In English | Victoria Beckner, de 58 años, de Fort Myers, Florida, estaba encantada de haber encontrado un puesto como gerente de operaciones de una de las empresas en la lista Fortune 500, después de que su propio negocio, una boutique de ropa, había quebrado en el año 2007; y no se detuvo a pensar en que su supervisor inmediato era 13 años más joven que ella. Pero pronto la diferencia de edad creó tensión en la oficina.
“Me dijo que tenía ideas antiquadas de cómo llevar un negocio”, recuerda Victoria. Comenta que el supervisor tildó públicamente de anticuado su estilo gerencial, y la avergonzó delante de colegas más jóvenes. Aguantó la situación por varios meses antes de irse.
Trabajar para un jefe considerablemente más joven que uno, puede hacer surgir una complicada mezcla de emociones y situaciones, dice Diane L. Katz, consultora laboral y autora de Win at Work! The Everybody Wins Approach to Conflict Resolution. La gente se siente fácilmente ofendida, se vuelve competitiva, y existen diferentes estilos de comunicación, enfoque gerencial y otros factores que pueden hacer fracasar la relación laboral. Por suerte, existen formas de salvar la situación cuando se trabaja para alguien mucho menor que uno.
Definir las expectativas. Diane L. Katz dice que uno debe preguntar directamente sobre las responsabilidades laborales, el desempeño de la persona que ocupó anteriormente el puesto y la forma en que el gerente se comunica con sus empleados. Ello le permitirá tener una idea más clara de si sus hábitos de trabajo y forma de hacer las cosas coinciden con los del jefe de menor edad. Por ejemplo, si su jefe se comunica por mensajes instantáneos y de texto, mientras que usted prefiere el teléfono y el trato personal, probablemente tendrá que cambiar su estilo de comunicación para que la relación funcione.
Comunicarse abiertamente. Mary Blue Magruder, de 62 años, de Cambridge, Massachusetts, cedió su puesto para que un gerente más joven se hiciera cargo de su departamento y ella pudiera pasar más tiempo en casa. Los dos se reunieron y hablaron francamente sobre las posibles dificultades, incluida la diferencia de edad. Ella quería asegurarse de que el joven gerente no iba a sentirse intimidado por su experiencia. Este diálogo honesto inmediatamente tranquilizó a ambos. Katz afirma que establecer una sinceridad como esta, desde un comienzo, es clave para evitar malentendidos y hostilidad.
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