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Cuando quiebra un plan de ahorros

Prepare un Plan B para su jubilación, por si acaso.

In English | He estado reflexionando sobre lo que uno llamaría “la regla de la incertidumbre” de la edad madura. Me refiero a los años cuando uno organiza sus ideas sobre cómo vivirá cuando tenga mayor edad. No existe un plan perfecto, sólo utilizar el buen sentido común (Plan A) y, por si acaso, un plan alterno (Plan B).

Hombre amarrándose un cinturón con las letras A y B como huecos

Sean McCormick

La jubilación entraña en muchos casos el ajustarse el cinturón con los gastos.

Muchos de ustedes se manejarán con éxito durante sus años mayores con el Plan A, el cual resumiré como “ahorrar dinero, trabajar el mayor tiempo posible, conservar el seguro médico y luego vivir del Seguro Social y de sus activos”.

Pero otras personas no llegarán a esa meta. Muchos perdieron ahorros importantes durante el colapso económico del 2008, o fueron forzados a jubilarse antes de estar financiera y emocionalmente listos para hacerlo.

Otros fueron despedidos (o empujados a aceptar ofertas de jubilación “voluntaria”), o decaen a causa de una enfermedad o discapacidad, o tienen que cuidar de un cónyuge enfermo.

He visto sacudidas como estas afectan a algunos de mis amigos. Está el redactor adjunto, de 58 años, con un hijo todavía en la universidad, quien está preocupado de perder su empleo a causa de un nuevo redactor (más joven) que acaba de ser contratado.

Está el inversionista inmobiliario, rico en otros tiempos, víctima del colapso hipotecario quien, a sus 72 años, tuvo que declararse en bancarrota. La gran recesión enterró al negocio de un tercer amigo dedicado a la instalación de paneles solares. Está recomenzando, desde cero y sin capital, a los 49 años.

El Plan B contesta la pregunta: “¿Qué haría si algo así me sucede a mí?” La respuesta tiene dos partes; la preparación “por si acaso” (que beneficia tanto al Plan A como al Plan B), y la ejecución.

Preparación: En esta parte entra en juego el “sentido común”. Mucho antes de cumplir los 55 años, comience a acelerar la amortización de su hipoteca con pagos adicionales o pagos más grandes, y a eliminar sus deudas de consumo. Estos gastos mensuales son difíciles de mantener cuando ya no se recibe un pago de nómina.

Ahorre más dinero, nunca es demasiado tarde. Si usted tiene un plan de jubilación en su empleo, como un 401(k), y aporta sólo un 5% aproximadamente, aumente su aportación, aunque piense que le será difícil. Intentarlo no le costará mucho, y lo más probable es que pueda hacerlo.

Las mujeres deben de hacer el intento

Los estudios muestran que a menudo las mujeres tienen menos ahorros para la jubilación que los hombres, principalmente a causa de salarios más bajos. Los trabajadores que no tienen cuentas 401(k) deben abrir una IRA (cuenta personal de jubilación) o un fondo mutuo en alguna institución financiera.

Aquellas personas cuyos ingresos modestos limitan la cantidad disponible para ahorrar, deberán estar preparados para amoldar sus gastos al ingreso que esperan recibir del Seguro Social (y de alguna pensión, si tienen suerte).

Evalúe su seguridad de empleo. (Por regla general: usted está en riesgo si es 20 años mayor que su jefe, a pesar de las leyes contra el discrimen por edad). Comience por mejorar sus destrezas. Las instituciones de educación comunitarias ofrecen cursos que le ayudarán a pulir sus habilidades o hacer un cambio de carrera. La búsqueda de empleo es más difícil para las personas de mayor edad, pero ayuda si usted muestra flexibilidad y el deseo de aprender.

Lo próximo: Enfrente su nueva situación de inmediato >>

Ejecución: Si inesperadamente dejó de recibir sus cheques de nómina, o si la caída en el mercado de valores redujo sus ingresos, enfrente su nueva situación de inmediato. Si espera, comenzará a utilizar los ahorros que va a necesitar eventualmente, y quizás, a aumentar también sus deudas de tarjetas de crédito.

Corte sus gastos de inmediato, aun los de su hijo en la universidad (él o ella necesitará más préstamos). Busque trabajo, incluso a tiempo parcial, si está en buen estado de salud. El 40,2% de las personas de 55 años y más eran parte de la fuerza laboral el año pasado; el nivel más alto en 35 años, de acuerdo al Employee Benefit Research Institute (Instituto de Investigación de Beneficios para Empleados).

La decisión más difícil que tendrá que tomar con el Plan B será dónde vivir. Si usted es dueño de una casa que cuesta más de lo que puede pagar, y la propiedad es vendible, deshágase de ella y conviértase en inquilino. Si ya alquila, busque algo más económico. De lo contrario, estará malgastando sus ahorros por una propiedad que eventualmente tendrá que ceder de todas maneras.

Si usted deja un empleo con un pago total de su 401(k), transfiéralo a una cuenta IRA para evitar cualquier carga impositiva en el momento (la misma compañía que manejó su 401(k) puede ser su opción más económica). Coloque el equivalente a dos años de gastos en un fondo de mercado monetario, y saque sólo lo necesario para pagar sus facturas. Cualquier cantidad residual deberá probablemente invertirse en bonos y fondos mutuos de alto rendimiento, hasta que su futuro se vea más estable.

Finalmente, mentalícese para una vida diferente. Usted no puede controlar el mercado de valores, ni la llegada de una discapacidad, pero puede controlar cómo piensa sobre esto. Ajustar los gastos de acuerdo a un ingreso, a cualquier nivel, es un comienzo hacia la paz mental.

Jane Bryant Quinn es experta en finanzas personales y autora de Making the Most of Your Money NOW. Escribe regularmente para AARP Bulletin. 

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