2. Dejen de tratar de controlar a su pareja. Los conflictos no son necesariamente malos ni indican que deben separarse o que les faltan habilidades básicas que tienen otras parejas más felices. Más bien, son señales que la psique está tratando de sobrevivir y vencer sus defensas.
De hecho, Hendrix cree que los que afirman nunca pelear simplemente han renunciado a su relación y han dejado de prestar atención. "En vez de compartir sus vidas, comienzan a vivir vidas paralelas", nos explica.
Pero se puede pelear limpio o sucio. Es hora de colgar los guantes de boxeo y dejar de juzgar. Eliminar la negatividad debe ser su meta, porque cada vez que usted no aprecia a su pareja, crea una relación desigual que produce ira y ansiedad.
En cambio, pregúntese: ¿desea tener la razón, o desea tener un matrimonio feliz? ¿Vale la pena pelear acerca de qué película deberían ver, o a dónde se irán de vacaciones? Deje atrás las toxinas que contaminan su matrimonio: el rencor, las miradas hacia el cielo y los insultos, el sarcasmo o la mezquindad y las suposiciones generales (siempre haces esto, nunca haces lo otro) que posiblemente se hayan colado en sus conversaciones.
3. Aprenda a escuchar profundamente y con empatía. Muchas parejas unidas por muchos años suponen que saben lo que está pensando o sintiendo la otra persona —y a menudo están totalmente equivocadas—. O creen que si su pareja de veras lo amara, o le importara su bienestar, simplemente sabría por qué está disgustado. De nuevo se equivocan.
Elimine el síndrome de creer saber el pensamiento de su pareja y busque tiempo para hablar franca e íntimamente (considérelo su discurso personal sobre el estado de la nación).
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