Abrego-Araiza hoy trabaja como consejera en SCAN (Serving Children and Adolescents in Need, Inc.), una organización sin fines de lucro que ofrece servicios sociales a jóvenes en riesgo en la zona sudoeste de Texas. Aunque algunos de sus clientes han sido condenados por delitos violentos, afirma que jamás la atemorizan (si pierdes la calma con facilidad, agrega, “estás en el rubro equivocado”). Por el contrario, trata a los adolescentes con respeto y compasión: “Soy sensible a sus pensamientos, sentimientos, visiones y opiniones. Convalido lo que sienten o piensan”.
Por supuesto, desearía poder sanar a todos los que atraviesan las puertas de la organización; la realidad es que muchos adictos recaen después del tratamiento, y dada la abundancia de drogas en las áreas más pobres del Condado de Hidalgo, la tentación está en todas partes. “Ciertamente, es emotivo y desafiante”, comenta Abrego-Araiza. “Trabajé con algunos muchachos a quienes di de alta luego del programa y sé —porque ellos me lo dicen— que siguen consumiendo. Pero estoy tranquila porque sé que, en todos los casos, hice lo mejor que pude por ellos”.
De todos modos, después de décadas de pasar de un trabajo a otro sin saber lo que quería para sí, Abrego-Araiza ha encontrado una carrera que ha estado gestándose toda una vida.
Lo mismo ha sucedido con sus propios hijos. Sus dos hijos son hoy adultos y han hallado sus propios modos de retribuir: uno es un pastor dedicado a los jóvenes, en tanto que el otro enseña guitarra a alumnos de escuela secundaria. “Todos estamos ayudando a los jóvenes”, dice con orgullo, dándoles la oportunidad de destacarse y, a la vez, brindándoles a otras familias la oportunidad de restaurarse.
Lindsay Zoladz es escritora independiente en Washington, D.C.
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