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¿Qué tan seguros están sus ahorros?

La verdad acerca de los productos financieros estructurados y por qué los corredores de bolsa los promocionan.

In English | Charles Replogle, de Vero Beach, Florida, buscaba una inversión para su madre de 86 años y su hermano con discapacidad mental. De modo que, cuando un corredor —un amigo que conocía desde los 9 años— le sugirió una inversión de bajo riesgo y alto rendimiento conocida como nota de capital protegido, este dueño de restaurante, de 55 años, invirtió $130.000, casi un tercio de sus ahorros. Le pareció que no había mucho que pensar.

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Dan Page

Gran error. La inversión que hizo en UBS Financial Services, una división del banco suizo UBS AG, era mucho más riesgosa de lo que él creía. A pesar de que se la describieron como segura, en realidad era una oferta compleja e insegura conocida como producto estructurado, una inversión cuyo rendimiento depende del comportamiento de instrumentos financieros subyacentes tales como acciones, índices de las acciones y bonos no asegurados.

Al año, Replogle había perdido todo el dinero que había invertido. No había garantía con respaldo del gobierno para su capital, y las inversiones subyacentes resultaron ser bonos no asegurados emitidos por Lehman Brothers, firma que colapsó en septiembre del 2008. (En una declaración preparada, un vocero de UBS afirmó que el corretaje cumplió “todos los requisitos, prácticas de venta sólidas y pautas de divulgación a clientes” al vender los productos estructurados de la firma Lehman a sus clientes).

Los productos estructurados —que actualmente se venden a pequeños inversores en cantidades récord— son tan complicados que el corredor que los vende no siempre sabe cómo funcionan. Sin embargo, a diferencia de las utilidades del inversor, las comisiones de los corredores sí están garantizadas.

Justificadamente, Replogle se sintió engañado. “No buscábamos un gran éxito”, señaló. “Sólo algo en lo que pudiéramos confiar. Y nos dijeron que no había riesgo. Pensamos que estábamos lo suficientemente protegidos”.

Muchos especialistas en finanzas afirman que rara vez son convenientes para inversores individuales, y menos aún para alguien que no desea correr riesgos y que busca una alternativa a los CD (certificados de depósito). Así que surge la pregunta de los $130.000: Si estas inversiones son tan riesgosas, ¿por qué no se controlan más estrictamente? Se requiere que los productos estructurados estén registrados ante la Securities and Exchange Commission (SEC, Comisión de Bolsa y Valores), pero eso es todo. Ningún regulador los revisa antes de que sean vendidos.

Cuando el Congreso aprobó la ley Dodd-Frank de reforma financiera, del 2010, se ignoraron estos productos tan complejos. La ley creó una nueva Consumer Financial Protection Bureau (Oficina de protección al consumidor en asuntos financieros), que investigará las prácticas de marketing engañosas (entre otras tareas), pero no supervisará el mercado de valores.

Entre tanto, las ventas de productos financieros estructurados siguen en aumento. En el 2010, las empresas de Wall Street y los principales bancos superaron todas las marcas al vender $51.860 millones de las inversiones a consumidores estadounidenses. Su estrategia: bajo riesgo para el capital y un alto rendimiento.

Sus clientes preferidos: los estadounidenses adultos mayores que temen quedarse sin dinero al vivir mucho más tiempo, si sus ahorros permanecen en certificados de depósito y bonos de bajo rendimiento, y que, muchas veces, se desesperan por encontrar una alternativa segura que pague más.

“Wall Street está apuntando, claramente, a inversores de ingresos fijos, de los cuales la mayoría son jubilados que buscan una fuente estable de ingreso, y protegerse contra cualquier pérdida material de su capital”, sostiene Chris Vernon, abogado, de Naples, Florida, que ha representado a cientos de inversores mayores a quienes los han engañado, incluido Replogle. Y, según él, siguen siendo el blanco por la misma razón por la que Willie Sutton robaba bancos: “Porque allí es dónde está el dinero”.

Los productos estructurados son extremadamente lucrativos para quienes los venden. Pero no tanto para los compradores. En el mejor de los casos, usted paga tarifas altas por una inversión ilíquida con una ganancia potencial limitada; y en el peor, puede perderlo todo.

A la fecha, los inversores han perdido unos $164.000 millones en productos estructurados e inversiones de un riesgo similar. Y los reguladores creen que las pérdidas van a aumentar drásticamente, junto con las quejas de los inversores. Los estadounidenses que realizaron estas inversiones desde el 2008 están presentando cada vez más demandas a medida que el monto de sus pérdidas se torna evidente. “La gran ola todavía está por llegar: la mayoría de la gente aún no sabe lo que tiene”, señaló Joseph P. Borg, director de la Comisión de Valores de Alabama, quien es responsable de investigar una serie de demandas.

Perdió 275.000 dólares en inversiones "seguras" >>

Muchos inversores tienen historias parecidas a la de Replogle. Por ejemplo, Rob Brunhild, de 49 años, de West Bloomfield, Michigan, invirtió en notas de la firma Lehman, a través de UBS, los fondos fiduciarios de su familia y de su madre de 80 años. Esperaba “un retorno sólido y sustancioso con un riesgo mínimo. El corredor insinuó que estos productos eran como valores del Tesoro de Estados Unidos”.

En el 2008, Tricia Flanagan, de 58 años, invirtió $200.000 en notas de capital protegido para su jubilación. Trabajaba como agente de bienes raíces en Kiawah Island, Carolina del Sur, y cuando los problemas financieros de Lehman llegaron a los titulares, reconsideró sus inversiones, pero su corredor la convenció de que no vendiera. Perdió todos sus ahorros. “Fui vulnerable”, señaló. “Creo que fui uno de los blancos elegidos. Estas personas saben quiénes son los blancos fáciles”.

Por qué son riesgosos

Louis Straney, asesor de arbitraje de valores de Santa Fe, Nuevo México, cree que los productos estructurados constituyen la peor irresponsabilidad de Wall Street. “En mis 30 años de experiencia en Wall Street, nunca vi otro producto tan irresponsablemente destructivo”, sostiene Straney, cuyo conocimiento directo de las finanzas de Wall Street se remonta a los días de los bonos basura (bonos de altísimo riesgo) de la década del 80.

Según él, lo que se le está vendiendo actualmente al consumidor es una versión reenvasada de los complejos productos de alto riesgo que Wall Street le vendió a inversores institucionales a partir del año 2000, productos que desempeñaron un papel importante en la implosión financiera del 2008. Lo que es más, los corredores están altamente motivados para venderlos, ya que las comisiones por ventas de estos productos estructurados oscilan entre el 3 y el 10%. En contraste, la comisión por vender un bono básico puede ser inferior al 1%.

Y, desde el punto de vista del vendedor, los grupos de bancos son un lugar ideal para que los corredores instalen estos productos. “A menudo, las personas mayores se sienten más a gusto con corredores que trabajan en sus bancos”, afirma Geoff Evers, abogado de Sacramento, California, que ha representado a inversores afectados por las pérdidas debidas a productos estructurados.

Seguramente, las complejidades del producto están detalladas en el prospecto (un documento largo, denso y abrumador, que pocos leen y aún menos entienden), pero el argumento de venta del corredor es, por lo general, muy sencilla: alto rendimiento, mínimo riesgo. Esto representa un señuelo atractivo cuando los productos tradicionales y seguros, como los CD, brindan tan poco retorno.

También es engañoso. “La industria financiera está utilizando de manera efectiva productos estructurados para tomar miles de millones de dólares de los inversores de Main Street sin garantía”, afirma Vernon. Y para los compradores que cambien de parecer, estas inversiones no son fáciles de vender. La mayoría no se canjean ni se cotizan en la bolsa. Si una persona quisiera deshacerse de esta inversión, la única opción podría ser vendérselas a su corredor, a pérdida.

Los reguladores federales y estatales de valores conocen y están investigando estos problemas. Incluso han formado grupos de trabajo especiales para estudiar los productos estructurados. Sin embargo, hasta ahora, no le han impedido a ningún banco que los emita.

Conozca cómo lo engañan los corredores >>

Una estrategia de venta para productos estructurados a menudo comienza así: El cliente de un banco se queja con el cajero por el pésimo rendimiento de los CD y las cuentas de ahorros. El cajero comprensivo deriva al cliente al corredor de valores que está ahí mismo en el banco, quien, con entusiasmo, describe al producto como una alternativa segura. Muy rara vez se lo llama producto estructurado; en la jerga financiera, la mayoría de estas inversiones tienen nombres particulares, como valor “convertible inverso” u “optimización del beneficio”. Cada banco y cada corretaje tienen su propia versión.

Ignore el entusiasmo del vendedor y, en cambio, busque las siguientes señales de alerta comunes.

  • Un rendimiento demasiado alto

Uno de los productos estructurados de mayor rendimiento que se vende actualmente promociona rendimientos del 30% anual, seis veces lo que ganaría con bonos corporativos de bajo riesgo. Cuanto más alta sea la tasa de rendimiento que le ofrezcan, más riesgoso será el producto.

  • Promesas de protección

Las frases de moda son “protección contra resultados negativos” o “protección contra riesgos del mercado”. Si, por ejemplo, el instrumento subyacente corresponde a acciones, le dirán que las pérdidas serán limitadas si las acciones caen; en la bolsa, la ganancia potencial tendrá un tope cuando el mercado suba. Para ser más claro, “protección contra resultados negativos” quiere decir que hay un producto derivado riesgoso y que usted está menos protegido de lo que pensaba.

  • Promoción excesiva del banco

Puede que el corredor resalte la solidez financiera del banco que emitió el producto, pero usted no podrá evaluar el balance general de un banco, ya que esto es un desafío incluso para los especialistas. Y como todos pudimos apreciar en el 2008, las grandes instituciones financieras también pueden quebrar.

  • Cómo contraatacar

Si fue estafado al realizar alguna de estas inversiones, probablemente no pueda demandar ni al emisor ni al corredor que se la vendió. En la mayoría de los contratos de corretajes, el inversor renuncia al derecho de demandar y acepta arbitrajes obligatorios. Por lo general, para que le devuelvan el dinero, deberá probar que el producto era “inadecuado” para usted. La ley vigente no les exige a los corredores que coloquen los intereses del cliente por delante de los propios, a menos que también sean asesores de inversión registrados, aunque sí están obligados a vender productos que respondan a los objetivos de inversión y la situación financiera del cliente. Primero, hable con el supervisor del corredor.

Si usted cree que ha comprado un producto inadecuado, o que el corredor ignoró sus pautas de inversión, la administración del corretaje debe saberlo. Tal vez, pueda recuperar el dinero a través de un arreglo directo con ellos. Aun cuando eso no suceda, ponga al tanto a los supervisores de la compañía tan pronto como note algún problema.

  • Presente una demanda arbitral

La mayoría de los abogados que se especializan en este campo prefieren clientes con demandas que superen los $50.000. Puede ubicar un abogado a través de la Public Investors Arbitration Bar Association (colegio de abogados que sólo incluye profesionales especializados en la representación de inversionistas individuales en arbitrajes) (888-621-7484). Por lo general, el abogado que tome su caso le pedirá un tercio de lo que usted gane. ¿Tiene una demanda por un monto menor? La SEC (Comisión de Bolsa y Valores) ofrece cursos cortos de arbitraje y mediación (Arbitration/Mediation Clinics), que se dictan en las escuelas de leyes (en su mayor parte en el Noreste) y que, por lo general, son gratuitos para los inversores de ingresos limitados. No necesita vivir cerca de un lugar donde se imparta un curso para pedir asistencia. Si desea un listado de estos lugares, visite sec.gov/answers/arbclin.htm.

  • Presente una queja

La Financial Industry Regulatory Authority (FINRA, Autoridad Reguladora de la Industria Financiera) dispone de un formulario en línea para las demandas de los clientes, e investiga las quejas relativas a los corredores y vendedores. También ofrece servicios de mediación.

  • Pida una investigación

Póngase en contacto con la oficina del administrador de valores de su estado. Estos reguladores de primera línea pueden investigar su demanda. Si hay algún problema importante —o si usted cree que es víctima de un delito financiero—, ellos pueden iniciar una demanda y lograr una indemnización para un inversor estafado. Encuentre al regulador de su estado a través de la North American Securities Administrators Association (Asociación de Administradores de Valores de Norteamérica) (202-737-0900). Otra buena opción es comunicarse con la oficina del fiscal general de su estado. Durante los años del auge de los sitios web, muchos fiscales (como Eliot Spitzer, de Nueva York) realizaron difíciles investigaciones y ganaron demandas de inversores por reintegros, que tanto la SEC como la FINRA evitaron en gran medida. Todas cuentan con abogados que controlan e inician procedimientos contra el fraude al consumidor y al inversor. Localice la oficina del fiscal general de su estado a través de la National Association of Attorneys General (Asociación Nacional de Fiscales Generales).


John F. Wasik, columnista que escribe sobre finanzas personales, es el autor de The Cul-de-Sac Syndrome: Turning Around the Unsustainable American Dream (El síndrome del Cul-de-Sac: Cómo revertir el insostenible sueño americano) y de otros 12 libros. Este artículo está basado en investigaciones financiadas por una beca del The Nation Institute.

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