Si desea una experiencia más íntima con las papas, aventúrese más allá del parque y visite el mercado central de cualquier ciudad peruana. En Arequipa, la ciudad sureña que abastece el país, el área cubierta reservada para las compras, hace gala de su abrumadora gama de papas peruanas, con docenas de especies almacenadas en barriles, jarras y otros recipientes.
Más tarde, deguste los gloriosos platos a base de papas que encontrará en casi todos los restaurantes peruanos. Una sugerencia: papas con salsa huancaína — papas blancas hervidas, cubiertas con una salsa picante de cebolla, pimienta, queso y leche —. En muchos restaurantes de Lima, la ciudad capital, encontrará opciones únicas. El Señorío de Sulco ofrece platos deliciosos, entre los que no puede faltar causa, la receta tradicional hecha con puré de papas y papas amarillas nativas, espinaca, hierbas y trucha.
Si usted desea permanecer en el Parque de la Papa, almuerce o cene en Papamanka, un restaurante nuevo que se especializa —por supuesto— en platos a base de papas. Un menú a modo de ejemplo: sopa de maíz y papa blanca, gallina de Guinea servida con papas amarillas hervidas, una bebida hecha a base de papas blancas y jugo de frutas, y un postre compuesto por papas púrpuras y frutas frescas.
Para combatir el torrente de carbohidratos, camine por los dos senderos que atraviesan el parque y recorra los campos sembrados de papas. Así observará los procesos de siembra, cultivo y cosecha.
Hacia el fin del día, el visitante se sentirá más cerca de la tierra, de los campesinos y de las papas. “Somos parte de un todo —expresa Paco, el cosechador de papas—. Medimos nuestras vidas a partir de la cosecha de la papa. Cuando ésta falla, nosotros también fallamos. Cuando las cosechas son ricas, nosotros también lo somos”.
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