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La fiebre del oro

Con instituciones financieras tambaleantes y el temor de inflación, se torna nuevamente atractiva.

In English| ¿Qué sucede con el oro que fascina tanto a la gente?

No te lo puedes comer, no paga intereses, cuesta dinero guardarlo y es pesado para cargarlo de un lado a otro.

Sin embargo, su precio ha aumentado de manera exorbitante en los últimos 18 meses. El valor de la onza troy aumentó más del 70% entre octubre de 2008 y diciembre de 2009, cuando alcanzó su precio máximo de $1.214,80, y este año se ha sostenido cerca de los $1.100. (El oro y demás metales se miden en “onzas troy”, que es algo más que una onza común). El 30 de marzo se vendió a $1.103,60.

La comercialización de esta mercancía especulativa de primera calidad aviva la actividad cotidiana de los corredores de todo el país que trabajan con lingotes y monedas poco comunes. En la concesionaria Fort Knox, de Alameda, suburbio de Oakland, California, el precio del oro es el tema de conversación constante mientras el televisor de pantalla plana muestra las últimas cifras, cerca del mostrador de ventas.

“No lo podías vender a $700 la onza, pero a $1.200, todos quieren algo de oro”, señaló Michael J. Wright II, cuya familia ha administrado el negocio por más de 30 años.

“Cuando el caballo está ganando, la gente sólo quiere apostar a ese caballo —agrega su esposa, Linda, luego de pesar una pequeña pepita de oro de una pieza dental y de pagarle a un cliente $34 en efectivo—.

Es la psicología y los medios de comunicación. Cuando la gente se pone nerviosa por la situación económica o por el futuro de los bancos, compra oro. Quiere tener algo tangible a qué aferrarse”.

Una inversión popular en círculos conservadores

En el universo de 24 horas de la televisión por cable y la radio, la estrategia de venta parece casi omnipresente. Sintonice a los conservadores presentadores de programas de entrevistas Michael Savage y Laura Ingraham, o a los comentaristas de Fox News Bill O’Reilly y Glenn Beck, y es probable que resulte bombardeado con estrategias de venta sobre la seguridad de poseer oro, generalmente en forma de lingotes o monedas.

Los avisos que promocionan el oro apuntan a la caída del dólar estadounidense con respecto a las divisas, presentando el déficit presupuestario y el gasto gubernamental masivo como signos inequívocos de que el oro sigue siendo la mejor opción a la hora de invertir su dinero.

Beck ha dicho: “Cuando el sistema finalmente colapse y el gobierno aparezca con sus cañones para confiscar —ya sabe— todo lo que haya en su hogar y todas sus posesiones, y entonces usted se encuentre luchando contra las muchedumbres enloquecidas de las que habló Ted Turner, no se lamente conmigo; se lo dije: compre oro”.

Los críticos apuntan que Beck y los demás con la obsesión del oro también aparecen como voceros remunerados en los avisos publicitarios de los comerciantes de oro.

Sin embargo, existen algunas dudas respecto de que las olas de ansiedad financiera de los últimos años, originada por el colapso de Lehman Brothers, las tasas de desempleo más altas en décadas, la quiebra de dos de las tres grandes fábricas automotrices de Detroit y déficit federales récord, hayan contribuido a subir el valor del oro.

“El negocio está tan activo como lo ha estado en los últimos 20 años”, dijo John Potts, director administrativo de Fidelitrade, cuya unidad depositaria de Delaware es uno de los depósitos de lingotes y monedas de oro más grande del país.

¿Una protección contra la inflación?

“La gente parece muy, muy temerosa de la inflación, a pesar de que aún no hay síntomas de ella —dijo Potts—. Nuestros clientes están diciendo que cuando se tiene $3 millones de millones de gastos gubernamentales al año, la inflación tiene que estar a la vuelta de la esquina.

Y lo que es inusual esta vez es que la gente parece menos preocupada por un retorno de sus inversiones. Sólo parecen estar buscando un seguro financiero, una protección”.

Sin dudas, cualquiera que haya comprado oro en diciembre de 2008, cuando el metal se vendía a $749 la onza, ahora debe estar sonriendo. Si bien los precios han bajado respecto del máximo alcanzado, aún están alrededor de los $1.100 por onza.

Para los escépticos, comprar oro parecería ser el equivalente a enterrar dinero en el patio de su casa. No produce dividendos ni ayuda a generar nuevos empleos como invertir en acciones comunes de una compañía.

Y señalan que apostar al oro puede ser una mala jugada, especialmente después de una serie de buenas noticias económicas. En tan sólo un día, el pasado viernes 4 de diciembre, el precio de la onza de oro perdió la impresionante suma de $48.60, luego de un informe sorprendentemente positivo sobre empleos en Estados Unidos.

Los corredores más antiguos recuerdan los primeros años de la década de 1980, cuando el precio cayó de alrededor de $850 la onza a menos de $300 en un lapso de dos años y medio.

Otro motivo de preocupación: la demanda cada vez menor de parte de los joyeros. El consumo de oro cayó un 34% en el primer trimestre de 2009 con respecto al mismo período del año anterior, según el World Gold Council (Consejo Mundial del Oro), asociación de compañías mineras productoras de oro.

Los joyeros, que generalmente representan las dos terceras partes de las compras de oro, adquirieron un 30% menos en el trimestre, un signo de que un aumento del precio del metal podría contener el apetito de los consumidores de alhajas.

Ciertamente, en Fort Knox, los altos precios están atrayendo a muchos más vendedores que compradores en estos días, según Linda Wright. Y agrega: “Con estos precios, mucha gente busca en sus alhajeros los brazaletes y collares que ya no usan. Para ellos, es una buena manera de conseguir algún dinero extra para estas vacaciones”.

Michael Zielenziger escribe sobre negocios y economía. Vive en el área de la Bahía de San Francisco.

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