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'The Music Never Stopped'

J.K. Simmons y una espectacular banda sonora de los años 60 hacen de esta película un drama familiar inolvidable.

Afiche de la película The Music Never Stopped

Roadside Attractions/Courtesy Everett Collection

   
Dirigida por Jim Kohlberg
Clasificación PG (Público general; parte del material no es adecuado para niños)
Duración: 105 minutos

In English | ¿Ha escuchado inesperadamente una canción, en otros tiempos atesorada por usted, para verse transportado de regreso a un recuerdo lejano y perdido?

La mayoría de nosotros lo hemos experimentado, y ese vínculo reconocido universalmente entre la música y los recuerdos es la razón principal por la que The Music Never Stopped (La música nunca paró), una encantadora película independiente sobre una familia dividida que se vuelve a unir por medio de la música, funciona mucho mejor de lo que pudiera esperarse.

Una espectacular sonorización con rock clásico de los años 60, y una invaluable protagonización por el desafortunadamente subestimado J.K. Simmons (quien hace el papel del Dr. Emil Skoda en la serie televisiva de NBC, Law and Order (Ley y orden), ciertamente, tampoco perjudica las oportunidades de éxito de la película. De hecho, cada vez que el director debutante Jim Kohlberg siente que su irregular trama se desvía  —lo cual sucede en más de una ocasión—, recurre a un montaje de canciones de Dylan, Dead y Los Beatles, o exhibe a Simmons en una escena distintiva. Kohlberg podrá tener poca experiencia detrás de las cámaras, pero el hombre sabe cómo complacer al público.

La historia va y viene entre mediados de la década de 1980 y finales de los años 60, y gira alrededor de Gabriel (Lou Taylor Pucci), un rebelde hijo único que a los 17 años, en 1967, escapa de sus padres, Henry y Helen (Simmons y Cara Seymour), para reaparecer 18 años más tarde como un hombre de 35 años, desaliñado y de mirada perdida.

A su regreso, los médicos descubren un tumor benigno muy grande en su cerebro. Extirparlo probablemente causaría daño cerebral considerable. Eso es justamente lo que sucedió, le quitó su memoria de corto plazo y limitó severamente su memoria de largo plazo para recordar cosas como su nombre y cumpleaños.

En secuencias retrospectivas, conocemos sobre el amor a la música que esta familia comparte. Surge tensión cuando las preferencias musicales de adolescente de Gabriel por los Grateful Dead chocan con los gustos de Henry por Bing Crosby. Gabriel forma una banda y se deja crecer el cabello. Su padre, de la vieja guardia, sencillamente no capta la onda. Surge una terrible discusión. Echan al hijo de la casa. Él obedece.

Hay cierta previsibilidad en las secuencias retrospectivas que no ayudan mucho a la película. Pero las escenas en el presente salvan el filme. Los médicos descubren que la música despierta a Gabriel de su estado casi catatónico, y hasta pudiera ayudarlo a recuperar su memoria. Pero no cualquier música; tiene que ser rock de los 60. ¿Qué te parece ese karma, Henry?

Así que el padre, que desea desesperadamente reconectar con el hijo a quien echó de la casa, deberá aprender a amar la música que ocasionó el distanciamiento. El curso de inmersión de Henry en la música de los 60 le da a Kohlbert una excusa para tocar una lista extraordinaria de canciones que serán un nirvana para el público boomer. Los derechos de autor por la música deben haberse llevado la mayor parte de su presupuesto.

The Music Never Stopped está basada —creo que en términos generales— en un caso llamado "The Last Hippie" (El último hippie), del Dr. Oliver Sacks, un pionero en el campo de la musicoterapia, cuyas investigaciones también dieron origen a Awakenings (Despertares), una película similar en tono, tema y estilo.

Esta trama funciona sólo de manera errática. Las reglas que regulan el trastorno de memoria de Gabriel parecen cambiar de acuerdo a las necesidades de la trama, y hay demasiadas subtramas que no tienen ninguna razón de ser. El talento de Seymour se desperdicia, y Julia Ormond, una increíble actriz, quien aparece como la terapeuta que descubre primero la reacción de Gabriel a la música, desaparece de la película por completo.

Le toca a Simmons llevar el peso de la película en sus espaldas y hacer que funcione. Y muy bien que lo hace. Si usted es un asiduo del cine o de la televisión, o aunque sólo vea películas de vez en cuando, usted sabe quién es Simmons, aunque su nombre no le suene familiar. Además de su papel en Law and Order, se presenta regularmente en las series Oz y The Closer. En la pantalla gigante, ha tenido papeles memorables como el insensible editor de periódicos en las películas de Spider-Man (El hombre araña), y en varias películas de los hermanos Coen.

Simmons, de 56 años, nunca ha actuado tan bien como aquí, donde transforma a Henry de un hombre que carga el peso de su arrepentimiento, a uno lleno de esperanzas. Y puede que sea tan sólo abril, pero es difícil imaginar que una escena en particular —hacia el final de la película, donde nos presentan a Simmons en una camiseta y un pañuelo teñidos al estilo hippy— no se convertirá en una de las escenas más memorables de todo el año.

The Music Never Stopped tiene sus fallas, pero todas esas fenomenales canciones pueden ciertamente cubrir unas pocas incongruencias. Uno de los mejores trucos de esta película es la manera en que actúa como su propia forma de musicoterapia, dejando a la audiencia perdida en sus propios recuerdos.

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