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Diez clásicos del verano

Desde Dorothy a los dinosaurios, nuestra selección de las diez mejores películas veraniegas de todos los tiempos.

In English | En algún momento el verano se consideró la "zona muerta" de las películas de Hollywood: los estudios asumían que la mayoría de las personas, en vez de sentarse en una oscura sala, prefería estar al aire libre jugando pelota, saltando la soga, meciéndose en una hamaca o bebiendo zarzaparrilla (o lo que fuera que la gente hacía en aquella época en el verano). Por lo tanto, cuando el sol brillaba en las alturas, los cines solo pasaban películas de cuarta, de bajo presupuesto.

Aunque unos pocos éxitos masivos y además considerados íconos surgieron en los meses estivales, la mayoría de los historiadores del cine concuerda en que fue Jaws la película que cambió para siempre el paisaje cinematográfico veraniego. La historia de Steven Spielgberg en 1975 acerca de un tiburón que ataca en una fiesta del 4 de Julio en la isla Amity, un pueblo del este de Estados Unidos, marcó el comienzo de una nueva era de epopeyas veraniegas. Estos fueron filmes más que meras películas; fueron elaborados como verdaderos eventos, el tipo de hito cultural para los que la gente planifica, participa y comparte una y otra vez.

Esta es mi selección: las diez mejores películas veraniegas de todos los tiempos. No encontrará ningún clásico reciente. Dejemos que las nuevas producciones se añejen un poco para ver si superan el paso de los años. Por supuesto que esta es la lista definitiva y ningún otro filme se considerará después de esto, a menos que usted quiera dar su opinión.

The Wizard of Oz (El mago de Oz) (1939) En mi niñez, siempre daban esta película en televisión en invierno, por lo que me sorprendió descubrir que Judy Garland y compañía ya habían brincado por el camino de baldosas amarillas en agosto de 1939. "Oz" no comenzó una tendencia de espectáculos veraniegos de gran presupuesto —la Segunda Guerra Mundial pudo haber influido— pero fue una película de fantasía que disfrutaron los niños y adultos por igual. La soledad y la añoranza de Dorothy hicieron eco en los niños pero, la próxima vez que vea El mago de Oz, deléitese con las irreverentes actuaciones de los artistas de vodevil Jack Haley, Ray Bolger y Bert Lahr.

Psycho (Psicosis) (1960) Con un módico presupuesto y los mismos técnicos de la serie de televisión, Alfred Hitchcock Presenta, el maestro del suspenso preparó un complejo estudio sobre la demencia con tendencia asesina como una desagradable sorpresa para los espectadores de aquel verano. A estas alturas todos sabemos que a Janet Leigh la acuchillaron en la ducha. Pero imagínese lo espeluznante que habrá sido para los primeros cinéfilos (que pensaban con ingenuidad que ella era la protagonista) verla morir antes de que el filme llegara a la mitad. La magia de Hitchcock conserva la misma audacia, incluso 50 años después.

A Hard Day’s Night (¡Qué noche la de aquel día!) (1964) No hubo otra opción que lanzar esta película en verano, porque si no, las escuelas habrían estado vacías: todas las jovencitas estadounidenses habrían faltado a clase para ir a gritar en las matinés, dispuestas a determinar de una vez por todas quién les gustaba más: el bonito, el inteligente, el rebelde o el tierno. La "Beatlemanía" estaba en su apogeo en el verano de 1964, por lo que el éxito de la primera película de los Cuatro fantásticos era un hecho. La sorpresa mayor fue para los padres que fueron al cine a rastras: no solo los Gigantes de Liverpool eran encantadores e inteligentes, sino que su música, bueno... no estaba nada mal. La dirección de Richard Lester, innovadora en la edición y revolucionaria en el relato de estilo documental satírico, ciertamente estaba a la vanguardia cinematográfica.

Jaws (Tiburón) (1975) El tiburón ni siquiera aparece sino hasta pasados noventa minutos de película (motivando una de las mejores líneas de todos los tiempos: "Vamos a necesitar un barco más grande"). Y esa fue una de las muchas formas en que el novato director Steven Spielberg rompió las reglas en su primera película de terror. Por un lado, en Jaws no hay ninguna mansión abandonada y oscura: el terror explota a plena luz del día, y el que se evidencie esto con la melodía implacable de John Williams logra que la expectativa sea incluso más tensa. Y justo cuando uno espera que la acción llegue al clímax, Spielberg la detiene en seco con un monólogo de siete minutos —uno de los mejores de la historia del cine— cuando el huraño pescador Quint (Robert Shaw) recuerda sus días a la deriva en las aguas plagadas de tiburones tras el hundimiento del buque USS Indianapolis durante la Segunda Guerra Mundial. "...una de las características (del tiburón) es sus ojos sin vida, de muñeca, ojos negros y quietos..." ¡Qué miedo!

Star Wars (La guerra de las galaxias) (1977) Habría que buscar una vieja cinta de video para recordar lo chabacana que se veía Star Wars originalmente (con los años, pareciera que el director George Lucas la ha mejorado digitalmente tantas o más veces que las que Nancy Pelosi se ha inyectado bótox). Pero el núcleo central de la película, que se pierde en casi todas las continuaciones, permanece intacto: es una película de vaqueros convencional, repleta de forasteros libres de convencionalismos, villanos de negro y vastas fronteras a civilizar. Incluso la batalla culminante, hasta el momento en que la Estrella de la muerte va a destruir a los rebeldes, evoca el tictac del reloj de High Noon (A la hora señalada o Solo ante el peligro). Como literatura cinematográfica, Star Wars hace referencia a increíbles fuentes con un ajuste asombroso (excepto por la horrible última escena, en que los héroes se quedan ahí, recibiendo el aplauso de los ciudadanos, como si estuvieran esperando que Lucas, por fin, gritara: "¡Corten!").

Superman II (1980) Si Superman, en 1978, no terminó de cumplir con la coletilla: "Usted creerá que el hombre puede volar", la segunda película sí responde a la pregunta: "¿Puede Superman seducir a Luisa sin aplastarla en un súperabrazo?" Esta entrega es mucho mejor que la original, aunque solo sea porque nos salvó de las laboriosas escenas en el planeta Krypton (¿Recuerda que Marlon Brando recibió $3,7 millones por su breve papel como el papá de Superman?) y las obligatorias escenas de Clark Kent de niño. Aquí la acción comienza inmediatamente, cuando Superman salva la Torre Eiffel de una explosión atómica pero, sin querer, libera a un trío de villanos que juran dominar la Tierra.

Ghostbusters (Los cazafantasmas) (1984) La mayoría de los filmes clásicos de verano de gran presupuesto son películas de acción. No muchas son comedias de plano, y la razón pareciera ser sencilla: en general, cuanto más dinero se gasta en una comedia, menos divertida es (A ver si puede sobrevivir a comedias de exorbitantes presupuestos como "1941" o "Those Magnificent Men in Their Flying Machines" (Los intrépidos y sus máquinas voladoras o Aquellos chalados en sus locos cacharros)). El director Ivan Reitman resolvió ese problema con Ghostbusters al unir el entusiasmo de la ciencia ficción con unas cuantas payasadas. Como poco, Ghostbusters es una combinación de dos películas: una fábula aterradora sobre el mal y una travesura de unos profesores de parapsicología deschavetados como recién salidos de un filme del Rat Pack (grupo de amigos de Hollywood) de los 1950. La mezcla es perfecta y Ghostbusters sobrevive como una de las películas más estremecedoras y divertidas de la historia.

Back to the Future (Volver al futuro o Regreso al futuro) (1985) Podemos perdonar a los adultos que sospechaban de una película sobre un adolescente que viajaba en el tiempo (interpretado por la estrella de televisión Michael J. Fox, que ese mismo verano también protagonizó la terrible "Teen Wolf" (De pelo en pecho o Muchacho lobo). Pero este filme resultó ser tan inteligente que los adultos terminaron enganchados —y rogando, en secreto, que sus hijos no entendieran todo (especialmente las escenas en que la madre del viajero se siente atraída por él, pero en otra época)—.

Who Framed Roger Rabbit (¿Quién engañó a Roger Rabbit?) (1988) Permítame explicarle: Tenía más de treinta años cuando vi Roger Rabbit y, hasta hoy, el villano que se aparece en mis pesadillas es Christopher Lloyd como el Juez Doom, en toda su gloria caricaturesca, con los ojos brillando como pelotas de ping-pong fundidas, la mano enguantada intentando... ¡Basta, no puedo continuar! Fue el último gran filme de animación antes de la era digital, en el que los personajes humanos —encabezados por Bob Hoskins como un investigador privado indigente— interactúan con un elenco estelar de personajes animados, que incluyen al Pato Donald y al Pato Lucas, y una aparición conjunta de Bugs Bunny y Mickey Mouse que tuvo más peso que una cumbre de líderes mundiales. En medio de la anarquía animada, un trasfondo de pérdida recorre este filme: la trama en sí llora la pérdida de los tranvías rojos de Los Ángeles y, con la aparición de cada una de las estrellas animadas —Betty Boop, la vaca Clarabella, las urracas parlanchinas y decenas más— tenemos la sensación de estar viendo a algunos de estos personajes por última vez. La lastimera música de Alan Silvestri y el estilo de "film noir" creado por el director Robert Zemeckis podrían encajar perfectamente en películas de suspenso como Chinatown (Barrio chino).

Jurassic Park (Parque jurásico) (1993) Claro, estamos hastiados de ver películas con criaturas digitales, pero debemos transportarnos al verano aquel en que fuimos al cine y Steven Spielberg nos mostró algo que nunca jamás habíamos visto. A treinta minutos de haber comenzado la película, Sam Neill y Laura Dern se pasean en un jeep sin capota. Se detienen en una colina y lo primero que vemos es que Neill está estupefacto, boquiabierto. Después vemos lo que le causó tanto asombro: una manada de dinosaurios enormes, descansando bajo el sol, comiendo hojas de la copa de los árboles. A diferencia de las películas de dinosaurios del siglo anterior —figuras de arcilla animadas de fotograma a fotograma o actores en disfraces desgarbados— estos animales creados digitalmente no requieren ningún tipo de suspensión de la incredulidad. Son perfectos hasta en el más mínimo detalle: los movimientos lentos y suaves no solo se ven correctos, parecen absoluta y exactamente acordes a unos animales de doce pisos de altura. Con una inigualable trayectoria veraniega —películas como "Jaws" (Tiburón), "E.T." (E.T., el extraterrestre), "Raiders of the Lost Ark" (En busca del arca perdida o Los cazadores del arca perdida) y "War of the Worlds" (La guerra de los mundos)— Spielberg es el rey indiscutible de los días calurosos. Pero rara vez, si es que lo volvió a lograr, consiguió crear un momento así de maravilloso, compartido tanto por sus personajes como por el público.

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