P. Y no se puede argumentar que hay un juego de conductas cuando se tiene dinero y otro cuando no se lo tiene. Y quienes menos lo necesitan…
R. … son los que más han hecho por ellos. Cuando Howard vivía, la gente decía: “Sí, Sra. Joynt, por supuesto Sra. Joynt. Cancelaremos todos los demás turnos y lo haremos ahora mismo, Sra. Joynt”. Después de su fallecimiento, si llamaba, me contestaban: “Primero debe pagar la factura”. Eso era porque Howard podía lograr lo imposible.
P. ¿Qué encanto tenía Howard para poder estar un paso por delante de la ley?
R. Es la tradición popular, el romance. Había crecido en la comodidad, de modo que nadie esperaba que se dedicara a manejar un bar. Para muchos hombres, era el Lejano Oeste. Es divertido imponer sus propias reglas, llevar la contabilidad en el bolsillo trasero. Howard tenía una red de seguridad. Su padre estaba allí para cubrir el déficit. Nunca tuvo que enfrentar las consecuencias hasta que su padre murió. Me parte el alma pensar que cuando lo atraparon, no pudo hablarme del tema. Me dijo que había problemas, pero que no me preocupara. Si me lo hubiera dicho, no me hubiera convertido en la “cónyuge inocente”.
P. No querría volver a hacerse cargo de Nathans. ¿Querría volver a tener a Howard a su lado?
R. Querría tenerlo otra vez a mi lado. Me gustaría salir a cenar con él esta misma noche. Tengo muchísimas cosas para decirle. Creo que él encontraría en mí a una persona completamente diferente, en muchos aspectos. Le gustaría compartir conmigo la vida que he creado. No es la vida que teníamos. No es grandilocuente, pero es una vida consistente. No somos de clase alta. Nuestro domicilio podrá estar en Georgetown, pero es un Georgetown modesto. Ahora, nuestra vida está mucho más conectada con la realidad.
P. Usted describe su pareja como unida, cariñosa, para toda la vida, como una pareja de gansos. Sin embargo, a poco de casarse, hubo situaciones de abuso. ¿Puede uno verdaderamente olvidarse de un ojo morado?
R. Uno debe perdonar para poder avanzar. ¿Uno olvida? No. ¿Lo hace más inteligente a uno el hecho de avanzar? Sin lugar a dudas. Después de que sucediera, no era tanto una cuestión de que él fuera diferente, sino que yo lo era. Tenía dos opciones: cambiar o irme, y yo no quería irme. Si quería que me quedara, él tenía que hacer algo consigo mismo, ser el hombre del que me enamoré y no el imbécil poseído.
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