Pasión y cultura:
La Villa Bonita en Tepoztlán, Morelos
A casi una hora al sur de la ciudad de México, usted se encontrará con Tepoztlán, un pueblo colonial, hogar de La Villa Bonita Culinary Vacation, un programa de cocina y viaje situado en una finca privada. El equipo conformado por el matrimonio de Ana García y Robb Anderson fundó La Villa Bonita en 2000, cuando decidieron trasladar la pasión de García por la cocina y la transmisión generacional de destrezas a una empresa que combina la inmersión cultural con cursos intensivos de cocina mexicana.
Un día típico en el programa de cocina incluye la elaboración de comidas, por parte de los huéspedes, para las que utilizan flores de calabaza, mamey —una fruta tropical (magnolia de Guatemala)— y epazote, una especia aromática. Toda clase de personas se inscriben en estos cursos, desde oficiales del ejército y personajes de Wall Street, hasta bellezas sureñas, señala García, una ejecutiva de relaciones públicas convertida en chef.
Para Mary Carlon, quien se hospedara junto con su esposo en La Villa Bonita, el haber concurrido con García al mercado al aire libre de Tepoztlán el pasado agosto para elegir vegetales, frutas, especias y carnes fue un hito. “Ana ofrece esos detalles maravillosos acerca de todos los alimentos disponibles”, cuenta esta maestra retirada de 55 años, que vive en Scottsdale, Arizona. Otra emoción fue, siendo mexicana estadounidense, descubrir más sobre sus raíces culinarias. “Sólo había estado en Tijuana antes de este viaje”, declaró, refiriéndose al pueblo mexicano en la frontera con Estados Unidos.
De vuelta en la cocina de La Villa, los estudiantes se mantienen ocupados practicando las técnicas para hacer tortillas, chiles ahumados, y utilizando un molcajete hecho, en forma artesanal, de roca volcánica. “¡Trabajamos duro!”, exclama Carlon. Es decir, aclara, hasta después de las grandes comidas, momento en que ella y los otros del grupo sucumbían a la fatiga post-almuerzo y dormían una siesta. “Era la combinación justa entre actividad y relajación”, recuerda.
Más que una catedral
Cuando García y Anderson crearon su paquete de vacaciones culinarias, fue considerado una novedad. “Ahora, se ha convertido en una tendencia”, señala Anderson. Más de la mitad de sus huéspedes tienen entre 45 y 65 años, añade, y alrededor de un cuarto de ellos son hispanos que viven en Estados Unidos.
Maryles Casto, CEO de Casto Travel, con sede en San José, California, explica que los programas de cocina, similares a estos tres, están aprovechando el deseo de los viajeros de hacer “algo más que tan sólo visitar una catedral”.
Elija y planifique
Cuando esté planeando unas vacaciones culinarias, Casto aconseja que:
- Elija una región del mundo que resulte atractivo para sus gustos culinarios y culturales. Pregúntese: “¿Qué más obtendré, aparte de cocinar? Si no fuera por la comida, ¿por qué otro motivo iría a ese lugar?”
- Averigüe si sus anfitriones potenciales han escrito algún libro. ¿Le agrada su cocina? ¿Sus conceptos?
- Estudie el itinerario propuesto. ¿Hay lugares que despierten su interés?
- Determine cuánta atención desea. “En muchos casos, su anfitrión lo guiará desde que llegue hasta que se vaya”, dice Casto.
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