Ella no tenía la misma personalidad que tengo yo. Ella era una de esas personas que hablan poco y hacen mucho. Era un líder en la comunidad, una de las fundadoras de la primera cámara de comercio latina, era una persona emprendedora. A causa de su forma de pensar-un tanto a la antigua-, cuando éramos muy pequeños siempre nos decía: "Cuando vean que alguien necesita algo, no esperen a que se los pida. Si ven a alguien que necesita algo, háganlo". En segundo lugar: "No hablen de lo que han hecho. Si hablan de ello, esa acción perderá valor ante los ojos de Dios. Y nunca acepten dinero a cambio de nada. Cuando hagan algo por alguien, nunca acepten dinero, porque también eso hará que pierda valor ante Dios." Y de ese modo es maravilloso, porque creo que realmente te protege contra la corrupción.
P: ¿Quién la conoce mejor, aparte de usted misma?
R: Probablemente, mis hijos, porque han estado conmigo y creo que yo me comunico mucho con ellos. No mantenemos una relación latina tradicional en la que se supone que uno debería ser sumamente respetuoso. Nos involucramos, discutimos, peleamos.
P: Usted tiene 11 hijos. Ha dicho que no nació para ser ama de casa, nació para ser activista. ¿Qué influencia ha tenido la experiencia de ser madre sobre sus ideas?
R: Y de ser abuela y bisabuela. Es un dilema en muchos aspectos porque, aunque me encantan los niños, elegí el camino de activista y nunca pude pasar todo el tiempo que hubiera querido con mis hijos. Y mis dotes no son para lo doméstico, lamentablemente. Es un problema, pero creo que mis hijos salieron bastante bien. Lo que yo quisiera comunicarle a la gente es que lo que tenemos que darles a nuestros hijos son valores, no tanto cosas materiales, [sino] una conciencia social. Tienes que hacer que participen desde una edad muy temprana, para que crezcan con la plena conciencia de que es algo que son capaces de hacer: ayudar a los demás. Y creo que es la cosa más importante que he podido dar a mis hijos. Ellos pasaron muchas privaciones-éramos muy pobres y nunca teníamos dinero-. Como trabajadores del sindicato, lo único que teníamos era lo justo para subsistir, para pagar el alquiler y la comida. Nunca tuvieron buena ropa ni buenos juguetes. Lamento no haber podido pagarles clases de música. Mi hijo Ricky tiene mucho talento, pero nunca estuvo a mi alcance pagarle clases de música. Yo sí recibí clases de violín y de baile cuando era niña. Eso me da pena, pero al mismo tiempo me hace pensar que es muy importante que como mujeres luchemos para establecer sistemas de apoyo. Necesitamos ser activistas; las mujeres debemos ocupar roles en los niveles de toma de decisiones. Lograrlo requiere recorrer un arduo camino; pero no por ello debemos desatender a nuestros hijos. De manera que tenemos que presionar más para conseguir servicios de guardería-y cuando digo guardería, no sólo me refiero al cuidado de niños, sino a educar a nuestros niños desde una edad más temprana, además de sistemas de apoyo para las mujeres-. Tenemos la capacidad para hacer el trabajo que necesitamos hacer. Nuestros hijos tienen que estar seguros, y no solamente eso, sino que también tienen que recibir una educación.
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