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<i>Araya</i>: El documental como poesía

Filmado en un deslumbrante contraste en blanco y negro, Araya es un documental presentado como poesía, como una realidad modificada. Utilizando material filmado en escenarios naturales, la película nos cuenta la historia de la gente que vive en la inhóspita península de Araya, al norte de Venezuela, un vasto saladar donde nada crece y donde la pesca y la minería de sal representan los únicos medios de subsistencia.

Es una vida brutal, y la directora Margot Benacerraf nos la muestra en el marco de un espacio de 24 horas a través de los ajetreos cotidianos de la vida de tres familias, dos de las cuales trabajan en la industria de la sal, en tanto la otra subsiste de la captura diaria de pescados.

Araya, una narración que enfatiza la eterna naturaleza del trabajo, del sol ardiente y de los dones del mar, es una fascinante combinación de súplica apasionada y propaganda activista, con una filmación humanística. Las imágenes, influenciadas por el neorrealismo italiano y los documentales de Robert Flaherty, brillan con una belleza estéril, y la película está editada para acentuar la naturaleza lóbrega de la vida cotidiana y de la humanidad de la gente de Araya.

En última instancia, Araya es una película que honra la perseverancia y que muestra cómo la gente puede existir, y hasta prosperar, bajo las condiciones más extremas. “Araya es una gran metáfora, un poema —ha señalado Benacerraf—. Trabajé como lo hacen un escritor o un poeta, de manera alegórica, intermediando desde el principio en la realidad que quise registrar”.

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