“Refleja nuestro entorno multicultural —sostiene Alan F. Segal, profesor de Religión en Barnard College y autor de Life After Death: A History of the Afterlife in Western Religion (Doubleday, 2004)—. La mayoría de los estadounidenses creen que se salvarán, no importa lo que hayan hecho. En los años 60 y 70, se creía que los boomers —los nacidos durante la explosión de nacimientos, entre 1946 y 1964— no eran muy religiosos; estaban muy ocupados buscando empleo y formando un hogar. Sin embargo, a medida que fueron ingresando en su cuarta década de vida, volvieron. No estoy seguro de que haya sido un renacimiento religioso; pudo haberse tratado sólo de un retorno”.
Huston Smith, profesor emérito de Religión en la Syracuse University y autor del exitoso libro The World’s Religions: Our Great Wisdom Traditions (HarperSanFrancisco, 1991), que vendió 2,5 millones de copias, añade que esto también podría estar reflejando un repudio a la noción, sostenida por mucho tiempo, de que la ciencia es la fuente de todas las respuestas de la vida.
“La creencia de que hay vida después de la muerte ha aumentado en los últimos 50 años —afirma—. Algunos pensadores serios están comenzando a entrever el error que cometió la modernidad al pensar que la ciencia es el oráculo de la verdad”.
Los creyentes también muestran un acuerdo general en lo se que refiere a los destinos alternativos en el más allá: el 86% dice que el cielo existe, mientras que algunos menos (el 70%) cree en el infierno.
Luego, los grupos se fragmentan en subgrupos. Si bien la mayoría de las personas de más de 50 años cree que existe la vida más allá de la tumba, hay un espectro de visiones sobre lo que hay por delante.
Un lugar, un lugar, un lugar
Un revisor de textos que conocí hace un tiempo insistía en que la palabra cielo debía escribirse siempre con mayúscula. “El Cielo —explicaba— es un lugar. Como Poughkeepsie”.
Él entraría en el grupo minoritario de los mayores de 50 años que creen en el cielo. Sólo el 40% cree que el cielo es “un lugar”, en tanto el 47% sostiene que es “un estado de ser”. En lo que respecta al destino alternativo, entre los que piensan que el infierno existe, el 43% afirma que es un “estado de ser”, y el 42%, que es “un lugar” (aunque, presumiblemente, no se parezca a Poughkeepsie).
“El cielo es un lugar, está bien” —dice Ed Parlin, de 56 años, oriundo de Salem, Nuevo Hampshire. Y tiene algunas ideas de qué esperar: “Es un lugar mejor que éste, eso es seguro —continúa—. Y supongo que todos se llevan bien. Los días son siempre bellísimos, despejados y soleados, con hermosos paisajes”.
“Los estadounidenses ven la vida después de la muerte como algo muy dinámico —afirma Segal—. En realidad, no escuchas hablar acerca de alas y ángeles sentados en las nubes ejecutando melodías. Muchos creen que habrá sexo en el más allá, que será más placentero, menos peligroso y que no será físico, sino espiritual. También se habla del humor en esa vida, de la continuación de la educación, de la unión de las familias, como si se tratara de la jubilación, pero sin necesidades financieras”.
Hay un versículo en el Evangelio de San Mateo que dice: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un hombre rico entre en el reino de Dios”.
- « Anterior
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
- Siguiente »









