”No tengo ninguno”. Él dijo: “Más poder para usted”. Y se alejó. Ese fue mi primer día en la universidad. Pensé: ”Este es un hermoso lugar”.

El enriquecimiento personal

P.

Usted dijo una vez que jamás conoció a un hombre rico que estuviera satisfecho.

R.

(Risas). Lamento haber dicho eso. Creo que conocí a algunos desde entonces.

P.

¿Está usted satisfecho?

R.

Sí, estoy muy, muy feliz en el fondo de mi ser. Verdaderamente aprecio estar vivo. Es un viaje magnífico, del que adoro cada minuto. Vacilo entre distintos niveles de felicidad. No podría imaginar una vida más feliz. Soy, sencillamente, muy afortunado.

P.

Y 45 años de matrimonio con su mujer, Janet, ¿no?

R.

Cuarenta y siete, ahora, creo, desde el ’61. Tuvimos una fiesta de aniversario e invitamos a todos los amigos que siempre han estado casados con la misma persona.

P.

¿Y cuántos fueron?

R.

Aparecieron media docena de parejas. Una de ellas fue Dom DeLuise y Carol, y le pregunté a Dom: “¿Cuánto hace que estás casado?” ”Treinta y siete años”, dijo. Insistí: ”Vaya, ¿cómo es estar casado con Carol durante 37 años?” Y él respondió: ”Es más que suficiente”. (Risas).

P.

¿Alguna vez se postularía para un cargo público?

R.

No estoy calificado para ello.

P.

¿Así que nunca se le pasó por la mente?

R.

Pasó sólo por mi ego. Me siento un servidor público. Me siento un ciudadano responsable. Pero no podría hacerlo profesionalmente. No tengo el temperamento. La única cosa que anhelo es llevar una vida honesta. No podría pedir nada más que eso. La mayoría del tiempo sólo quiero que me dejen solo. (Risas).

P.

Creo que cuanto más viejos nos ponemos, todos sentimos eso.

R.

El otro día, estaba saliendo de la tintorería con la ropa de tintorería de cinco semanas y mis dedos comenzaron a entumecerse. Estaba atendiendo el tránsito y un sujeto se me acercó con una cámara de video: ”Hola, ¿cómo le va?” Yo le contesté: ”No demasiado bien”. Es decir, estaba tratando de cruzar la calle y este personaje me seguía y me hacía todas estas preguntas; y entonces pensé: ”Dios mío, ahora... un simple resbalón y vas a aparecer en todos esos detestables programas”. Así es que no había forma de que hubiese sido mucho más amable. Quería arrojarle la ropa por la cabeza. Quería tomar la cámara y filmarlo a él y preguntarle cómo podía hacer eso sin perder su dignidad. Esa es la cultura en la que vivimos. Uno busca a alguien para desprestigiarlo. Es realmente vergonzoso.

P.

En la medida que alguien pueda conocer el secreto de la vida, usted parece haberlo encontrado en su pasión y en su fe.

R.

Le contaré algo interesante, si me lo permite. Tenía tanto miedo de morir en un accidente aéreo —todavía lo tengo; no me gusta volar—, que cuando me subía a un avión empezaba a rezar el rosario y pedía: ”Por favor, Señor, permítanos levantar vuelo. Por favor, que subamos de manera segura”. Y el avión avanzaba estrepitosamente por la pista, ‘rrrrrrr’... ”Por favor, permítenos ascender en forma segura —ah, lo hiciste— y concédenos un vuelo tranquilo y, por favor, que aterricemos sin problemas. Ahí estamos, muy bien”.
 
Y una vez, no hace mucho, estaba exhausto. Recuerdo que el avión estaba carreteando y me quedé dormido. De repente, me desperté y estábamos en el aire. Estaba medio dormido y no podía alcanzar el rosario, entonces dije: ”Oh, gracias. Querido Señor: aunque no sobrevivamos a esto, ha sido maravilloso. No hubiera querido que fuera de otra manera y, si no logro regresar, cuida de esa gente por mí, hazte presente para ellos; pero no podría haber pedido o soñado nada más. Gracias, gracias, gracias”. Y me volví a dormir.


Nancy Perry Graham es subeditora de AARP The Magazine

Originalmente publicado en inglés en la edición de julio/agosto 2008 de AARP The Magazine.

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