Ciertas cosas inhiben la intuición. La primera es la desconfianza. Anulamos nuestra perspicacia pensando demasiado. La ignorancia también puede bloquear la intuición, pues no siempre reconocemos las señales cuando nos llegan. La drogadicción, el alcohol y las influencias alucinantes nos dejan confundidos y desorientados.
El exceso de medicamentos también distorsiona la alquimia pura de la mente. Por último, el estrés, la ansiedad y el miedo pueden nublar nuestra sabiduría interior.
¿Qué fomenta la intuición? Yo creo que es simplemente la quietud. Lo más importante es la habilidad de sentirse cómodo con uno mismo y de escuchar, realmente escuchar, lo que dice el corazón, cuya sagacidad es parte esencial de nuestra naturaleza. Creo que todos somos expresiones de lo Divino. Las mismísimas células del cuerpo humano están compuestas de polvo de estrellas. Somos seres espirituales encerrados dentro de la piel, pero la mente puede deambular por los confines de la tierra, sin restricciones de espacio o tiempo. Con los años, aprendemos a desistir de la necesidad de controlar. Escuchamos con más tranquilidad. Confiamos en el silencio. Aprendemos a dejarnos guiar por la intuición, nuestra sabiduría interior, porque son indicios de nuestra propia divinidad.
Sophy Burnham vive en Washington, DC.
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