Tan bien le fue que Dorantes se graduó y obtuvo su habilitación como médico en su tierra natal. Pero quería ejercer al norte de la frontera, lo que implicaba dos años más de capacitación mediante el programa para graduados en Medicina en el extranjero International Medical Graduate, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Este proyecto, creado para paliar la escasez de médicos bilingües y biculturales en California, ofrece un programa rápido para preparar a médicos latinoamericanos a obtener su licencia para ejercer en Estados Unidos.
“Esta gente tiene un tremendo empuje”, dice la doctora Michelle Anne Bholar, directora ejecutiva del programa de UCLA, refiriéndose a los médicos que reciben la capacitación. Entre ellos, dice, Dorantes se destacó como “extraordinario”.
Dorantes completó el programa, aprobó los exámenes de EE. UU. y, ahora, a los 50 años, espera ser designado para un programa de residencia de tres años, que espera sea en una comunidad rural de California, donde los médicos bilingües y biculturales se necesitan desesperadamente. Esa preferencia, dice, fue influenciada por pacientes de habla hispana que le dijeron: “Necesitamos gente que escuche lo que tenemos que decir y que entienda por lo que estamos pasando”.
A partir del día en que nació su hija hasta la finalización de su residencia, la devoción de Dorantes por su sueño se extiende a cerca de 20 años. “Es un camino muy duro, pero termina dando sus frutos”, dice. “Siento una sensación de orgullo por haber logrado el objetivo que me impuse”.
Aun así, el precio fue mayor que tan sólo los años y los costos de su educación. Linda, cansada de la naturaleza absorbente de la travesía de Dorantes para llegar a ser médico, quiere terminar con su matrimonio.
“Hay gente a la que siempre amarás, pero tengo que quererme más a mí misma para cuidarme”, dice ella. “La medicina está organizada de manera tal que pone a las familias en riesgo. No es saludable. [Los médicos] no llevan una vida equilibrada”.
Dorantes lo reconoce: “Estaba persiguiendo este sueño, y quedaba menos tiempo para la familia”. A eso se debe el agridulce período que él y su familia están pasando. Sin embargo, explica, “siento un profundo amor por la medicina y hay que estar enamorado de esta profesión”.
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