La fe de nuestros padres (y madres)
Sea cual fuere su religión, los padres y abuelos, en su mayoría, dicen que es importante transmitir su fe a la siguiente generación. Lo hacen en una variedad de formas, desde orando antes de comer hasta llevando a sus hijos a misa o leyendo la Biblia con ellos.
Alrededor del 90 por ciento de los padres con niños en sus hogares y el 76 por ciento de los abuelos creen que han tenido, al menos, algo de éxito. Los que sienten que han fallado dicen que entre sus mayores desafíos están el tratar de no imponer la religión a sus hijos y el tener que competir con la cultura popular.
Mi prima Armida Álvarez recuerda el cuento de su padre —mi Tío Lito, de 104 años— acerca de cómo, siendo un joven lustrabotas en El Paso, Texas, encontró una estatua religiosa casi destrozada en la calle. "No sabía a quién representaba, pero, para él, era a Dios —dice—. La llevó a su casa e hizo un pequeño altar debajo de su cama. Cuando llegaba a su hogar, se deslizaba debajo de la cama y le rezaba a su imagen".
Él le transmitió su fe a ella, y ella hizo lo propio con sus hijos. Armida, que hoy tiene 58 años y es propietaria de una librería cristiana en El Paso, dice que, hasta séptimo grado, sus dos hijos asistieron a una escuela cristiana en la que "aprendieron la Biblia de atrás para adelante y de adelante para atrás".
Catolicismo: ¿Permanecer en él o abandonarlo?
Las razones para permanecer fiel al catolicismo o abandonarlo son muchas. Para los devotos, como Armida, la Iglesia provee fortaleza. "Al envejecer, en realidad no tenemos mucho a qué aferrarnos, excepto nuestra fe, que nos da esperanza", señala.
Más del 97 por ciento de los devotos católicos valoran ir a misa y ser parte de la tradición católica de su familia. Más de nueve de cada 10 de los fieles valoran rezarle a la Virgen María, rezar el rosario y tomar la Santa Comunión todas las semanas.
Aquellos que lo han abandonado tienen, también, una lista de motivos. Desacuerdos con las actividades políticas de la Iglesia; con temas como el divorcio, el matrimonio y el control de la natalidad; y la falta de un sentido comunitario fueron citados con frecuencia. Pero eso no significa que los desertores no vuelvan.
Cerca de cuatro de cada 10 que no se unieron a otra religión han considerado el retorno. Algunos sí vuelven.
Mi prima Christine Hodgdon, de 57 años, dejó la Iglesia encolerizada, después de un penoso divorcio. "Fui hasta el altar y dije a Dios, directo a la cara, 'Nunca volveré", recuerda. Durante los siguientes 14 años, se casó, descubrió al Espíritu Santo en una parroquia episcopal, aprendió sobre la Biblia en una metodista y, al final de lo que llama un "hermoso viaje", obtuvo la anulación de su primer matrimonio y se volvió a casar por la Iglesia Católica. "Nunca volvería a dejar la Iglesia Católica", dice.









