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Nuevos prestamistas usureros

Los prestamistas de día de pago tienen más trucos de los que cree.

In English | Mary Love quiere que usted lo sepa: no hace falta ser pobre para ser víctima de los préstamos a cuenta de su sueldo.

Love, de 67 años, divorciada y residente de LaGrange, Kentucky, es ministro de la Iglesia Presbiteriana de EE. UU. Cuando obtuvo su primer préstamo de día de pago, en el 2003, no era indigente; trabajaba para UPS Logistics, en Louisville,  pero se había atrasado en el pago del alquiler.

Su primer préstamo fue por $200. Ella no recuerda el nombre del lugar donde le otorgaron el adelanto en efectivo a corto plazo. “Estaban por todas partes”, dice, refiriéndose al local donde realizó la operación. Love extendió un cheque por $230, que incluía los $30 por el costo del préstamo. El prestamista le entregó $200 en efectivo, y en dos semanas más, ella volvió para recuperar el cheque y pagar el préstamo en efectivo.

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Un cheque y un tiburón en agua

Foto: Travis Rathbone

Los préstamos de día de pago son anunciados como adelantos inmediatos en efectivo para ayudar a los prestatarios a solucionar emergencias económicas.

Sin embargo, más adelante, volvió a quedarse sin dinero. Así que le extendió otro cheque a la tienda, pero por el doble que la vez anterior —$460, incluidos $60 de cargos financieros por el segundo préstamo—, dado que necesitaba saldar otras cuentas. Este ciclo de volver a pedir dinero prestado siguió por meses. Según Love, para fin de año, ya había gastado $1.450 en cargos financieros. Dos años más tarde, con la deuda aún vigente y sin vistas de poder cancelarla, Love estaba viviendo sin pagar un alquiler, en el sótano de la casa de su hermana, y dependía de empleos temporales para saldar los préstamos.

Con más de 20.000 lugares ubicados en 33 estados, estos locales de prestamistas de día de pago, como los que usó Love, resultan familiares. Pero las personas que están buscando dinero rápido ahora tienen otras dos alternativas: en todo el país, los potenciales prestatarios pueden conectarse a internet para encontrar prestamistas de día de pago en línea; y, con excepción de 13 estados, en todos los demás, los bancos tradicionales, como Wells Fargo y U.S. Bank, ofrecen préstamos de este tipo. Estas tres opciones conducen a un tipo similar de crédito sumamente costoso: préstamos a corto plazo con tasas de interés exorbitantes que deben ser saldados completamente en dos semanas. Las operaciones en los locales de prestamistas exigen que el prestatario extienda un cheque para una fecha posterior, que es depositado dos semanas después de que se realiza el préstamo (en teoría, el día en que el prestatario recibirá su siguiente paga). Las operaciones en línea y en los bancos son aun más exigentes: el prestatario debe darle acceso a su cuenta corriente al prestamista, quien podrá extraer dinero tan pronto sea depositado.

Los préstamos de día de pago son anunciados como adelantos inmediatos en efectivo para ayudar a los prestatarios a solucionar emergencias económicas que deben afrontar antes de cobrar su próximo sueldo. Unos 19 millones de estadounidenses recurren a prestamistas en locales físicos o internet, y gastan bastante más de $7.000 millones anuales en cargos financieros, explica Richard Cordray, director del nuevo Consumer Financial Protection Bureau (CFPB, Oficina de Protección Financiera del Consumidor), que tiene la autoridad para supervisar el rubro. Pero puede ser una forma tremendamente costosa de obtener crédito. Según un informe del 2012 de The Pew Charitable Trusts, el prestatario promedio saca, anualmente, ocho préstamos de $375 cada uno, y paga alrededor de $520 solo en cargos financieros. Eso ya es bastante malo para alguien con un empleo estable, pero mucho peor para personas jubiladas con ingresos fijos. Un informe sobre préstamos de día de pago del Center for Responsible Lending (Centro para Préstamos Responsables) del año 2011 estima que una cuarta parte de los préstamos de día de pago otorgados por bancos corresponden a prestatarios que viven del Seguro Social.

Se supone que los prestamistas no deben exigir una asignación de beneficios gubernamentales como condición para otorgar un préstamo. Sin embargo, las entidades de defensa del consumidor creen que los prestamistas prefieren a prestatarios que vivan del Seguro Social, porque su ingreso es más seguro que el de un empleado común. “Siete de cada nueve cadenas de prestamistas que sondeamos dijeron que otorgarían préstamos a personas que estuvieran recibiendo beneficios por desempleo, por discapacidad o del Seguro Social”, señala David Rothstein, autor de un estudio sobre préstamos de día de pago del año 2009, realizado para Matters Ohio. “Esas son algunas de las personas más vulnerables del estado”.

Los prestamistas de día de pago también son muy severos a la hora de cobrar las deudas de los prestatarios cuyos cheques son rebotados, y recurren, incluso, al embargo de sus beneficios del Seguro Social. Técnicamente, la Social Security Act (Ley del Seguro Social) de 1935 prohíbe que los acreedores puedan embargar los beneficios. Pero debido a que, por lo general, la transacción se realiza entre el prestamista y un banco local, a menudo quedan exentos del cumplimiento de esta normativa. Eso es lo que descubrió Randy Morse, de Lynchburg, Virginia, cuando una sucursal de Allied Cash Advance amenazó a su madre de 96 años con embargarle sus beneficios, el pasado mes de marzo. Ella se había atrasado en el pago de un préstamo que había sacado en el mes de septiembre del año anterior.

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Según Matt Kadlec, asesor de crédito de Financial Information & Service Center, de Menasha, Wisconsin, los prestatarios enfrentan el embargo después de haber dejado de realizar múltiples pagos. “Lo típico era esperar tres meses antes de recurrir a la justicia”, señala Kadlec, quien trabajó para el prestamista de día de pago Cash Tyme, de Indiana. “Solo íbamos al juzgado si sabíamos que la persona seguía teniendo algún tipo de ingreso”.

En mayo del 2011, el Treasury Department (Departamento del Tesoro) presentó una nueva norma que identifica los depósitos exentos —entre los que se encuentran los beneficios del Seguro Social—, cuando aparecen en la pantalla de la computadora del empleado del banco, indicando que esos fondos no pueden ser embargados. “Antes, el banco decía: ‘No depende de nosotros decidir qué fondos están exentos’,  para, luego, hacer un pedido de embargo y congelar su cuenta”, dice Jay Speer, director ejecutivo del Virginia Poverty Law Center (Centro Jurídico contra la Pobreza de Virginia), con base en Richmond. “Uno tenía que ir a la corte para probar que estaban exentos. Mientras tanto, su cuenta era congelada y no podía extraer dinero ni para comprar alimentos. Ahora, el embargo es impedido sin necesidad de ir a un juzgado. La nueva norma hace que los bancos hagan lo que deberían haber hecho siempre”.

Si bien la norma dificultaría que los prestamistas de locales puedan embargar los beneficios de los prestatarios, los bancos que otorgan préstamos de este tipo no tendrían el mismo problema. Actualmente, cinco bancos —Wells Fargo, U.S. Bank, Fifth Third Bank, Regions Financial y Guaranty Bank— están otorgando préstamos similares a titulares de cuentas cuyos beneficios son depositados directamente en sus cuentas. Ninguno de estos productos es llamado préstamo de día de pago, ni siquiera "préstamo"; la mayoría son catalogados como “adelantos”, tal como el "Adelanto de Depósito Directo" (Direct Deposit Advance), de Wells Fargo, cuya vocera, Richele Messick, denomina “un modo creativo de que el cliente pueda acceder anticipadamente a su próximo depósito”. Pero los términos y condiciones de este tipo de crédito son prácticamente idénticos a los de los préstamos ofrecidos en los locales de prestamistas, lo que incluye tasas de interés de tres dígitos y plazos de dos semanas para saldarlos, con fecha de vencimiento coincidente con la fecha del próximo depósito directo que ha de recibir el prestatario.

Para obtener estos préstamos, los clientes necesitan tener un depósito directo habitual en sus cuentas corrientes, y los beneficios del Seguro Social cumplen este requisito. El Seguro Social comenzó a ofrecer el depósito directo en 1996, y la mayoría de los beneficiarios han hecho la transición; se prevé que el último cheque en papel del Seguro Social se enviará por correo postal en marzo del 2013. Esa comodidad tiene una consecuencia no deseada: el depósito directo podría permitir que los bancos tomaran beneficios para saldar deudas contraídas con el banco, lo que incluiría los préstamos de este tipo que ellos otorgan.

“Esta nueva norma del Departamento del Tesoro no soluciona el problema de que los bancos prestamistas de día de pago puedan acceder primero a su dinero”, explica Julie Nepveu, abogada superior de AARP Foundation. AARP ha respaldado los esfuerzos de varios estados por endurecer la normativa para proteger a los beneficiarios del Seguro Social contra los embargos. “Nosotros, al igual que otras entidades de defensa del consumidor, creemos que este tipo de arreglo con su banco lleva a un traspaso arbitrario de sus beneficios del Seguro Social”.

Fue, precisamente, para abordar este tipo de explotación que se creó el CFPB. Sin embargo, si bien el CFPB tiene autoridad sobre los prestamistas que operan en locales y en línea, y ha comenzado a ejecutar procedimientos de evaluación, no posee autoridad para limitar las tasas de interés. La vocera del CFPB, Michelle Person, no hizo comentarios sobre el asunto de la regulación de las tasas para los préstamos de día de pago. “Estamos en la etapa de recolectar información para nuestra tarea”, explica, “y no podemos prejuzgar este tema”.

Para Mary Love, liberarse de la trampa de la deuda no llegaría sino hasta varios años después. En el 2005, vio un anuncio en el que se publicitaban la derivación de servicios de la Cruz Roja para lograr terminar las deudas, que la contactó a ella con el Consumer Credit Counseling Service (Servicio de Asesoramiento de Crédito al Consumidor). Eso la llevó a un plan de pago; finalmente logró salir de la deuda en el 2007. El pago total, según cree, “superó holgadamente los miles de dólares". Años después, no cree que se haya recuperado por completo.

“Acudir a los prestamistas no es la manera de salir de las deudas” —sostiene—, así es como uno se endeuda”.

John Sandman escribe desde Brooklyn. El trabajo de investigación en que se basó este artículo se realizó conjuntamente con The Investigative Fund del The Nation Institute.

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