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Vida diaria

Epidemia de soledad

Nuestra encuesta nacional descubre que la soledad ahora hace parte de la vida diaria de muchos.

Entendiendo la soledad

— Marcus Lund/cultura/Corbis

La severa recesión que comenzó en el 2007 también ha contribuido a este incremento. “El efecto general de las crisis económicas del pasado ha sido que las personas se resguarden y se alejen de sus comunidades”, sostiene Putnam, quien estudió las tendencias en afiliaciones sociales, asistencia a la iglesia­ y otras actividades sociales durante el siglo XX. A esto hay que añadirle el rápido aumento de hogares conformados por una única persona, que pasó de 20,6 millones en 1985, a 31,7 millones en el 2009. Más del 70% de estos hogares está constituido por una persona mayor de 45 años. El resultado es una sociedad preparada para la soledad.

Vivir solo y envejecer no son, en sí mismos, vaticinadores confiables de soledad. De hecho, como se explicó anteriormente, nuestro estudio halló que la soledad disminuye con la edad: los encuestados de mediana edad registraron tasas más altas, disipando la idea de que la soledad y el aislamiento son consecuencias inevitables de la vejez. Considere estas cifras: el 43% de adultos de entre 45 y 49 años están solos; un porcentaje similar al de las personas de entre 50 y 59 años que también informaron estar solos (el 41%). Esto se compara con el 32% de las personas de entre 60 y 69, y el 25% de las mayores de 70 años que están solas.

Los motivos no están claros, pero las conclusiones concuerdan con otro estudio, basado en una encuesta que Gallup realizó en junio entre más de 340.000 adultos, y que concluyó que los niveles generales de satisfacción con la vida aumentan a medida que envejecemos. En la encuesta, las autoclasificaciones de satisfacción general con la vida son muy altas a los 18 años, bajan hasta alrededor de los 50, y luego comienzan a subir hasta que, para los 85 años, las personas por lo general están bastante felices, independientemente de que estén o no conviviendo con alguien más.

Tal vez esté sucediendo algo profundo y espiritual... o tal vez, no. “Una vez que comencé a vivir sola, me sentí encantada al descubrir que podía comer galletas en la cama, volver a casa a la hora que quisiera y cometer todos los errores que deseara, sin tener que rendirle cuentas a nadie”, declara Virginia Ironside, de 66 años, columnista consejera del London Independent y autora de You’re Old, I’m Old…Get Used to It! (Tu eres mayor, yo soy mayor… ¡acostumbrémonos a ello!).

Como cuidadora a tiempo completo de su marido Jack, quien padece demencia, Annette Arthur, de 88 años, tiene otra perspectiva. Ella y Jack vivieron en la misma casa, en Baltimore, durante 50 años. La pérdida de sus recuerdos comunes la hace sentir sola, aunque se siente más satisfecha con su vida ahora que en su mediana edad. “Cuanto más te acercas al final de la vida, más la atesoras”, sostiene. “Encuentro mucho placer en estar en mi hogar y saboreo los días que me son regalados”.

En cambio, los boomers están cada vez más insatisfechos: el porcentaje de solitarios entre las personas de alrededor de 50 años se duplicó en los últimos 10 años, mientras que la soledad entre los de 60 aumentó en casi un 50%. Esto, en parte, responde a un problema relacionado con lo laboral. La mayoría de los estadounidenses trabajan más, por más tiempo y por menos dinero: el ingreso doméstico promedio se estancó entre el 2000 y el 2007, y, desde entonces, ha declinado claramente. Esta situación le ha hecho ver a personas como Charlotte Henry, de 62 años, de San Juan, Puerto Rico, lo aburrido que puede ser el escenario “todo trabajo, nada de diversión”. Henry, quien está divorciada y vive sola, es una contratista independiente que mantiene dos trabajos para poder llegar a fin de mes. “Una vez que llego a casa del trabajo, me hago la cena, luego de eso limpio y, termino agotada”, señala. “No hay modo de que me vista y vuelva a salir”.

También sucede que se ha tornado casi imposible huir del trabajo, mientras que el correo electrónico, los mensajes de texto y Twitter dificultan que uno pueda desconectarse y socializar. Esta “persistente y frenética situación de estar siempre ocupado” amenaza nuestras relaciones, escriben la psiquiatra Jacqueline Olds y su esposo Richard Schwartz en The Lonely American: Drifting Apart in the 21st Century (El estadounidense solitario: apartándonos en el siglo XXI). “Actualmente, las personas están agotadas cuando terminan de trabajar, si es que alguna vez terminan”, sostiene Olds, quien, al igual que su marido, ejerce en Cambridge, Massachusetts, y enseña en Harvard Medical School (la Facultad de Medicina de Harvard). “Sólo necesitan un poco de soledad e inactividad al final de día, y esto no tiene nada de malo. Pero si colocas la socialización al final de la lista de cosas para hacer, entonces no verás a nadie y te sentirás más aislado. También sentirás que los demás te están dejando de lado, incluso cuando hayas sido tú quien haya comenzado a emitir señales de que no deseabas compañía. De modo que lo que comenzó como un deseo razonable se alimentó a sí mismo y se volvió destructivo”.

Por otra parte, mantenerse contactado una vez jubilado de un trabajo, parecería frustrar la soledad. En general, las personas jubiladas son menos solitarias que los que no se han jubilado, probablemente porque tienen menos obligaciones y más tiempo para los amigos. Sólo el 16% de los jubilados que continúan interactuando regularmente con ex compañeros de trabajo están solos, en comparación con un 42% que no interactúan en absoluto con sus ex colegas. Además, casi la mitad de los adultos mayores que cambiaron de domicilio en los últimos años estaban solos. De modo que si, cuando se jubile, puede costearse un hogar soñado en las montañas o en la playa, ¡felicitaciones! Pero coloque “hacer nuevos amigos” al comienzo de la lista de cosas para hacer una vez que llegue allí.

Internet parecería ser el modo perfecto para seguir contactados con viejos amigos  —y para hacer nuevos amigos—, pero Facebook no puede sustituir los encuentros en persona. A pesar de que nuestra encuesta no halló evidencia de que los medios sociales estuvieran disminuyendo los contactos sociales, los resultados sugieren que internet puede empeorar la soledad. Los participantes solitarios fueron más propensos a coincidir con la afirmación, “Tengo menos vínculos profundos ahora que me mantengo en contacto con gente a través de internet”. Dice el especialista en soledad Cacioppo: “Utilizar las redes sociales como un sustituto del contacto humano podría ser como comer apio cuando tiene hambre; te hace sentir mejor por un rato, pero como no es realmente un alimento, a la larga, terminas sintiéndote más hambriento”.

Esto explica por qué Franklin Crawford pasa sus noches deambulando por los pasillos de las tiendas. Crawford trabajó 20 años como reportero en salas de redacción, pero ahora trabaja desde su hogar, donde vive solo. “Extraño esa oficina por la calidez de los cuerpos, no por el trabajo”, explica. “A pesar de mi soledad, sé que soy una persona sociable. Sin embargo, la computadora me aísla. Cuando me comunico sin el contacto directo, fracaso; en el ínterin, pretendo que funciona. El problema con el ínterin es que se transforma en todo el tiempo.

La soledad es una aflicción que afecta a todos por igual. Hombres y mujeres tiene prácticamente las mismas probabilidades de ser solitarios. Los estadounidenses blancos, negros, latinos y asiáticos son todos solitarios casi por igual. Todas las regiones geográficas están a unos pocos puntos porcentuales del promedio nacional. La educación tampoco marca una diferencia, aunque los encuestados de ingresos bajos (los que ganan menos de $25.000 por año) resultaron más propensos a ser solitarios que las personas que tienen un nivel de ingresos altos (más de $75.000 por año).

No sorprende a nadie que las personas casadas sean menos solitarias que las divorciadas, separadas o las que nunca se casaron. Pero la alianza (anillo matrimonial) no tiene poderes mágicos: el 29% de las personas casadas informaron sentirse solas. “No hay nada peor que ser la mitad de una pareja que no se lleva bien”, afirma Ironside, la columnista consejera del London Independent. “Vivir solo presenta muchísimas dificultades, pero al menos nadie te ignora activamente”.

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