Hace algunos años, hubo una ola de discursos de parte de boomers, cuyo mensaje esencial era el siguiente: “Lo lamentamos. Lamentamos que vayamos a ser la primera generación que deje este mundo peor que como lo encontramos”. Y la segregación de los estadounidenses mayores es parte del problema. Cuando se envía a la gente a vivir en villas segregadas por edad para que vivan una segunda infancia, lo que se está haciendo es esencialmente malgastar lo que Erik Erikson llamó “generatividad”: el impulso natural que tiene la gente adulta mayor de retribuir a las siguientes generaciones. Cuando Erikson estaba próximo a morir, dijo que la gran tristeza que sentía obedecía al hecho de que habíamos perdido, como país, el interés por el futuro.
P. Quizá el problema sea que pensamos en el futuro estrictamente en términos de juventud. ¿Qué pueden aportar los adultos mayores que los jóvenes no puedan?
R. Las personas que están entrando en su “segunda juventud” tienen la experiencia que los veinteañeros no tienen. Pero también es cierto que tienen menos tiempo por delante, y esto tiene implicancias motivadoras. Uno hace preguntas diferentes cuando toma conciencia de que el tiempo por delante es finito; sus prioridades cambian. Y, ahora mucha gente tiene, además, suficiente tiempo y energía para hacer algo con esa particular perspectiva.
P. Mientras que antes podían no tenerlos.
R. Correcto. En el pasado era casi como si la sabiduría y la experiencia estuvieran desaprovechadas en los adultos mayores. Para cuando uno alcanzaba ese momento en el que había dilucidado las cosas y estaba motivado para concentrarse en las cuestiones más importantes de la vida, estaba demasiado cansado como para hacer algo al respecto. Tal vez podría donar un banco para el parque. Pero, ahora, la gente está en condiciones de vivir un legado.
P. Entonces, ¿se reduce a la experiencia y la perspectiva?
R. No, en realidad es más que eso. No es sólo “experiencia” y “sabiduría” lo que estamos perdiendo. También estamos perdiendo un vasto potencial de creatividad en la sociedad. Existe cada vez más evidencia, por ejemplo, de que los innovadores experimentales florecen más entrados en años, y, al marginar sistemáticamente a tanta gente, convencidos de que han ‘perdido el último tren’, podemos haber estado descartando a toda una franja de gente que está preparada para hacer su mejor trabajo.
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